A Fondo
Martes 10 de Noviembre de 2015

Políticas y cuestiones de género

Gerardo Iglesias / De la Redacción de UNO
giglesias@uno.com.ar


Más allá de las preferencias político partidarias, más allá de los gustos personales o las conveniencias individuales, el trato que ha recibido la Presidenta desde distintos sectores de la prensa se han transformado, en innumerables ocasiones, en territorios rayanos a la violencia de género. Todo, ante el pavoroso silencio de la gran mayoría, de todos nosotros y de las mujeres. Porque en esas críticas se esconde el lastimoso machismo que arrastramos generaciones de hombres, el de la resistencia a la mujer que ejerce un poder mayor al de nosotros, los hombres.

Con la Presidenta se han hecho análisis de enfermedades, por parte de médicos devenidos en periodistas, que graciosamente y ligeramente, le han diagnosticado enfermedades desde un estudio de televisión o desde un diario. Se la ha tratado de dictadora (por quienes precisamente le daban la mano a dictadores), de ejercer censura a la prensa, casualmente desde la prensa. Se la acusó de comprarse joyas en Italia (algo que fue desmentido, incluso con un juicio ganado por ella), de amenazar a troche y moche, de desequilibrada. Incluso, por estas horas, han pedido que sea sedada para que no moleste más. Ataques que suenan a violencia sin sentido hacia una mujer. Porque no recuerdo, en estos 32 años de democracia recuperada que llevamos, calificaciones de idéntico calibre a primeros mandatarios. Ni siquiera con Menem, cuyas políticas y estilos de vida, eran más antipopulares que los actuales. 

Es llamativo también el silencio de una sociedad que asiste, sorprendida, a un incremento de la violencia hacia la mujer. Pocas voces se han alzado en su defensa. Quizá muchos molestos por el tono “prepotente y altanero” con el que califican cada discurso de la Presidenta. Bueno sería recordar, por estas horas, que gran parte de los que pasaron por el sillón de Rivadavia tuvieron muy buenos modales, muy buenos tratos, cristianos y sociables, y así nos fue.

Escasas plumas y analistas centraron la crítica a la gestión de gobierno o decisiones políticas, criticando con dureza esos temas. Y esto fue lo valioso. Pero fueron escasas y hoy difíciles de encontrar para ponerlas como ejemplos.

En estos meses han recrudecido esos ataques, acaso por lo que muchos vaticinan como un fin de ciclo. Si es así, será por la democracia y por los electores, por nosotros, que cambiarán –o no- el color de los que mandan. Lo que no cambiará jamás -y quedará en los archivos- son los despiadados ataques que recibió una mujer por el hecho de ser mujer.
 

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