Escenario
Miércoles 27 de Julio de 2016

"Pollo" Raffo: "La música que hago es como un locro sonoro"

Lanzó su nuevo disco, "Brindis" y dijo que en su música conviven todos los géneros que le interesan

El músico Juan "Pollo" Raffo lanzó su nuevo disco "Brindis" y definió su estilo musical como "un locro criollo", donde conviven los distintos géneros que lo influenciaron a lo largo de su vida.

"Pareciera como si la definición de un género fuera un valor en sí mismo. A mí siempre me gustaron más los compositores o los músicos que logran que su propio nombre sea su género. Yo hago música de autor, una mirada sobre los géneros que escuché y me han influenciado. Vi un documental de Gustav Mahler en donde hablaba de un goulash sonoro. En mi caso, yo hablaría de un locro criollo", sentenció el pianista.

En este punto, Raffo consideró: "En todos los aspectos de la vida uno es influenciado por la gente, los lugares que transita y la idea de ese concepto me llevó a concluir que si el autor soy yo, como vivo en el barrio de Flores, lo que hago es música de Flores".

Ocurre que "Brindis" es presentado como "Música de Flores-Volúmen 4", en una tetralogía que incluye los anteriores trabajos solistas de este músico, que alcanzó una gran popularidad en el ambiente del rock por sus colaboraciones, en muchos casos como arreglador, de artistas como Juan Carlos Baglietto, Los Ratones Paranoicos, Los Piojos, Divididos, Soda Stereo y Manuel Wirtz, entre otros.

Al presentar "Brindis" de gira por el país, estará acompañado por Rodrigo Genni, en batería; Tomás Pagano, en bajo; y Martín Rur, en vientos; y contará con Nora Sarmoria como invitada especial, Raffo dio detalles sobre el disco, su particular método de financiamiento y analizó su doble rol, como compositor y arreglador.


—¿En qué aspectos sentís que la música que hacés en "Brindis" se emparenta con el barrio de Flores?
—De Flores me llama la atención la convivencia de lo urbano y lo suburbano. Tenés empedrado, calma y clima casi de siesta a la tarde, y a las dos cuadras tenés caos de tránsito. Eso se refleja en mi música también.


—¿Por qué eligió tocar solo el piano y no otro tipo de teclados en este disco?
— Hay un imaginario base sobre el que uno trabaja. En principio, junto fragmentos de material, ideas que tengo guardadas que no duran más de diez segundos. Al trabajarlas ya empiezan a aparecer convenciones o reglas de juego que son interesantes respetar a priori, como las reglas de un deporte que organizan el juego. Eso organiza el proceso. La idea de usar sólo el piano tiene que ver con eso. Se dio así en tres o cuatro temas y fue una característica que quedó. —¿Y no encontró limitaciones al proponerse eso?


—Un maestro de composición una vez me dijo que la pregunta al componer tenía que ser "¿qué pasa si...?".
— Hay una suerte de acuerdo previo con vos mismo, pero lo importante también es que funcione, sino hay que cambiar algo. Lo interesante de todo esto es que es un buen antídoto para no caer en los propios clishés. Es algo saludable porque te obliga a buscar respuestas por los lugares menos transitados por uno mismo.


—En este sentido, ¿como encaja este criterio con el concepto global de "Música de Flores" que aplicó para todos sus discos solistas?
— A mí me gusta pensar los discos como unidades temporales, más allá de que cada tema pueda ser percibido como una unidad. Pero en una hora de música, tanto en un disco como en un concierto, trato de pensar qué lugar ocupa este tema en el mosaico general. Esto no quiere decir que uno tenga que escuchar el disco de un tirón pero a mí me sirve como referencia. Si uno hace ese mismo trabajo con todos los discos, aparece una cuestión como esta decisión de usar sólo el piano.


—El disco fue editado luego de una exitosa campaña de financiamiento a través de las redes sociales, ¿qué nos puede comentar al respecto?
—Fue una herramienta que usé una vez que el disco estaba listo. Es una especie de confianza doble. Quien colabora está apostando a que el material va a existir. Alguien compra anticipadamente algo y confía que va a ser entregado. Es un gran compromiso y una responsabilidad que uno siente. Y también una gran alegría porque se interesó más gente de la que esperaba.


—¿En qué difiere su rol como compositor respecto a su función como arreglador de temas de terceros?
—Yo me reconozco como un compositor antes que nada. Uno toma un material y va tratando de trabajar con algunas ideas centrales. Como cuando uno tiene que escribir un texto y sobre lo que uno quiere comunicar, trabaja la mejor manera de presentarlo. Con la música es muy parecido. Y arreglar y componer es parecido, con la diferencia que en este segundo caso uno trabaja con los materiales de otro. En este caso, además, no meto ningún juicio de valor sobre la composición de la persona que me da para hacer el arreglo. Esa distancia emocional ayuda también para que funcione bien.


—¿Hay algún elemento tomado de otro artista que siente que aplica a la hora de componer?
—Todo lo que uno haga en esta actividad es algo que terminará siendo parte de tus recursos, de tus bagajes. Por ejemplo, yo escuché mucha música desde muy chico. Si trabajo con una banda de rock, no me hago el rockero, sino que busco adentro mío qué rock tengo en mi historia y me aferro a eso. Es como una especie de memoria emotiva.


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