La Provincia
Domingo 18 de Enero de 2015

Payadores entrerrianos se lucen en cada escenario

Una historia entre las cuerdas: José Gianotti es paranaense y contó su historia entre rimas y guitarras. “De esto se nace y a mí siempre me encantó”.

Oficio complejo si los hay, el de payador no es para cualquiera. En Entre Ríos, quienes mantienen vivo el arte, se lucen en los escenarios folclóricos de la provincia y de otras, durante todo el año. José Gianotti vive en Paraná, tiene 44 años. A los 22 cazó una guitarra y como si toda su vida hubiera estado predestinada, comenzó a rimar versos.     


Los payadores entrerrianos se distinguen en cada festival donde los convocan y dicen algunos que no hay jineteada sin décimas: una métrica particular que tienen una rima específica aunque cada hombre arriba del escenario tiene su propio estilo e imprime su impronta.


“He andado mucho, viendo y reflejándome en otros payadores. Los grandes dicen que de esto se nace y a mi siempre me encanto el arte, desde chico. Mi viejo tenia un equipo de sonido y me llevaba a algunas fiesta y ya veía payadores; eso me quedó plasmado. Es una cosa linda”, dijo a UNO Verano José Gianotti que hoy vive en barrio Paracao y tiene fechas de presentaciones hasta abril.  


El payador no ensaya y la improvisación solo es posible con oficio y dedicación. La técnica se puede aprender enseguida, pero dominarla es otro cantar.


Gianotti no nació en el campo, sus abuelos vivían en él. “Para mí, cada vez que los visitaba, era como estar en el cielo”, contó. De joven tenía una vida de ciudad, de esquina y de amigos del centro, de trabajo y tiempo libre. Él cree que si hubiera nacido tierra adentro, la cosa sería distinta. Lo cierto es que se casó a los 19 años y un día escuchó a un payador en una AM de Santa Fe. Entonces su esposa le grabó un par de casetes con dos hombres que hacían contrapuntos. “Como me gustaba escucharlos, después de tantos años fue como que se me encendió una luz. Yo ni siquiera sabía tocar la guitarra. Después fue saliendo solo”, agregó.


 Hay payadores que pueden cobrar 2.000 pesos por presentación en algún festival, aunque no siempre es ese monto y se acuerda según lo que esté al alcance de la fiesta. Otros son más caros, todo depende.


“Se puede vivir de esto, pero a veces, por ejemplo, llueven tres domingos seguidos y las fiestas se suspenden y te quedás sin nada”, contó Gianotti, que además de payador hace changas con un grupo de amigos, trabajan en la construcción, colocan alambrados. “Lo que sea para poder seguir”.


En el último tiempo surgieron otros payadores que se sumaron a quienes venían con el trabajo a cuestas. En las jineteadas se habla de Hofstetter de Aldea María Luisa, de Rivero en Diamante, de Cejas, García, Merlo entre otros apellidos que suenan en cada festival.


Las próximas semanas, Gianotti estará en una jineteada en Rafaela, Santa Fe, después tiene fechas como el 7 y el 14 de febrero, otra el 22 de marzo y hasta en abril ya agendó algunas presentaciones y aseguró que trabajo, para quienes se esfuerzan en el oficio, hay durante todo el año. Ayer a la noche lo esperaban en Ramayón, otra ciudad santafesina  a 10 kilómetros de San Justo.

 

 

Se nace

 


La décima, en la poesía, es una estrofa compuesta por 10 versos octosílabos donde el primero debe rimar con el cuarto y el quinto; el segundo con el tercero; el sexto con el séptimo y el décimo; y el octavo con el noveno.

 

Es por esa razón que siempre suenan bien, como si la música ya viniera incorporada en cada letra. Pero es el payador, que no tiene el texto a mano sino que lo piensa y lo recita de inmediato adelante de todos, el que improvisa calibrado. A eso le suma la guitarra, la entonación y recién cuando respira, recibe el aplauso del público.

 

Ser payador exige inteligencia, concentración y agilidad, pero también amor por el oficio.

 

“Un montón de veces me fue mal y me equivoqué. Se da que justo no viene la rima y es un problema; de todos modos siempre hay una zafada, encontramos el verso y salimos adelante”, contó el payador paranaense y agregó: “Pienso que no pasás vergüenza cuando te equivocás porque hay que estar ahí arriba y hacerlo; no es subir y cantar una canción. El chaqueño –Palavecino– siempre dice que hasta ahora se pone nervioso antes de subir a un escenario; ni te cuento lo que es para uno que encima no sabe bien lo que va a decir. Miro a la gente, cómo es el espectáculo y pienso: voy a arrancar con un buenas noches y un saludo, pero cuando estoy ahí ya digo cualquier otra cosa mucho mejor”, relató.

 

 El oficio de payador se mantuvo en el tiempo y cada una de las fiestas folclóricas entrerrianas, sobre todo aquellas de jineteadas y domas, los tienen como artistas destacados. Hay anécdotas que dan cuenta de que espectáculos de este tipo no dan comienzo hasta que llega el hombre de la guitarra, el improvisador experimentado.
 

Gianotti se la jugó, a lo de payador lo llevaba puesto desde la cuna y cuando lo descubrió no dudo en abrazarse al oficio. “Me fue bien en la vida en estos 44 años”, dijo el hombre, que de paso le regaló un par de rimas al cronista. 

 

 

Décimas y guitarras

 


El payador es un poeta y en sus inicios, fue quien logró contar en los pueblos aquellas cosas que pasaban, como si fueran periodistas orales que a guitarra daban cuenta de una historia, informaban de lo sucedido.


Tenían la misión de lograr síntesis de noticias y traducirlas de tal forma que todos las comprendan. Ha sido un personaje característico de las poblaciones rurales argentinas.


Copleros acompañados de guitarras aparecen en el Martín Fierro y en la literatura del país. La payada es el canto, que en un certamen poético y musical se vuelve un contrapunto cuando hay más de dos payadores que se desafían a duelo verbal.


El origen de la palabra paya está vinculada al quechua que significa campesino, pero en su castellano fue modificándose la manera de pronunciarlo hasta la forma actual.


Si bien los versos pueden ser combinados en cuartetas u otras formas, la décima es una de las más conocidas y fue creada por Vicente Espinel, poeta nacido en Ronda, España, contemporáneo de Lope de Vega y Miguel Cervantes. Como músico, fue el responsable de haberle colocado una cuerda más a la guitarra hasta alcanzar las cinco y creó la estrofa con la rima particular que hoy se canta en las fiestas folclóricas argentinas.


La décima o la espinela es una de las estructuras de mayor arraigo y amplia distribución en toda Latinoamérica, significativa en la poesía popular y rural.

 

 

Encuentro

 


En Paraná, desde hace 10 años, se realiza la Noche de los Payadores donde representantes de Argentina y la República Oriental del Uruguay participan en un espectáculo que en los últimos años fue realizado en el Teatro Municipal 3 de Febrero.


El encuentro es con contrapuntos y convoca a los más calificados del género.


Por lo general se realiza en mayo de cada año y en unos meses será la edición número 11. 


José Gianotti, payador paranaense, contó que ha participado de estos encuentros al que calificó como importante y a destacar.

 

 

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