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Miércoles, 22 de febrero de 2012

Estuvo preso, era inocente y la Justicia decidió no pagarle

Hace ocho años, Julio Figueroa fue liberado luego de estar más de cinco años preso por un crimen que no cometió. Sin embargo, el Estado no lo indemnizó. Su pelea por Justicia continúa.

“Estoy esperando a ver cómo remuevo devuelta todo. La cosa estaba para seguirla, pero hay que llevarla a la Corte Suprema , dijo (UNO/Diego Arias). “Estoy esperando a ver cómo remuevo devuelta todo. La cosa estaba para seguirla, pero hay que llevarla a la Corte Suprema", dijo (UNO/Diego Arias).

José Amado / Redacción de UNO

jamado@unoentrerios.com.ar

 

 

Se cumplieron ocho años de un fallo judicial inédito: Julio Figueroa estuvo casi seis años preso por un asesinato que no cometió y fue absuelto por el Superior Tribunal de Justicia al comprobarse que el testigo que lo incriminó había mentido. Sin embargo, pese al daño que le ocasionó el error de la Justicia, esta decidió que el Estado no debe indemnizarlo. Entre abogados, fiscales y jueces de todas las categorías, alrededor del dinero de la reparación, y el estigma de haber estado en la cárcel, rearmar su vida y planificar un futuro sigue siendo una tarea difícil.

 

 

De la condena a la libertad
Nadie podía creer en el barrio La Floresta cuando en 1999 condenaron a Julio Figueroa a 20 años de prisión, por el crimen de Miguel Ángel Martínez, ocurrido el año anterior en el barrio La Delfina de Paraná. “Si nunca anduvo en nada”, se decía. Tenía 19 años. Los únicos que creyeron su culpabilidad fueron los vocales de la Sala 2 de la Cámara del Crimen, Pablo De la Vega, Silvia Teresita Nassar y Arturo Landó.
 

 

La madre del chico, María del Carmen, y su padre, Julio, no bajaron los brazos y pelearon varios años para demostrar su inocencia. Hasta que en un juicio se pudo comprobar que el testigo Javier Orrego mintió y fue condenado a un año y medio de prisión condicional. Finalmente, el 20 de febrero de 2004 el STJ ordenó devolverle a Figueroa la libertad que le habían quitado. Tenía 25 años, habían pasado seis.
 

 

Los dos motines (“todos contra todos”, los describe) y los traslados permanentes es lo que Julio cuenta de los años de encierro, aunque recuerda mucho más. “Los penales de la provincia los conozco a todos, porque el penal de Paraná tenía que quedar limpio. Hasta el sur fui a parar”, dijo, por una estadía que le tocó en la cárcel de Rawson.

 

 

La otra condena
Hoy tiene 33 años y se lo nota un poco más gordito que aquel día que recuperó la libertad, como se lo ve en la foto del artículo de UNO, en la vereda de su casa. Aunque ocho años después su rostro mantiene las consecuencias de la injusticia, que asegura no cesó.

 

En la misma vivienda guarda los registros judiciales y periodísticos de su historia: títulos que señalan su inocencia, fallos adversos a su reclamo de indemnización y raros papeles firmados por autoridades y abogados.
 

 

Entre ellos se ve un “acuerdo extrajudicial” presentado a la ex fiscal de estado provincial y actual vocal del STJ, Claudia Mizawak, para recibir 250.000 pesos por el daño que le causaron. Lo “bicicletearon”, dice, un año entero y el dinero no apareció. Luego una sentencia del Juzgado Civil y Comercial Nº 8, de diciembre de 2006, le rechazó el pedido de indemnización de 300.000. ¿El argumento? Debía reclamarle al testigo que mintió, y no al Estado.
 

 

“Ellos mismos se hacen cargo de que hubo un error judicial, pero que yo tengo que reclamarle al testigo y no al Estado”, explica Julio. “No van a reconocer que fueron ellos, más vale, siempre van a culpar al testigo, pero ¿quien es la justicia?”, se pregunta María del Carmen. Además, afirman que “hubo arreglo con los políticos”, de parte de los diferentes abogados que lo fueron asistiendo, para que todo quede en la nada.
 

 

Pero eso no fue todo. Fuera del edificio de los Tribunales otras puertas también se cerraron. Conseguir un trabajo fue imposible: no importa si había matado o no, el sólo hecho de haber estado en la cárcel fue suficiente para arruinar su currículum. “Nunca recibí ayuda de nadie, de nada, menos que menos del Estado”, cuenta, y agrega. “Se te cierran todas las puertas de todos lados, ya el haber estado ahí, nomás...”.
 

 

Su madre prefiere no recordar aquellos años de pelea en los pasillos de Tribunales y hoy celebra tener a su hijo: “Yo ya no me acuerdo más nada, me olvidé de todo. Yo lo único que sé es que él está acá, logré lo que yo quería, demostrar que él nunca tuvo nada que ver. Los que lo conocen a él se lamentaban porque nunca lo vieron robando ni nada por el estilo, no era un chico de andar así”, dice orgullosa.

 

 

Volver a nacer, volver a pelear
Cuando salió de la cárcel el soleado 20 de febrero de 2004, su familia lo estaba esperando con un asado en la casa de Ituzaingó y Calle 1349 (ambas hoy siguen siendo de tierra). En diálogo con el periodista de UNO, Marcelo Medina, dijo: “Ahora quiero recuperar todo lo que perdí, lo que pasé dentro de la cárcel no se lo deseo ni a mi peor enemigo. No quiero mirar más para atrás”, y afirmó que “estar en libertad es algo inexplicable, esto es como volver a nacer”.
 

 

Hoy mira en la televisión las cifras del crecimiento y los salariazos a legisladores, mientras piensa en lo que todavía, justamente, debería cobrar él por cinco años, tres meses y once días de encierro. Ayer dijo: “Estoy esperando a ver cómo remuevo devuelta todo. La cosa estaba para seguirla, pero hay que llevarla a la Corte Suprema”, sostiene, pero algunos le dicen que para eso “hay que tener contactos y sale como 10.000 pesos”, aunque sepan que no es así.

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