La Provincia
Lunes 16 de Mayo de 2016

Por aula, hay tres o cuatro chicos que sufren bullying

Ausencia de estrategias de prevención. En Paraná hay un 12% de chicos victimizados. La aparición del ciberbullying, ejercida por un adolescente “más astuto y agradable” en las redes sociales. La necesidad del compromiso del grupo y de la comunidad educativa

Daniel Caraffini / De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar 


El bullying o acoso escolar es un problema latente, presente en las aulas, en parte ignorado o poco trabajado para su prevención o superación. Cuando acciones o reacciones vinculadas a esas conductas adquieren ribetes conflictivos o hasta trágicos, la sociedad parece  recién allí advertir su existencia, y se sorprende al no comprender causas ni consecuencias.

Así como no hay estadísticas ni estudios exhaustivos sobre el tema, tampoco programas o planes de trabajo concretos para intervenir y actuar desde las instituciones, desde los organismos educativos, y no se proveen herramientas de acción a directivos, ni a docentes ni padres. 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), un alumno es objeto del bullying o acoso “cuando está expuesto continuamente a conductas agresivas que buscan infligirle lesiones o molestias mediante el contacto físico, los insultos, la agresión o la manipulación psicológica”, y acota que “el acoso entraña un desequilibrio de poder y puede comprender las bromas, los insultos, el uso de apodos ofensivos, la violencia física o la marginación social. El acoso puede ser directo, como en el caso en que un niño le exige a otro dinero o pertenencias, o indirecto, como sucede cuando un grupo de estudiantes difunde rumores sobre otro”. Y en los últimos años ha aparecido el acoso cibernético, que es el que se realiza mediante el uso del correo electrónico, el teléfono móvil, los mensajes de texto y los sitios web. 

Según ese mismo organismo, Argentina es uno de los países que presenta más altos niveles de bullying en Latinoamérica. 

Frente a esa escasez de estudios empíricos, toma relevancia la investigación y proceso de trabajo desarrollado por el doctor Santiago Resett, paranaense especialista en la materia, como parte de las temáticas abordadas desde el Centro de Investigación Interdisciplinar en Valores, Integración y Desarrollo Social de la Facultad Teresa de Ávila de la Universidad Católica Argentina (UCA).

De acuerdo con un estudio que abarcó unos 3.000 alumnos fundamentalmente de Paraná –y también incluyó de otras regiones de la provincia–, hay alrededor de un 12% de alumnos “victimizados”, es decir, poco más de uno de cada 10. Si se mira un aula tradicional, equivale a afirmar que tres o cuatro alumnos sufren bullying o acoso escolar. 

Resett, doctor en Psicología, licenciado y profesor en Ciencias de la Educación y licenciado en Psicología, en diálogo con UNO, marcó la necesidad de aclarar que “bullying, es un agresión intencionada, que el sujeto la sufre repetidas veces, dos o tres veces al mes al menos, y el sujeto que es víctima no puede defenderse o tiene menos poder físico o mental. No cualquier chico es agredido, sino quien tiene algún tipo de debilidad, que puede ser física o mental, por ser más inhibido, o porque tiene menos amigos”. Y aclara: “Hay distintas formas de hacer bullying: verbal, que es la más común, la exclusión de actividades grupales; la agresión física y desde hace un tiempo, de lo que se está hablando mucho y estamos estudiando ahora, del ciberbullying a través de las redes sociales”.

Respecto a ello, el ciberbullying, consideró que es una agresión con las mismas características, pero llevada a cabo con las nuevas tecnologías de la información y comunicación, aunque aclaró, “hay toda una discusión de si es un fenómeno nuevo o es un subtipo del bullying, ya que el ciberbullying puede involucrar anonimato, masividad, viralización y no es necesario que el alumno esté en la escuela para ser agredido”.

En cuanto a los perfiles, sostuvo que agrede tradicionalmente es un adolescente muy agresivo, impulsivo y con bajas competencia sociales, en cambio, el ciberagresor “es como un adolescente más astuto, agradable, social –como el no involucrado– pero que se escuda en las libertades de las TIC para agredir. Es en ese sentido, muy diferente del agresor tradicional”.

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Adaptación de herramientas


Resett inició sus investigaciones en la temática en 2009, cuando el tema comenzó a aparecer. Para poder abordar y analizar ese fenómeno tradujo instrumentos y programas de intervención, como el cuestionario de Olweus –su creador, Dan Olweus, fue uno de los pioneros en estudiar la temática en la década de 1970, en instituciones escolares nórdicas–.

“Es todo un proceso adaptar estas herramientas a los adolescentes, para que entiendan de qué estamos hablando cuando decimos acoso escolar. El estudio empírico permite también comparar los niveles de acoso que hay en el país con otras regiones del mundo”, planteó.

El relevamiento local y regional no constituye un muestreo universal, representativo –no tiene tratamiento metodológico para generalizar–, aunque los porcentuales han sido coincidentes en la docena de distintas escuelas intervenidas y actualmente evaluadas: hay un 12% de alumnos victimizados, y hay una minoría del 8%, aproximadamente, que es la agresora.

“Alrededor del 75% de los chicos no tiene problemas, pero hay inacción. Lo fundamental es que es la misma inacción del grupo lo que genera el bullying; por eso es el mismo grupo el que debe actuar”, aportó el profesional. 

Sin embargo, remarcó que resulta interesante y fundamental saber si los chicos y adolescentes entienden o identifican el bullying. Para los adolescentes bullying es agarrarse a las trompadas, entonces vos le preguntás y no saben si lo sufren. El excluir o ignorar no lo ven como bullying. Por eso primero tenemos que concientizar y ponernos de acuerdo en qué es el acoso escolar y establecer una serie de reglas, qué hacer, trabajar en la prevención. Porque las víctimas ya son inhibidas antes de sufrir bullying y entonces tiene perfiles de riesgo. Es una cuestión que el mismo grupo y el docente deben trabajar en la integración”, apuntó.

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Impacto


“Para considerar que hay bullying, una persona debe informar que sufrió este hecho al menos dos o tres veces por mes. Si encontramos que a vos te digan sobrenombres con esa periodicidad, o te agreden físicamente, eso ya empieza a generar consecuencias negativas en tu vida, en tu salud mental”.

“Así empiezan a aparecer síntomas como una mayor dificultad en las relaciones personales, merma en el rendimiento académico, ausentismo, escasa autoestima, depresión y tristeza que pueden llegar a casos extremos como suicidio, o cobrar venganza desmedida como el caso Juniors, en Carmen de Patagones, que fue el primer caso de masacre escolar, incluso algunos dicen en Latinoamérica. En Paraná, respecto de otras regiones, no es tan alto. El problema es que muchos pueden haber sido acosados y tampoco te lo dicen en el cuestionario”, amplió Resett.

De todos modos, citó que la cantidad de casos se eleva en ciudades como Buenos Aires, que llega al 22%. “Tal vez porque las ciudades grandes se interesan menos por el otro, o te dejan más solos. Creo, no es ciencia, que en las escuelas de Buenos Aires funcionan como las de Estados Unidos, en que cada uno hace la suya. Por ahí también hay menos interés de los docentes”, consideró. 

En comparación con otros países, Argentina está muy por encima de Suecia o Noruega, por ejemplo, aunque en esos lugares –donde el acoso llega al 7%– estas temáticas están siendo trabajadas y concientizadas desde hace muchos más años.

“Por suerte, no tenemos niveles altos. Por eso es importante la ciencia, el estudio científico, para poder decir específicamente qué está pasando con el problema y qué podemos hacer. Porque por ahí creemos que todo es bullying, que no podemos ir a la escuela. El porcentaje de agresores –retomó en esa línea Resett–, en general, es la menor cantidad de chicos, alrededor del 8%, pero es una minoría. Si uno quiere atacar el problema no es muy complicado, no es que todos están involucrados; el que acosa es un 7%, el que molesta a los demás, no presta atención, o agrede al profesor. Y también hay un grupo patológico que sufre las dos cosas, un 5% porque tiene el problema de la víctima”, describió.

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Intervenir


A modo de conclusión, el investigador del Conicet y docente e investigador en la Universidad Católica Argentina (UCA), Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) y Universidad Argentina de la Empresa (UAE) planteó como necesidad la ejecución de programas de intervención que no trabajen tanto sobre la víctima o el victimario, sino sobre la indiferencia. 

“Países como Suecia han llevado a cabo una intervención sistemática para reducir el bullying. Fue diseñada por Olweus y es una de las que mejor resultado arrojó en el mundo: logró una reducción en ser victimizado de más del 50%, directa como indirecta, ambos sexos y en todos los grados. En el caso de las chicas del 11% al 8%; y en chicos del 17% al 8%”, especificó, y acotó que el acoso “no se desplazó” de la escuela hacia el camino de vuelta o de ida de la casa a la escuela. “Hubo una clara reducción de las conductas antisociales: vandalismo, peleas, robos, porque hay un mejor clima social: mayor orden y disciplina, y hubo incremento en la satisfacción de los alumnos con la vida escolar. Nuestro equipo de investigación toma elementos de dicha intervención y se las facilita a docentes para que las trasmita a los miembros de toda la escuela”, indicó.

Para esta intervención, el requisito indispensable es la participación de toda la comunidad educativa (alumnos, docentes, directivos, padres, personal no docente). Se trabaja en tres niveles e implica una medición del nivel de bullying antes y después de implementarla para observar los resultados.

Y por último trazó una comparación entre las experiencias en Suecia, en Estados Unidas, y lo observado en Entre Ríos en relación a la labor institucional y de la comunidad educativa.

“Debido a la falta de recursos humanos y económicos, nunca hemos desarrollado esta estrategia integral en la provincia con muchas escuelas. En Suecia el nivel de compromiso de los padres es muy grande y las escuelas son más pequeñas en número de alumnos; en los Estados Unidos, por ejemplo, las escuelas son mucho más grandes, se suma una complejidad como la diversidad étnica y cultural y hay un menor compromiso de los padres. Acá, en nuestra experiencia, vemos que es difícil colaborar con los padres y madres; los docentes muchas veces están agotados o con mucho trabajo –van corriendo de una escuela a otra– y faltan, en ocasiones, recursos y la colaboración de toda la escuela. Sin embargo –insistió–, el punto clave de la intervención es la participación de los mismos alumnos para que actúen y detengan el acoso escolar.

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Consejos para  desarrollar estrategias


Respecto de la necesidad de desarrollar estrategias institucionales que abarquen a toda la comunidad educativa, Resett planteó algunas de esas medidas que favorecerían la toma de conciencia sobre esta problemática y así reducir los niveles de bullying, generando al mismo tiempo mejores hábitos de convivencia social.

A nivel de la escuela, planteó establecer un día institucional para dialogar y preparar un plan entre el director, docentes, psicólogos y padres. Recomendó también supervisar siempre a través de adultos (docentes) espacios como los recreos; hacer reuniones con padres, donde se puedan establecer mecanismos, signos y resultados; y del mismo modo, crear grupos de discusión docentes, con no nomás de 10 miembros para el apoyo e intercambio de experiencias.

En tanto, a nivel áulico, fijar normas específicas contra la intimidación (porqué no agredir, porqué ayudar, porqué incluir a los más débiles); lograr un aprendizaje cooperativo positivo, de más apoyo; establecer sanciones acordes, fáciles, por ejemplo quitar un privilegio; realizar reuniones en la clase para discutir, reforzar o interesar sobre el tema; generar actividades positivas comunes como fiestas o deportes; y hacer reuniones de padres y docentes.

Por último, en relación a acciones a nivel individual, se impone un diálogo serio con el agresor –no se tolerarán estas actividades y deben terminar–, dialogar con la víctima, protegerla; hablar con padres tanto del agresor como víctima, para un plan conjunto (qué se puede hacer para frenarlo o si requiere ayuda de psicólogo); dialogar y recibir ayuda de no involucrados en el acoso.

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El Centro de Investigación Interdisciplinar


El flamante Centro de Investigación Interdisciplinar en Valores, Integración y Desarrollo Social de la Facultad Teresa de Ávila de la UCA fue formalmente creado a fines de 2015, aunque la labor de sus investigadores lleva casi una década. Es coordinado por el doctor José Eduardo Moreno y la subcoordinadora es Magdalena López. 

Aborda el tratamiento de temáticas en Psicología, Pedagogía, Estudios Sociales, Ciencias Políticas y Económicas. Una tarea especial está a cargo del Laboratorio de Aprendizaje, destinado a la investigación y desarrollo de estrategias de acción para la detección y tratamiento de los problemas de aprendizaje en niños.

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Formas de agresión a un chico


*Lo insultan, se burlan, le hacen cargadas pesadas o le ponen sobrenombres feos.

*Lo dejan afuera del grupo, no lo dejan participar, lo excluyen.

*Le pegan, lo patean, lo empujan o encierran dentro de una habitación.

*Hacen correr mentiras o mandan cartitas o mensajitos diciendo cosas feas sobre ese alumno, tratando de dejarlo mal frente al resto de sus compañeros.

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