Narcotráfico
Domingo 02 de Julio de 2017

Puerto Viejo: de patrimonio histórico a paraíso de los narcos

La venta de droga al por mayor y menor se hace impunemente. Hay vecinos hartos de la violencia y aprietes

Un sábado a la mañana, en un extremo de la Costanera de Paraná, al final de la Bajada de los Vascos y sobre los primeros metros de calle Estrada, hay gente que sale a correr, a caminar, a pasear al perro, chicos que van al club. Se los nota más distendidos que los narcos, que llevan, traen y venden droga, ansiosos y agazapados. Como parte del paisaje, el narcotráfico se instaló hace varios años en Puerto Viejo, el histórico barrio donde nació Paraná. Hay muchos vecinos que están hartos: no solo de presenciar el desarrollo del negocio ilícito con impunidad, sino además de sufrir ataques para abandonar sus viviendas.


La droga puede llegar por la costa o ingresar por lo alto de las barrancas del Parque Nuevo, para entrar por los pasajes internos y distribuirse en distintas viviendas. Una parte quedará en los numerosos kioscos que expenden a los consumidores las 24 horas; otra saldrá en fracciones con distintos destinos en la ciudad. En el lugar que llegó a ser puerto de ultramar, polo fabril y comercial en el siglo XIX, la actividad más rentable hoy tiene más que ver con este siglo XXI. Pescadores, changarines, trabajadores del Estado, de las areneras, albañiles, almaceneros y laburantes en general, observan la prosperidad de los que se dedican a otra cosa sin demasiado esfuerzo. A la vista de todos y a la vista gorda de algunas autoridades.


Encima, no se conforman con lo que tienen y se ceban de impunidad y poder. Ante la falta de respuesta a los reclamos de vecinos por los atropellos sufridos en los últimos años, las víctimas acudieron a UNO, con identidad bajo reserva por razones tan obvias como el miedo. Como un hombre que dice sentirse derrotado, y otro que cuenta cómo resistió el embate de soldaditos para abandonar su vivienda.


Algunos han padecido las represalias por no aceptar vender drogas: "Vas a tener que empezar a vender merca", le dijeron a uno, sin rodeos. Ante la negativa, siguieron con actos vandálicos y amenazas. Cuando fue a Tribunales a expresar lo que sucedía, recibió el descrédito ("¿Vos estás seguro de lo que estás diciendo?" o "Hacé una marcha"). Cuando llamó al 911, el policía del patrullero que llegó al lugar le dijo que no había que hacer nada ("No te podés meter con ellos").


Puerto Viejo ya no es un lugar donde le roban a cualquier desprevenido que vaya caminando. Los que se dedican al comercio de drogas prefieren la tranquilidad sin el reclamo de vecinos por presencia policial. Parece existir un acuerdo tácito de vender sin escándalos. Los pibes que antes estaban en una esquina esperando el momento para un arrebato, ahora están para ser "balines" de los narcos. A cualquier hora del día, en las orillas del arroyo Antoñico, se pueden ver las transas y los clientes que llegan al barrio en todo tipo de vehículos.


Puerto viejoi (1).jpeg
Transas. A la vera del Antoñico se observa el narcomenudeo. 
Transas. A la vera del Antoñico se observa el narcomenudeo.



"Es un ambiente malo, los chicos no tienen protección", lamentó un antiguo vecino del barrio. Hace décadas, la maldad de algunos era andar con una gomera, cazando palomas en el Parque Urquiza, que estaba prohibido, tirarle un toscazo a un colectivo o gritarle apodos a un viejo que se enojaba. La droga cambió todo y el hombre consultado señala con nombre y apellido a los narcos, porque a casi todos los vio crecer, así como a los que se agregaron luego. "Corrompieron a los gurises", afirma.


Algunas de las casas que tienen más de un siglo y conforman el patrimonio histórico y cultural de la zona están ocupadas por quienes regentean la venta de droga. Hay quienes mantienen la fachada colonial, totalmente deteriorada, pero renovaron y construyeron hacia adentro y al fondo.


Sobre calle Anacleto Medina se señalan al menos cuatro domicilios donde se consigue marihuana y cocaína a cualquier hora, y doblando por Manuel Navarro un par más. En avenida Estrada hay una importante propiedad de un narco conocido, ya condenado pero no retirado, y hacia el lado del río hay otros más, que venden al público o que saben cumplir las tareas que demanda el negocio.


Los nombres de los personajes que la gente ha observado manejar la droga son ya un clásico del narcotráfico en Paraná: de Daniel Tavi Celis a Cristian Larrosa, de Cabeza de Fierro al Negro S., y cuándo no los Motta, quienes tienen condenas en su haber.


Celis, hasta caer detenido el año pasado, supo prepotear a vecinos que le molestaban en el despliegue de su negocio en el barrio. Incluso dicen que hasta puso una verdulería de pantalla para tener un enclave en la zona.



--> LEER MÁS SOBRE NARCOTRÁFICO EN PARANÁ <--




Larrosa fue condenado en 2012 a cuatro años y medio de prisión por narcotráfico, y ya está libre. Cristian es el hermano del tristemente célebre Jaimito Larrosa del barrio Paraná V (condenado a perpetua por el asesinato de Jesús Gómez). El hombre de Puerto Viejo tiene una propiedad sobre avenida Estrada, con un gran portón negro y cámaras de vigilancia al frente. El Tribunal Oral Federal lo condenó a una pena leve teniendo en cuenta que le hallaron ocho kilos de cocaína en su casa de calle Las tipas de Oro Verde, y otro medio kilo cuando lo interceptaron en un auto en la ruta 11. En la sentencia hay datos elocuentes, como el vínculo con quien sería su proveedor, el tal Cepillo, que siempre fue nombrado en el ambiente narco pero parece intocable por la Policía y la Justicia. También aparece un conocido abogado penalista santafesino en un episodio extraño, llevándole dinero a Cepillo, y también una enfermera que le habría guardado la droga a Larrosa.


Entre las propiedades que le cuentan a Cristian Larrosa, además de la de Estrada y de Oro Verde, están una casa de calle Santiago del Estero, tres vehículos y dos motos, y a su mujer dos camionetas y dos autos, todos registrados. Se remarcó en el fallo que no tienen "ingresos laborales ni actividad comercial legal conocida". En AFIP aparece como contratista en la construcción, y le fue bastante bien, según los ingresos declarados: en 2010, 35.380 pesos; en 2011, 460.380 pesos; en 2012, 1.302.020 pesos. En la condena le decomisaron solo el Renault Clio, y le devolvieron la Toyota Hilux que hoy se puede ver estacionada en la puerta de su casa de Puerto Viejo. También conservó lanchas y motores fuera de borda.


Larrosa es el compadre de Gustavo Barrientos, muchos consideran que fue "el que lo hizo a Petaco", en todas sus mañas, así como a tantos más. Ahora lo sindican como un proveedor, que "vendería de a kilo", y con él sabían ver a Víctor Fabián González (Cabeza de Fierro), recientemente detenido junto a otras 14 personas, por organizar una banda narco en el barrio Paraná XVI.


Siempre se comentó que Larrosa se proveía de la droga en Santa Fe. Hace unos años lo veían pescando largas noches en la costa de Puerto Viejo, hasta que llegaba una lancha, descargaban unos bultos, y se terminaba la pesca. Hoy, dicen algunos que lo conocen, prefiere ir a pescar con sus lanchas a la zona de Victoria.


Otros que han pasado por el Tribunal Oral Federal y están de regreso en el barrio son los hermanos Motta y la Rusa. Pedro Motta, Darío Motta y Silvia Gabirondo recibieron solo cuatro años y medio de prisión tras comprobarse que atendían a los clientes en la vereda de su vivienda en Medina y Estrada, a cualquier hora del día, y guardaban la droga en un baldío de enfrente. También suele verse nuevamente a otro condenado, Sergio Maña Franco, cuñado de La Rusa, detenido por la Policía Federal cuando ingresaba con droga a Paraná en un Fluviales, en tanto que su sobrino, el Rengo Franco, fue arrestado a principios de junio por la División Robos y Hurtos con droga en su casa de calle Leopoldo Díaz en Puerto Viejo.


Puerto viejoi (2).jpg
Otros tiempos. Puerto Viejo, un polo fabril y comercial.&nbsp;
Otros tiempos. Puerto Viejo, un polo fabril y comercial.



También se menciona a un hombre que se camufló en un organismo y "le vende merca a los gurises", que tiene un familiar policía que le guarda la droga y otro que tiene un kiosquito para narcomenudear.


Un soldadito despechado comenta que hay un hombre adinerado que tiene una propiedad en calle Villaguay, que baja unos 10 kilos de cocaína por mes en el Parque Nuevo y la ingresa a Puerto Viejo, para luego comenzar con la distribución. Lógicamente nunca toca la droga. También se vincula al narcotráfico a un hombre que se desempeña en el bloque del oficialismo del Consejo Deliberante de Paraná y ha tenido a maltraer a algunos vecinos.


A quien solían ver en la zona junto a personajes del narcotráfico era Eloy Chula Alem, oriundo de Bajada Grande, que está en la cárcel cumpliendo una condena de 14 años de prisión por el asesinato de Nicolás Márquez. A su vez, se habla de un tal Gordo Plástico como quien supo hacer pie en el barrio Tavi Celis.


Asimismo, muchos coinciden que en los últimos años hubo un personaje conocido como Flaco que ha tenido un importante crecimiento en el ambiente narco y se ha convertido en proveedor de algunos vendedores. Lo han observado asiduamente con Fabián González, el famoso Cabeza de Fierro, como carne y uña, sobre todo los fines de semana. No ha dudado a la hora de ejercer violencia con vecinos. El constante cambio de vehículos nuevos en los que se lo ve recorriendo la zona y su llegada a un alto funcionario provincial con quien lo han visto pasear en auto ha llamado poderosamente la atención de vecinos, ya que hace no mucho tiempo era cuidador de autos.


El aspecto económico y patrimonial es el más delator, en un barrio de trabajadores que la pelearon toda la vida para llegar a fin de mes. Cada vecino sabe cuánto hay que sacrificarse para ampliar la casa, hacer una refacción o cambiar el vehículo. Entonces, ante un simple almacenero que construye una mansión, o un changarín que de repente circula en un cero kilómetro, no hacen falta demasiadas explicaciones. "¿Quién no se va a dar cuenta? Se hacen ver y lo sacan a relucir", dice un hombre.


Durante un tiempo, un negocio paralelo a la venta de droga fue el robo de motos de alta cilindrada. Los ladrones eran en su mayoría adolescentes vinculados a las bandas narco. Puerto Viejo fue escenario del asesinato del contador Ricardo Lizarraga en 2014, tras el robo de la moto a su hijo. Fueron condenados dos jóvenes y otros cuatro estuvieron implicados pero eran menores de edad. El hecho impulsó el decreto que otorgó facultades a la Policía para el control vehicular y cortar así con ese negocio.


Es muy raro ver un procedimiento por una investigación por narcotráfico en Puerto Viejo. El último conocido parte de una investigación, fue el realizado por la Policía Federal en setiembre de 2014, que terminó con la condena a los Motta por narcomenudeo. Un vecino bromea: "Hace 25 años que en Puerto Viejo venden droga. Estamos por festejar las bodas de plata", pero luego concluye: "No pueden seguir mirando para otro lado".



***
Problemas en los carribares


Hace un tiempo algunos de los carribares ubicados en la Costanera de Paraná, frente al Club Estudiantes, están vacíos. Otros han sobrevivido pero uno está en constante expansión. Más que carribar, es un amplio comedor instalado en medio del Parque Urquiza. A su dueño otros comerciantes lo han señalado como el responsable de las dificultades que han tenido que atravesar. Cuando la Municipalidad lo clausuró, a las horas sacó las fajas y siguió como si nada. Algunos de los que ya no están, según se dijo a UNO, han sufrido aprietes y hasta hechos vandálicos y robos en sus locales. Lo cierto es que el convenio con la comuna era poner carritos para vender choripanes y hamburguesas. Hoy el local se ha ampliado y ha construido hasta el fondo de la barranca del Parque. Sostienen que quiere controlar todo, hasta el estacionamiento de vehículos con cuidacoches. Hubo presentaciones y quejas en la Municipalidad, pero han caído en saco roto.

Comentarios