Caso Gisela López
Miércoles 17 de Mayo de 2017

Absueltos por el femicidio de Gisela López: ni la justicia llega a Santa Elena

El tribunal sostuvo que Mario y Elvio Saucedo y Matías Vega son inocentes. Cuestionaron "las escasas y débiles pruebas arrimadas al juicio". Instaron a la Fiscalía a buscar al sujeto compatible con el ADN hallado en la víctima

Si en Santa Elena hubiese justicia, desentonaría con la historia de una ciudad diezmada durante décadas. La absolución de los tres acusados de raptar, violar y matar a Gisela López reveló una investigación flácida de pruebas para lograr una prisión perpetua, según lo estableció ayer el tribunal integrado por Ricardo Bonazzola, José María Chemez y Lía Vandenbrouke. La impunidad, en cambio, parece más acorde al paisaje de pobreza, desocupación, narcotráfico, trata y otros males que han sembrado las autoridades en lugar de cumplir las promesas. Pero también persiste la voluntad de los que no se resignan: “Vamos a seguir luchando por Gisela”, dijo Gabriel, el hermano de la víctima, en medio del estallido de bronca en la puerta de Tribunales.

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Vecinos se movilizaron en apoyo a la familia 
Vecinos se movilizaron en apoyo a la familia

Gisela, de 19 años, tampoco se resignaba a las mezquinas opciones que ofrecen a los jóvenes en Santa Elena. Con mucho esfuerzo estaba avanzando en la escuela Secundaria para Jóvenes y Adultos N° 5 Padre Fidel Alberto Avero, soñaba con terminar e irse a estudiar Turismo, mientras trabajaba cuidando a niños de su barrio 120 Viviendas.

El 22 de abril de 2016 volvía de clases cuando fue raptada en El Bajo, a un par de cuadras de su casa, por la avenida Presidente Perón (ruta 48). A un costado, en un descampado, fue abusada sexualmente y estrangulada con el cordón de su bota. Su cuerpo quedó allí durante 18 días, entre los yuyos: no la encontraron los cientos de policías que rastrillaron el lugar ni la detectaron los perros rastreadores. Un chico de 14 años la vio cuando cabalgaba por el lugar.

No era El Bajo sin farolas, sino cada calle un lugar peligroso para las mujeres. No fue la decisión de una chica de volver caminando sola a su casa, sino el chacal que todavía anda suelto en una sociedad que le sienta bien. No es ahora el fallo de la discordia, sino antes una estructura que, en Santa Elena, favoreció la impunidad. Una palabra que sí entona con algunos de sus personajes.

¿Qué le dirán ahora a la familia de Gisela las autoridades policiales y políticas de la provincia que les afirmaron que, con las pruebas que había, los acusados “ya están condenados”?

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Gisela López. 
Gisela López.

Los tres imputados del femicidio y la acusada por encubrirlos, declararon en el juicio y pidieron limpiar sus nombres: Mario Saucedo, su hijo Elvio Saucedo, Matías Vega y Rocío Altamirano siguen siendo inocentes. No hay pruebas objetivas, científicas ni testimoniales que demuestren lo contrario. Durante casi un año estuvieron presos y ayer recuperaron la libertad.

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Porqué la absolución
Según la hipótesis de los fiscales Carolina Castagno y Santiago Alfieri, Mario Saucedo secuestró a Gisela en El Bajo, la llevó a su casa a través del monte, donde junto a su hijo, a Vega y a un cuarto hombre no identificado la violaron, la mataron y arrojaron su cuerpo en el lugar donde fue hallado.

Los jueces concluyeron que ni Gisela fue asesinada en la casa de Saucedo ni fueron ellos los autores del crimen, tal como planteó el abogado defensor Roberto Alsina.

“El tribunal de manera unánime y categórica concluye que todo el desarrollo del suceso se produjo en la zona de la desaparición de Gisela, descartando de plano toda posibilidad del traslado de la víctima a la casa de Sacuedo para someterla sexualmente, darle muerte y trasladarla nuevamente al lugar donde fue hallada. Porque tal hipótesis carece de asidero científico y resulta no solo inverosímil sino contrario a toda lógica”, dijo Bonazzola al adelantar el veredicto.

Por un lado, porque “el cuerpo de la víctima denota un ataque brutal, sorpresivo y apresurado, ya que el conjunto probatorio ilustra el carácter súbito y breve del suceso. Es fácil advertir que Gisela mantuvo la mochila puesta en su brazo y estaban desparramados parte de sus útiles escolares, la media y la otra bota”. Por otro, debido a los informes periciales que demuestran que “el lugar del hallazgo del cuerpo es la escena primaria del hecho”. Y además, la autopsia reveló que “el cadáver permaneció siempre apoyado sobre el lado izquierdo, como fue encontrado. De haber sido trasladado, debió estar recostado sobre su lado izquierdo al menos 18 o 24 horas, lo que resulta absurdo”.

Luego, Bonazzola fue más duro todavía para con la Fiscalía: “Adelantamos que tras un prolijo y detenido análisis de los elementos probatorios, no se ha determinado que sean ellos los autores del hecho. Así, las escasas y débiles pruebas arrimadas al juicio, impiden destruir el estado constitucional de inocencia del que goza todo ciudadano sometido a proceso. Lamentamos profundamente que un hecho tan aberrante y desgraciado que truncó la vida de una joven en forma violenta y despreciable no sea posible llegar a su esclarecimiento y al castigo que su autor o autores merecen. Existe una prueba de ADN que arrojó un patrón genético masculino hallado en el cuerpo de Gisela que no pertenece a ninguno de los tres acusados, y que casi con seguridad llevaría al autor de este hecho”.

Y lamentaron que “se ha traído a juicio a estas tres personas en base a comentarios, rumores, testigos de oídas sin que exista colaboración en pruebas objetivas, científicas o por testigos directos”.

“En cuanto a las pruebas objetivas y científicas -prosiguió Bonazzola-, no existe elemento alguno que vincule a los sospechados con el hecho atribuido”. En este punto, señaló sobre los pelos que había en el cuerpo de la víctima que “llamativamente 24 eran de color rubio” (los tres acusados son morochos). Y remarcó que “tampoco se obtuvieron pruebas incriminatorias en los rastrillajes efectuados por policías con canes adiestrados en las viviendas de Saucedo padre e hijo donde también habitaba Vega”.

Por último, el tribunal se refirió al sainete de testigos que declararon en el juicio, los cuales como pruebas “carecen de identidad, fuerza probatoria y consistencia necesaria para fundar una acusación seria y coherente una sentencia de condena”.

Sobre los “testigos de los momentos previos al hecho que visualizaron a Gisela caminando con un hombre detrás”, los jueces sostuvieron que “solo una dijo que le pareció conocido por la forma de caminar, pero aclarando que en ese momento no lo conoció, que tiempo después le dijo a un comisario de la Policía que era Saucedo, pero resulta inexplicable que no diera antes este dato tan importante”. Además, “en la reconstrucción del hecho pudimos observar que era imposible reconocer a una persona a la distancia que señaló una testigo, a más de 90 metros, ni siquiera con las condiciones de iluminación actuales de la zona, mejoradas a raíz del triste suceso”.


En este punto le llamó la atención al tribunal que en la exposición que hizo la familia de Gisela el 25 de abril de 2016 por su desaparición, tanto el hermano como su novia describieron a esa persona como alto y rubio”, al igual que otra testigo.


Sobre “aquellos que dijeron haber escuchado gritos de una mujer en la vivienda de Saucedo”, Bonazzola explicó que “no puede aseverarse seriamente que esos fuesen de la víctima, que proviniesen de la vivienda de Saucedo y que fuera de la noche en que desapareció”.


Acerca de los testigos de oídas (Vanesa Gauna, los Figueredo, Benítez, Muzachiodi), afirmó que “no han sido ratificados por otra persona que tenga conocimiento inherente al hecho”. En particular, sobre Gauna, dijo: “Impresionó como una testigo poco confiable y con marcadas incoherencias en su relato. En su segunda declaración incorporó nuevos involucrados en el hecho”. Por esto, el juez criticó que “resulta incomprensible porqué la acusación pública le otorga credibilidad respecto de la participación de los acusados y no a las otras personas que mencionó la testigo”.


Y sobre los testigos de la defensa, el tribunal sostuvo que corroboraron las versiones que dieron los acusados al declarar sobre lo que hicieron aquella noche.


Por todo esto, Bonazzola, Chemez y Vandenbrouke dictaron la absolución de los Saucedo, Vega y Altamirano, “sin perjuicio de instar a la Fiscalía a que continúe la investigación a efectos de lograr el esclarecimiento del hecho” porque el hecho “que provoca tanto dolor e indignación no puede quedar impune”.


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Alivio. Familiares de los acusados se desahogaron tras el veredicto. 
Alivio. Familiares de los acusados se desahogaron tras el veredicto.

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Voces de alivio y de bronca


La pareja de Elvio Saucedo dijo luego de escuchar el adelanto del veredicto: “Todo lo que hemos pasado en estos 10 meses y medio lo hemos sufrido en carne propia. Pedimos Justicia por Gisela porque es una hija de nuestro pueblo que nos han arrebatado, que caiga el verdadero asesino. Le doy gracias a Dios por este fallo, porque sabíamos que son inocentes”.


Gabriela, la mamá de Gisela, se mostró indignada pero de pie: “A ellos nadie los toca porque tienen familiares policías ¿de dónde están sacando plata para pagar un abogado? Siempre dije de la mala investigación que hizo la Policía. Yo sé que son ellos”, dijo. Una mujer que la acompañaba, manifestó: “Gisela desapareció y apareció en el mismo lugar y nadie se hace responsable ¿qué clase de Policía tenemos? Los antecedentes de los acusados los conocemos todos, golpeadores, violencia de género. No me vengan a pintarlos de personas buenas”.



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Vecinos se movilizaron en apoyo a la familia


La sentencia absolutoria fue un golpe que movilizó a Santa Elena ayer por la tarde. Luego de la imputación sobre los acusados, muchos pensaban que el caso estaba casi cerrado y el femicidio esclarecido. Pero la absolución fue un baldazo de agua fría para muchos.


Los vecinos pidieron cambios de fondo para que se determine efectivamente quiénes mataron a Gisela. Al mismo tiempo solicitaron que se actúe contra los funcionarios policiales sospechosos de encubrir a los autores del hecho. “Gisela López, presente, ahora y siempre”, fue la expresión masiva.

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