La Provincia
Domingo 30 de Agosto de 2015

Preocupa que de modo voluntario más chicos se ausenten del hogar

Ante casos con desenlaces trágicos, crece la angustia de los padres cuando sus hijos no vuelven a dormir y no avisan. La alarma se enciende en las redes. Cómo revertir un fenómeno que encierra otras problemáticas sociales de fondo

Vanesa Erbes / De la Redacción de UNO
verbes@uno.com.ar


La situación es desesperante. Advertir que un hijo no volvió a su casa a la hora pautada, no avisó que se demoraba ni atiende el teléfono al intentar establecer un contacto suele provocar un estado de gran angustia en su familia. 

Habitualmente, los casos más dramáticos aparecen en la memoria colectiva y aunque no se quiera, algún pensamiento desgraciado se cuela y se desata una alerta inmediata.

Parientes, amigos, allegados, y a partir de la irrupción de las redes sociales también personas desconocidas, se hacen eco de la búsqueda, compartiendo la foto de quien falta del hogar desde hace varias horas, o incluso días; y algún número de teléfono para aportar datos.

Durante las últimas tres semanas hubo al menos cuatro hechos públicos de adolescentes que por algunas horas mantuvieron en vilo a los paranaenses, al menos a los que son usuarios de Facebook. Las imágenes con los rostros de Bryan, Facundo, Sofía y Tamara fueron compartidas cientos de veces por personas solidarias y preocupadas, que decidieron ayudar de este modo para que se diera con el paradero de los jóvenes. Afortunadamente, en medio de un clima social muy sensibilizado por los trágicos desenlaces de otros casos muy recientes, cada uno fue hallado sano y salvo y regresó a su entorno.

Sin embargo, la cuestión encierra otras problemáticas, que reabren el debate sobre el rol de quienes están a cargo de la educación de quienes transitan la etapa previa a la adultez; una instancia que significa un desafío mayor en los tiempos que corren.

El licenciado en Psicología Sebastián Sigal señaló a UNO que muchas de estas cuestiones se generan porque los padres no le ponen límites a sus hijos. “Frente a esta falta de límites los chicos tienen la percepción de que pueden hacer cualquier cosa, total no pasa nada, y que los padres solamente por su condición están obligados a aguantar todo tipo de comportamientos, como estos que generan angustia y son difíciles de sobrellevar”, dijo, y agregó: “Los adolescentes tienen poco registro de la desesperación que pueden provocar si no van a dormir, si desaparecen o no avisan dónde están, porque para ellos no es importante, y además después por lo general no pasa nada: si hay un reto o una penitencia, son livianos, y no hay mayores consecuencias”.

El profesional aclaró que hay etapas para poner límites: “No es lo mismo alguien de 13 años que uno de 23. En el primer caso si no avisa o no regresa a cierto horario, se puede establecer que no salga más hasta que cambie su actitud, por ejemplo. Pero en el caso de un joven más grande, si no internalizó un límite cuando era más chico, no se puede hacer demasiado: si no pudo internalizarlo antes, a los 23 no va a registrar que una persona en su casa está preocupada porque no volvió a dormir”. En referencia a esto, Sigal opinó que “la adolescencia está muy corrida: hay gente que tiene 30 o 40 años y tiene comportamientos inmaduros”. También sostuvo que “las prioridades de los chicos están puestas en sus amigos, en ir a bailar y otros temas. No les interesa qué les pasa a los padres, que se transforman en una especie de cajeros automáticos o en alguien que los lleva en auto a donde van”. 

Sobre cómo revertir este tipo de eventualidades, aclaró: “Es bueno que los padres charlen con los hijos, pero para eso hay que tener un vínculo sano. Solo si hay buena relación se puede hablar y acordar algo. En la actualidad es frecuente que no haya buen vínculo y muchas veces los padres no se dan cuentan; son los chicos los que sienten que no les prestan atención, que el padre les grita. Una buena pregunta que pueden hacerse los padres es qué están haciendo mal y no echar toda la culpa a los hijos”. 

Por último, reflexionó: “Las personas suelen ser muy buenas para darse cuenta de todo lo malo que hacen los otros, pero muy malas para ver lo que hace cada cual. Si uno no se hace cargo de sus errores, es muy difícil construir algo”.

Comenzar la búsqueda

Desde la asociación civil sin fines de lucro Missing Children Chicos Perdidos de Argentina se indica que apenas se sospecha que un hijo está perdido, se comience a llamar a los amigos y compañeros de colegio para averiguar cuándo lo vieron por última vez y qué información les pueden brindar. 

Asimismo, se aconseja llamar a todos los familiares contándoles la situación y viendo si ellos tienen alguna información; y averiguar si se llevó teléfono celular, alguna tarjeta de colectivo o ropa. Hay que hacer la denuncia en la comisaría más cercana e incluir una autorización a Missing Children Chicos Perdidos de Argentina para difundir la imagen. Luego llamar al organismo al 0800 333 5500.

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Los padres deben comprometerse: La dinámica social  actual obstaculiza el diálogo. Recuperar el vínculo con los hijos es algo primordial 

En la Argentina, según datos del Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas, en 2014 se registraron 6.047 casos. La cifra creció un 8,13% en relación a 2013, donde se reportaron 5.538 hechos de este tipo. Desde el organismo indican que “el 84,6% de los chicos de entre 12 y 17 años se fue por voluntad propia. Las razones tienen que ver con maltratos y conflictos familiares”. 

La licenciada en Psicología Valeria Fleischman afirmó que se trata de un tema delicado: “Hay chicos y chicas que se van y vuelven, y hay otras que aparecen asesinadas. Socialmente estamos muy movilizados y no es para menos que la comunidad se desespere y se conmueva, y que aparezca un gran temor en los padres”.

En casos en que los jóvenes se van por propia voluntad de su casa interviene la División Minoridad de la Policía de Entre Ríos, y otros en donde además actúa el Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (Copnaf), donde el organismo en ocasiones está siguiendo el caso y trabajando con el grupo familiar por problemáticas previas de violencia o maltrato; o actúa a posteriori si advierte que el motivo del alejamiento responde a un hecho grave. “Siempre es un signo de alerta que un adolescente se aleje de su hogar. Puede tratarse de un tema grave o de una problemática propia de la adolescencia, pero debe ser observada con atención de parte de los organismos del Estado”, sostuvo Daniel Cottonaro, director del Instituto de Derecho de la Niñez y Adolescencia del Colegio de Abogados de Entre Ríos. 

Si bien hay casos menos drásticos, que solo responden a un descuido de los adolescentes que no avisan dónde están, hace falta revisar otras cuestiones. Fleischman señaló que “son indicadores de algo que está sucediendo en la familia, en el lugar que ocupan los adolescentes, en cómo son nombrados. Muchas veces los adultos depositan muchos de sus problemas y su frustración en sus hijos”.

En este sentido, reflexionó: “Es muy importante lo que decimos frente a los jóvenes, porque se piensa que están muy “en la suya”, introvertidos. Pero es el momento de metamorfosis, donde contrariamente a la que se vea en la superficie, ellos escuchan, ven cómo actúan sus padres y sacan sus conclusiones. Se advierten contradicciones entre lo que los padres dicen y lo que hacen en relación a sus hijos. Hay quienes no asumen la importancia que tiene para un chico que él sepa que se lo espera cuando sale a bailar o vuelve de la escuela. Están muy ocupados por el trabajo, por el dinero, y los chicos lo sienten. Creo que los adultos no nos escuchamos y que tampoco hablamos con los jóvenes de nuestra vida, nuestros proyectos. Y luego se pretende que el joven tenga fluidez en su comunicación”, indicó la especialista.

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La escuela también puede acompañar

También la escuela forma parte del entramado social en el que un niño o un adolescente pasa gran parte de su tiempo. Miguel Villagra trabaja en una institución educativa donde se registró un hecho de una joven que se ausentó de su casa y fue encontrada en el domicilio de un familiar. Sin puntualizar en este caso particular, analizó que se trata de una realidad compleja, en la que no se puede generalizar, ya que se agudiza según el contexto social en el que está inmersa cada institución. Sin embargo, sostuvo: “Se debe avanzar sobre esto. Si el chico no está en la escuela, no se lo puede educar; y si eso está ocurriendo, hay que saber porqué. En ocasiones hay que articular las acciones con el Copnaf y la Policía, pero también hay que unificar el discurso de los docentes. Los adolescentes y sus familias tienen sus códigos, y si no se abren, desde la escuela no se puede invadir. Solo si está en la escuela tenemos posibilidades de saber qué está pasando y tratar el problema”.

A su vez, indicó que para poder intervenir hay que prepararse. “En un profesorado te enseñan otras cosas, y cuando sos docente te encontrás con estas particularidades. Hay escuelas en las que los padres acompañan y en otras las problemáticas se generan porque a los chicos los depositan en la institución. Si existe algún inconveniente, a veces ni siquiera podemos ubicar a los padres para avisarles. La primera formadora tendría que ser el hogar y a veces termina siendo la escuela”, manifestó.

“Algunos casos de chicos que se van de sus casas han sido públicos, pero hay otros que no se difunden. Es un tema complejo, pero no por eso hay que dejar de abordarlo”, dijo, y aseveró: “Es sobre todo en las escuelas periféricas donde los docentes muchas veces se dedican a atender este tipo de problemáticas, y se genera un conflicto que se resuelve por la vocación, porque el tema central es que siempre tenemos que dar un poquito más, sin un reconocimiento. Las contraprestaciones se ven a lo largo de la vida cuando un chico te agradece esa dedicación, pero no todos lo van a entender así”, concluyó.

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Los casos son más visibles con la posibilidad de  usar Internet

Daniel Cottonaro, director del Instituto de Derecho de la Niñez y Adolescencia del Colegio de Abogados de Entre Ríos, sostuvo que en la actualidad se advierte que las redes sociales son un fenómeno importante que está interrelacionado con este tema. “Se visibilizan situaciones que quizás antes también existían, pero quedaban más en la cuestión familiar”. En este marco, analizó: “Hoy suele ocurrir que cuando un adolescente se va del domicilio, el padre más allá de denunciar el hecho luego de un tiempo prudencial, lo visibiliza y lo replica en las redes sociales o en WhatsApp y esto implica que la información llegue a conocimiento de una mayor parte de la población, algo que por ahí antes solo se mostraba cuando había pasado cierto tiempo o cuando llegaba a una consecuencia gravosa”. 

“Siempre es un signo de alerta que un adolescente se aleje de su hogar. Por eso sin dudas hay que apelar al diálogo como una cuestión fundamental”, opinó. 

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