Ovacion
Lunes 30 de Noviembre de 2015

Por algo, madre hay una sola

Mauro Meyer / De la Redacción de UNO
mmeyer@uno.com.ar


Pasó ya una semana y un poquito más del balotaje que tuvo en vilo a toda la Argentina. Sinceramente, ya no quiero saber más de las elecciones. Meterse tres veces en un cuarto oscuro terminó siendo algo traumático, sobre todo en la última de las ocasiones. No por el hecho de no querer cumplir con mi deber cívico, sino por haber visto y oído tantas cosas que me terminaron cansando. Pero sin dudas, ante tantas palabras dando vueltas, la reflexión más importante la escuché de parte de mi mamá Yolanda.

Mi vieja no quería que gane Mauricio Macri, aunque me parece que tampoco estaba muy convencida de lo que podría dar Daniel Scioli como presidente. Por respeto, no le pregunté a quién votó. Me pareció imprudente hacerlo por eso de que el voto es secreto. Igual, tengo la sospecha que su elección estuvo por el lado del oficialismo. Y la entiendo. Mi vieja fue empleada doméstica toda la vida y nunca tuvo aportes jubilatorios. Hace poco, se pudo jubilar mediante un trámite que llevó su tiempo, pero que terminó siendo positivo. Todos los meses le descuentan un dinero importante por un espacio de cinco años creo, como corresponde, como dice la ley. Eso la puso muy contenta. En la vida diaria también observa los incrementos que tienen algunos productos, aunque reconoce que hubo épocas mucho peores. 

Así las cosas, creo que mi mamá está conforme con los 12 años del kirchnerismo en la Argentina. O por lo menos eso es lo que yo siento. No charlo mucho de política con ella. Tampoco lo hago demasiado con otras personas. Pero insisto, sus palabras luego del triunfo de Macri quedaron dando vueltas en mi cabeza y fue lo más sensato que escuché desde entonces. Pasadas las 18 del domingo 22, observó cómo en la tele se daba ya por ganador al expresidente de Boca Juniors. “¿Gana Macri?”, me preguntó. Y ante mi respuesta afirmativa dijo algo que seguramente para muchos puede resultar insignificante: “Y bueno... Dios quiera que le vaya bien”. Me quedé 30 segundos en silencio. Su reflexión me dejó pensando. Y parece mentira, pero sin dudas es lo mejor que podía haber escuchado ese día. 

Tengo claro que esas palabras en política no existen. Que nadie quiere que le vaya bien al contrincante, que el oficialismo ahora será oposición y que hará lo mismo que hizo la oposición cuando ellos eran oficialismo. ¿Se entendió? Bueno más o menos es criticar muchas veces sin sentido, pensar que destruir es mejor que construir, creerse que la única verdad es la suya y que el que piensa diferente es un idiota. 

Así me lo hicieron sentir en los últimos días, solo por el hecho de decir que ninguno de los dos candidatos colmaba mis expectativas y que mi voto fue nulo. Me dieron clases de civismo y de política. Los mismos dueños de la verdad que no creyeron que Macri sacó más del 50 por ciento de los votos. Sí, yo tampoco lo puedo creer, pero es la decisión de los argentinos y por lo tanto bienvenida sea. Eso se llama respeto. Prefiero eso y no la soberbia de muchos que maltratan al que piensa diferente. Sea del lado que sea. Sea kirchnerista, macrista, peronista o radical. Da igual. 

Por todo esto, lo que me dijo mi vieja fue lo más coherente que escuché. “Dios quiera que le vaya bien”. Que así sea. No por algo, madre hay una sola. Gracias mami.
 

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