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Viernes 01 de Abril de 2016

Preocupa la contaminación del Lago Nahuel Huapi con materia fecal

Más de 6.000 vecinos de Bariloche presentaron un amparo colectivo para que de modo urgente se intervenga y se trate de resolver la situación con la llegada de materiales sin tratamiento de las plantas de efluentes cloacales

Más de 6.000 vecinos de Bariloche se sumaron a un inédito recurso de amparo colectivo presentado contra el gobierno de Río Negro por la contaminación del Lago Nahuel Huapi. 

El problema tiene dos vetas. La más fuerte y renombrada es el colapso de la planta de tratamiento de efluentes cloacales de Bariloche, que se traduce en constantes vertidos de materia fecal cruda al espejo de agua. Pero también hay análisis que detectaron la presencia de metales pesados, cuyo origen todavía no está claro.

El 23 de diciembre de 2015 la senadora Magdalena Odarda y la vecina Ana Wieman, de la ONG Árbol de Pie, presentaron un recurso de amparo al que hasta la semana pasada se sumaron más de 6.000 vecinos. “Queríamos conseguir unas 100 adhesiones, pero el impacto fue brutal, porque no es una campaña digital en la que la gente pone un mail y su nombre, sino que fueron uno por uno a firmar y dejar una copia de su DNI en el Juzgado”, explicó Wieman a Infobae. 

La gota que rebalsó el vaso fue el derrame de alrededor de 1 millón de litros de efluentes cloacales sin tratar al Nahuel Huapi en diciembre de 2015, aunque el problema viene de larga data. ¿Los demandados? El Poder Ejecutivo de Río Negro, el Departamento Provincial de Aguas (DPA) y la Secretaría de Ambiente, además de la concesionaria de la planta de tratamiento de líquidos cloacales. “En forma rutinaria, y con mucha frecuencia, se realizan vuelcos de crudo cuando colapsa la planta. Ello se debe a la capacidad insuficiente de la planta para tratar las aguas residuales de un gran número de habitantes. Esta metodología de emergencia se lleva a cabo desde hace muchos años, con consecuencias negativas que se acumulan en el tiempo”, resumieron las amparistas en su escrito.

Odarda y Wieman hicieron dos propuestas. La primera: hacer una serie de obras con las que “se lograría duplicar los usuarios del actual sistema”, mientras se busca una solución definitiva. Segunda: que los organismos del Estado, como el Centro Atómico Bariloche o el Invap, con sedes en la zona, “construyan sus propias plantas de tratamiento terciario, con eliminación de metales pesados”.

Derrames al por mayor

La planta de líquidos cloacales de Bariloche comenzó a operar en 1996. Hasta ese momento todo se vertía directamente al lago sin tratar. La concesión la había ganado dos años antes la Cooperativa de Electricidad de Bariloche (CEB). Las amparistas subrayaron que “debido al Protocolo diseñado por la CEB con la Municipalidad, los vuelcos no son informados a la población y raramente trascienden a la prensa”.

Sin embargo, si hay algo que llama la atención al leer el amparo es la enorme cantidad de vertidos de materia fecal sin tratar de los que se tiene registro en los diarios locales. Un buen ejemplo es el primer semestre de 2009. El 28 de enero se denunció un gran vuelco que produjo una mancha de más de dos kilómetros de largo por 300 de ancho, y por la cual la CEB culpó a un obrero. El 24 de febrero otra vez la misma historia. Unos días después, el 3 de marzo, el delegado local de la Dirección Provincial de Agua (DPA) reconoció que la planta no funcionaba de acuerdo a lo exigido por el contrato de concesión.

Metales pesados

Nota aparte merece la situación del Centro Atómico Bariloche (CAB) y del Instituto Balseiro, para los cuales los vecinos reclaman una planta de tratamiento propia, sobre todo ahora que está en pleno desarrollo una ampliación de sus instalaciones que incluye 28 edificios nuevos. En una situación similar está el Invap. 

Un estudio realizado en 2009 por la Universidad del Comahue detectó la presencia de cromo, mercurio, plomo y contaminación bacteriológica en las inmediaciones de la vieja planta cloacal del CAB.

Los pobladores organizados en la Asociación Civil Árbol de Pie y Vecinos en Defensa de Bahía Serena y las Costas Libres hicieron un reclamo a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), porque el centro solo tenía un tanque Imhoff, que retenía en una reja los sólidos (que eran retirados por un camión atmosférico) y vertía el líquido restante al lago sin ningún tipo de tratamiento. Esa planta era compartida con la vecina Escuela Militar de Montaña. 

Lo cierto es que 50 años después de su instalación y de usar el lago como inodoro, el CAB y la escuela se conectaron a un caño de la planta de la ciudad, el llamado “colector oeste”. Pero los vecinos se manifestaron insatisfechos porque por ese entonces estaba avanzado un proyecto para hacer una planta propia para el centro atómico y se optó por una solución parcial que no resuelve el problema de fondo.

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