A Fondo
Lunes 17 de Agosto de 2015

Pensando bajo la lluvia

Los derechos que el capitalismo oculta o ningunea

Tirso Fiorotto / De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar



Dice Boaventura de Sousa Santos que la modernidad occidental transformó los derechos de los vencedores en derechos universales.

Hay un debate sobre los derechos humanos y su pretendida universalidad, cuando se observa que parecen mejor orientados a garantizar el estado de cosas occidental y moderno. Serían derechos locales de una época, de un sector, de una cultura, y antropocéntricos, con desmedidas pretensiones de abarcar a la humanidad toda y al planeta.

Desde el Abya yala (América) fueron recuperados en este siglo XXI (y es el gran aporte de nuestra época) los derechos de la madre tierra. Con esa incursión de Nuestra América en la discusión mundial desde principios basados en la Pachamama y el sumak kawsay (vivir bien) tambalea la estantería.

Vivir bien alude a la vida austera y comunitaria, en armonía con la naturaleza.

Rol del Estado

La primera crítica que ya hacía Karl Marx a los derechos nos pregunta qué autoridad o margen tiene el estado, como institución burguesa, para garantizar derechos a todos, cuando el estado está  al servicio de una clase social.

Es sabido que en el mundo, y en particular nuestro país, el estado garantiza que Fulano tenga un millón de hectáreas legalmente sin que nadie lo moleste, y Mengano viva con sus diez hijos en una habitación de tres por tres. Todo legal, amparado por los “derechos”.

El tema va a resurgir en estos días con la recuperación de las relaciones entre el imperio de los Estados Unidos de América y la resistencia de la isla de Cuba.  

Para los Estados Unidos hay que establecer la democracia, que consistiría en reconocer a la población la posibilidad de votar sobre todos los asuntos, con excepción de los que pongan en riesgo los bienes de la alta burguesía.

Para dar un ejemplo: ¿pueden los argentinos votar sobre la justicia de que una docena de familias monopolicen en el país la propiedad de un territorio tan vasto como la provincia de Entre Ríos entera?

Los negreros

Solemos naturalizar un esquema de derechos impuestos por las altas clases sociales, y disputar las migajas que caen. Repetiremos un ejemplo: el inglés Fulano tiene en el departamento Federación 10.000 hectáreas y 10 peones registrados, “en blanco”. Todo legal. Un peón cada mil hectáreas. El correntino Mengano tiene al lado 50 hectáreas y diez peones, cinco registrados y cinco “en negro”. Para el Estado y para los sindicatos Mengano será un “negrero”, un correntino estafador. 

Mengano, el malo, es un trabajador él mismo que da un empleo cada 5 hectáreas. Eso significa que si tuviera las 10.000 hectáreas de Fulano daría trabajo a 2.000 familias allí, donde el inglés da lugar sólo a 10, es decir: el bueno vive a miles de kilómetros y le quita trabajo a 1.990 familias, amparado por el estado y los sindicatos, mientras que Mengano quiere darle trabajo a esas 1990 familias pero no podrá, porque lo tratan de malo, negrero, esclavista… 

Por si no quedó claro: Fulano (el bueno) da trabajo a 10 donde Mengano (el malo) daría trabajo a 2.000. Entonces el estado y los sindicatos denuncian a Mengano... Y la sociedad estará feliz de que haya un estado que defiende los “derechos humanos”.

Bueno: llevemos esta aberración a todos los órdenes y veremos la gran farsa.

Los derechos reconocen de entrada alguna autoridad en quien no se la ha ganado de manera legítima, como el Estado.

Pese a todo, podemos usar una acepción flexible sobre los derechos, para analizar algunas convenciones sociales.

Con la recuperación de derechos de la  naturaleza que han promovido los hermanos pueblos de Bolivia y Ecuador ya no se trata del humano reclamando igualdad sino de la tierra, la Pachamama, y allí el humano como una fibra más del gran tejido universal y no en la cima sino al lado.

Los derechos son principios y normas que ¿quién establece? Es habitual que a las leyes las dicte la alta burguesía, ¿por qué no permitir, sólo por un tiempo para no asustar a nadie, que los derechos sean expresados y aplicados por las familias que viven en los barrios y los campesinos pobres? ¿Por qué no dejamos que ellos establezcan cuáles son las prioridades, libres antes de la propaganda de la alta burguesía? ¿Estarían entonces las cárceles pobladas de pobres como hoy?

Ahora, ¿qué dirán los demás sujetos de derechos, sea el monte, el río, los humedales, las especies diversas, el paisaje?

Los derechos, como puede observarse en este sencillo abordaje periodístico, dan para hondos debates.

Epistemicidio

En caso que aceptemos hablar de “derechos” a manera de normas de convivencia, veamos lo que dice Sousa Santos: “se necesita una nueva política de derechos, un enfoque actual a la tarea de otorgar poder a las clases y a las coaliciones populares en sus luchas hacia la consecución de soluciones emancipadoras más allá de la modernidad occidental y del capitalismo global. Se necesita una nueva arquitectura de derechos humanos basada en un nuevo fundamento y con una nueva justificación”.

Y agrega: “construir una concepción de derechos humanos post imperial intercultural es primeramente y antes que nada una tarea epistemológica”.

Claro, porque Sousa habla de “epistemicidio”, muerte de los modos de conocer durante la invasión europea del mundo.  Así es que la modernidad suprimió por ejemplo el derecho al conocimiento. Mató los modos del conocer de miles de culturas, y construyó un monumental conocimiento imperial único.

El estudioso portugués indica entonces que existe un derecho al conocimiento que llama “alternativo” desde una visión contrahegemónica. 

Durante su reciaente visita a Paraná, Félix Díaz y Amanda Asijak, de familias qom del nordeste, nos explicaban que habían observado que los chicos alfabetizados perdían en visión comunitaria lo que ganaban en letras escritas. Es decir, la escuela les desviaba el rumbo.

Pero no queremos detenernos tanto en un tema que trasciende los límites de esta columna. 

Juguemos aquí con un listado (medio caprichoso) de derechos que en general no se cumplen en absoluto, porque el régimen es un obstáculo, y veamos por un momento las implicancias que tendría la observación de cada uno de esos derechos, por cándidos que parezcan; las ramificaciones que se derivarían.

Por supuesto, quedarán afuera de este listado numerosos derechos, algunos ya establecidos y otros para la imaginación del lector, y todo con esta salvedad: cuando más derechos se escriban quedará más patente la debacle de la civilización del desequilibrio.

Lo nuestro es provocar una reflexión sobre el asunto pero estamos lejos de agotar el tema. Ya las Instrucciones del año trece establecían para nosotros la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable. De ahí derivan muchos derechos que hoy todavía no están legislados, por caso, ni imaginados.

En columna aparte, pues, un listado de treinta derechos como puertas a un mundo que no es el de las apariencias.

Treinta modos de atravesar fronteras

Un provocativo listado de derechos que rompe límites del sistema e invita a imaginar otro modelo sostenido en el vivir bien como principio.

Pertenencia

1- derecho a apreciar en casa la salida y la puesta del sol, gozar el silencio, interactuar en el paisaje con árboles, animales, arroyos; a ver las estrellas sin interferencia de otras luces y a gozar del aire puro con las fragancias del paisaje, como fuentes de vida plena en armonía.

2- derecho a no entorpecer con tapiales de nuestra vivienda los derechos del vecino enumerados en el punto anterior, y derecho a no sufrir obras, caprichos, egolatrías y nombres de poderosos denominando calles, monumentos, lugares.

3- derecho a colaborar en la búsqueda de un espacio adecuado para que un vecino que lo necesita pueda desplegar su vida y la de los suyos.

4- derecho a impedir que una persona, una familia, una comunidad, una empresa, acapare superficies y caiga así en arbitrariedades que cargarán, injustamente, sus descendientes. Y derecho a evitar que los descendientes carguen con las acumulaciones materiales suntuarias de sus ancestros, es decir, que carguen con injusticias de las que no son responsables.

5- derecho a continuar siendo miembro de la comunidad en las peores circunstancias, y derecho de la comunidad a asumir como propios a los miembros más esforzados y talentosos como a los menos agraciados o criminales.

Alimentación

6- derecho a producir los alimentos propios, como garantía de salud, austeridad y trabajo comunitario, diversidad productiva y soberanía alimentaria. 

7- derecho a dar al vecino obsequios de nuestra cosecha. Derecho a dar (también llamado derecho a la complementariedad o jopói).

Paisaje

8- derecho a preservar la naturaleza y los conocimientos a las generaciones futuras, por encima de necesidades o deseos artificiales del presente, propagandas, títulos de propiedad y otros privilegios.

9- derecho a conocer la complejidad, la complementariedad, las interacciones en el paisaje, el paisaje como un todo armónico, y a sentirse protagonista.

10- derecho a reconocer en cada especie un par, a aprender de sus modos y a revisar y evitar costumbres que pongan en riesgo la salud o la vida de otras especies. A apreciar los miles de años de los compañeros de ruta y dialogar.

11- derecho de la naturaleza a no recibir en algunas regiones la presencia del humano por ninguna vía, para preservar del hombre la semilla, el nido, la interacción, sin las distorsiones propias del mercado, el hacinamiento u otras contaminaciones.

Resistencia

12- derecho a negarse a las prácticas invasivas del hombre en el paisaje (el monte, y el suelo, y el agua), y a resistirse a la cosmovisión antropocéntrica, y sus consecuencias.

13- derecho a aceptar la docta ignorancia y fundar allí la negativa a atropellar el paisaje (y en el paisaje el ser humano) y a sostener derechos precautorios.

14- derecho a resistir la acción u omisión de aquellos que dañan a la naturaleza hasta el punto de poner en riesgo derechos fundamentales de las próximas generaciones de todas las especies, incluida la humana. Derecho de resistencia al biocidio en sus variantes.

15- derecho a preservar inalterables y fuera de riesgos antrópicos, y en distintas geografías, las semillas y las especies.

Armonía

16- derecho a vivir bien, en armonía, conocer el entorno y decidir libremente sobre la organización alimentaria y social adecuada, para asegurar la armonía.

17- derecho a la resistencia al apuro que impone la modernidad, a la velocidad, al exceso de horas de trabajo. Derecho a transitar sin riesgos y resistir la velocidad de las máquinas que ponen en peligro la vida de cualquier especie, incluida la humana.

Conocimiento

18- derecho a preservar y cultivar las distintas vías del conocimiento, su interacción, y respetar los lugares, las regiones, advertidos del epistemicidio de la modernidad; y derecho a la recuperación de saberes sepultados.

19- derecho a no ser hostigado por la propaganda, y a preservar los ámbitos del conocimiento, la amistad, el arte, de modo que los intereses particulares o efímeros no encuentren vías para subordinar al interés común o poner en riesgo la biodiversidad. Derecho a luchar contra la propaganda.

Salud

20- derecho a la vida sana en la naturaleza, y a tratar a los enfermos como tales para su atención y recuperación (víctimas de vicios propios del hacinamiento, del endiosamiento del dinero, del juego, de la corrupción), sin la influencia negativa de las injusticias sociales que todo lo confunden y que relativizan las responsabilidades individuales y grupales.

Soberanía

21-  derecho a deliberar libremente y sin retaceos ni censuras sobre la presencia del capital financiero y otros capitales multinacionales, y a determinar su erradicación inmediata en preservación de la vida y la libertad y demás derechos enunciados aquí.

Trabajo

22- derecho de resistencia a la tecnología que atenta contra el trabajo decente, el conocimiento y la vida.

23- derecho a revisar en asambleas los beneficios y perjuicios de formas empresariales o comerciales constituidas, para priorizar el trabajo decente sustentable y el intercambio comunitario, y aventar las variantes del imperialismo y el colonialismo, siempre insultantes a la vida comunitaria.

24- derecho a exigir cambios en la propiedad de los bienes materiales cuando esa propiedad pone obstáculos al derecho al trabajo decente, la alimentación sana y la vida comunitaria.

25- derecho a un espacio donde arraigar y encarar trabajos comunitarios sanos, sustentables.

26- derecho a vestir ropas y habitar viviendas construidas en la región con materias primas de la región para evitar el gasto irresponsable del transporte de larga distancia y asegurar el arraigo y la ocupación de los vecinos.

27- derecho a que las personas tengan en sus diversos oficios ingresos similares para la vida digna y austera, y los dirigentes ingresos menores que la media como garantía de vocación.

Comunicación

28- derecho a una comunicación fluida entre las personas y de las personas con el resto del paisaje, sin intervención ni vigilancia de los poderes constituidos.

29- derecho a una comunicación fluida con todas las regiones del planeta en intercambio libre, evitando el predominio de países, metrópolis, sectores, organismos o corporaciones sostenidos por las armas, el dinero u otras formas de opresión.

30- derecho a no ver interrumpida la unidad en todo sentido y las relaciones comunitarias históricas por fronteras estatales trazadas en forma inconsulta o violenta, o rechazadas por los pueblos.
 

Comentarios