Paraná
Domingo 28 de Mayo de 2017

Narcos, pistoleros y bravucones en un barrio que extraña la paz

La muerte de un chico enrostró la violencia generada por la droga y las armas en el barrio Belgrano de Paraná

La tarde en que Juan Pablo Vega mató de un disparo en el pecho a su cuñado, Ulises Romautti, cambió el mando en el barrio Belgrano de Paraná: el primero quedó preso, pero desde la cárcel seguiría impartiendo órdenes al que mantiene abierto el expendio de drogas y la defensa a pura bala del territorio. Pero los allegados a Virulana no se quedaron de brazos cruzados: mantuvieron parte del negocio y juraron venganza.
La siesta del 3 de enero de 2015 fue el último de los enfrentamientos armados entre Romanutti y el novio de su hermana. Al parecer, Virulana se había quedado con droga y plata. Vega no se lo perdonó. Un par de semanas antes se cruzaron a tiros sin resultados, pero finalmente aquel sábado el hombre de 35 años cayó en el pastizal de la esquina de General Espejo y el entubado.
"Antes la Pasarela era la Pasarela. Nosotros mandábamos y se respetaba a los vecinos. Si alguien sacaba la ropa colgada en un patio, iban y le rompían la cabeza. Teníamos más códigos. Hoy los narcos les dan droga y armas a los pibes para que vayan a tirar", cuenta un hombre que se dice retirado del hampa, pero que hoy no puede caminar por todos los pasillos del barrio porque siempre hay una bala que lo está esperando.
Muchos saben que el delegado de Vega es un tal Betu R. Dicen que vende sin parar, que tiene varios autos y motos, y que su casa adentro "es un lujo". En la puerta de la vivienda señalada hay varios chicos: los soldaditos de Betu. A la tarde se juntan con el resto de los gurises y copan el asfalto de calle Yancovich pateando una pelota. A la noche cumplen la orden del jefe.
La impunidad de su negocio algunos se la adjudican a la complicidad policial. "Hay que arreglar arriba", dicen. Por arriba refieren a algún integrante de la comisaría sexta que acepte el acuerdo. "Vas y hablás con el jefe, si no quiere, preguntás por el segundo". Hablan de 15 o 20.000 pesos cada dos semanas, "más un par de bolsas", por eso "cuando hacen los procedimientos no les encuentran nada". Son los rumores de todos los barrios, que pocas veces se plasman en causas judiciales.
Las detonaciones de armas de fuego son la banda de sonido del barrio Belgrano. Hay tiempos en que suenan más espaciadas, y otros en que no se ahorra en balas, como en las últimas semanas. El conflicto entre los dos bandos recrudeció cuando un proyectil le rozó la cara a la novia del narco. El sábado 20 de mayo a la madrugada la batalla fue feroz, pero no hubo heridos.
Unas horas después efectivos de la comisaría sexta allanaron un domicilio en calle Luis Pacha Rodríguez y secuestraron cuatro armas: dos pistolas calibre 9 milímetros y 380, dos revólveres calibre 32 y 22, además de municiones y más de 150 vainas servidas. Pero los indicios balísticos en el lugar evidenciaron que faltaban al menos tres armas de las utilizadas en ese enfrentamiento. Una de estas podría ser el revólver calibre 38 que el jueves al mediodía tenía en sus manos un adolescente de 15 años (el hijo de Virulana), cuando se le escapó un tiro y causó la muerte de un chico en la misma casa que había sido allanada cinco días antes.
Iván Barreto también tenía 15 años. Su muerte amargó al barrio, las condolencias siguen llegando a su familia, pero la paz no quiere regresar: ayer a la madrugada incendiaron la casa del autor del disparo, en lo que ya parece un ritual en los barrios de Paraná: a la muerte de un pibe, le sigue la expulsión de la familia del acusado unas horas después de la sepultura. En la vivienda ya no había nadie, porque la madre se mudó el viernes a la tarde, ante el rumor de lo que sucedería. Una madre que hacía meses venía reclamando al Estado que asistan a su hijo por la adicción a las drogas, pero nadie la quiso escuchar.
Además, las balaceras continuaron toda la noche. La provisión de armas es el otro negocio que no se puede terminar. Un experimentado vecino cuenta:
—Acá hay dos que alquilan las armas, uno para cada bando.
—¿Y cuánto valen?
—Depende para qué la querés. Si es para meter caño, el 30% de lo que consigas. Sino varía el precio según el tipo de arma, desde 500 pesos más o menos.
—¿Y las municiones?.
— Eso viene con el arma. Si querés más tenés que comprar aparte.
—Las que secuestraron el sábado de la balacera ¿las habían alquilado?
—Sí. Pero como las sacó la Policía esas no se reclaman, ya se sabe que están perdidas cuando ven la foto que sale en tu diario.
—¿Y quién las alquiló?
—Y no... eso ya no.
—¿Y el 38 del homicidio del chico?
—Esa no aparece por ningún lado. Debe estar por acá escondida.
Otras fuentes señalaron que de las cuatro armas secuestradas el fin de semana pasado, dos pudieron ser identificadas: la 9 milímetros tenía pedido de secuestro de la Justicia de Formosa y la 380 de Santa Fe. Los revólveres tenían la numeración limada.
"Pero la Policía quiere la metra", aseguran otros vecinos. Esa que muchos identifican a la madrugada por el traqueteo. Sin embargo, todo indica hasta ahora que es un mito. En ninguna de las vainas secuestradas en las últimas semanas (y son muchas) hay registro de la que una pistola metralleta haya sido utilizada en la balaceras.
Desde el barrio Belgrano surge la conexión a otros sectores de la ciudad. Sobre quién o quiénes proveen la droga a Vega y Betu, aparecen dos nombres: Cachete y el Negro S.. El primero es Viggiano, detenido en marzo junto a otras 12 personas, acusados de integrar una organización dedicada al narcotráfico, y a quien justamente imputan de ser el proveedor. Pero pocos creen que a Cachete le haya quedado alguien de confianza para continuar el negocio.
El segundo es un hombre del barrio Paraná XVI, quien ha sido condenado en la Justicia Federal por venta de droga, pero mantendría intacto su negocio. Según investigadores policiales, el Negro S. ha experimentado un notorio crecimiento desde la detención un año atrás de Daniel Tavi Celis, un sujeto que supo ser el hombre fuerte de la zona oeste y gran proveedor de marihuana (aunque nunca fue condenado por narcotráfico), pero tras caer en desgracia dejó parte del negocio a merced de otros.
Uno de los que acaparó buena parte de la venta fue Pokemon Giménez, detenido a mediados de mayo por la Dirección Toxicología en una investigación del Juzgado Federal. Pero otros siguieron con el negocio, como el caso de un narco que también ya fue condenado y expende drogas frente a la comisaría 16ª. Pero el nombre del Negro S. es el señalado como el proveedor en crecimiento. "¿Cómo puede ser que ande en una Toyota Hilux bordó, los hijos tengan autos y motos, sin trabajar, y nadie lo investigue?", dijeron a UNO vecinos que observan el crecimiento patrimonial producto del negocio ilícito, a la vista de cualquiera.
De regreso al sector de la ciudad ubicado a pocas cuadras del centro, un hombre lamenta la muerte del chico el jueves, le asigna un dedo a cada balacera de las últimas semanas, ya debe utilizar las dos manos, y tras una pausa, concluye: "Esto es tierra de nadie".

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