A Fondo
Lunes 10 de Agosto de 2015

Podrán decirme emotivo, que diré muchas gracias

Carlos Damonte / Jefe de Redacción de UNO
cdamonte@uno.com.ar

 
A las 6.30 de ayer Carlos Matteoda repasaba el UNO y hacía llamados telefónicos desde el estudio de radio La Red Paraná. Cristian Ferreyra llegaba a la emisora con Miguel Zuttión para ejercer la operación técnica y coordinación cuando lo cruzaron a Sebastián Gálligo en las escaleras, pergeñando alguna humorada. A las 7.03 Matteoda  se ponía al mando del aire con Mauro Meyer, Marcelo Medina, Laura Monlar y Sebastián Benítez. Así arrancó la cobertura de las PASO “en la radio del UNO”, como se la conoce. 

A pocos metros de ellos Lucila Tosolino editaba y subía noticias a la web del matutino. No habían abierto las mesas para que poco más de 1 millón de entrerrianos empezaran a elegir a sus candidatos que Juan Pereyra, Héctor de los Santos, José Luis Ballesteros, Mateo Oviedo y Lucía Romani ya caminaban las veredas de Concordia, Concepción y Paraná a la caza de contenidos para compartir con oyentes y lectores. A las 8, Liliana Bonarrigo daba indicaciones para ordenar noticias en el diario digital. En esos momentos las calles de la ciudad capital eran surcadas por cientos (sin exagerar) de remises, taxis y combis que en fila india marchaban a cargar nafta y tomar posición en las escuelas desde donde irían a buscar electores. 

En el aire de La Red hubo destellos emotivos; como cuando Manuela Castañeira habló con su madre (la nota se puede hallar en www.unoentrerios.com.ar) o cuando desde la radio sonó clara, gruesa, severa y contundente la voz de Juan Perón en un viejo audio que Matteoda puso al aire para recordar como el General pedía el voto de los peones rurales. Y recordé que no todo es marketing  en la política. Dirán que soy emotivo, pero se me hizo un nudo en la garganta al oírlo de repente. 

Hasta aquí el relato de hechos, menores, que atravesaron la jornada en esta empresa periodística. Resta completar que desde la primera mañana y hasta el cierre de esta edición, bien entrada la madrugada, se fueron sumando periodistas a la cobertura de UNO, que no fue otra cosa que una especie de tributo al lector y oyente. Nombrarlos a todos sería un abuso de este espacio. Y digo tributo porque aquí nadie tenía la obligación de cumplir una jornada laboral de 15 horas. No era obligación, era necesario. Pero así suelen ser las cosas en este diario y es un gusto pertenecer.

Por los que ponen la cara en la firma de las notas y los que arman, editan e imprimen, venden avisos, pagan gastos de las coberturas y los que toman decisiones. Hoy se impone renovar el agradecimiento a la gente por elegir el fruto del esfuerzo de estos trabajadores. 

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