Policiales
Viernes 19 de Febrero de 2016

“Parece que tenés que agradecer que estamos vivos y no es así”

A Fabián lo balearon en un robo, dos pibes que se criaron en el barrio. Pide respuestas a las autoridades

José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar 


“Quiero que se haga justicia. A los dos los conozco desde chicos que se pasean por el barrio, eso es lo que me da más pena, que son dos chicos del barrio, que como me pegaron un tiro en la rodilla me pudieron haber matado a mí y a mi señora. Esa es la realidad, pero bueno, parece que en este momento que estamos viviendo ahora tenés que dar gracias que estamos vivos, y para mí no es así”, dijo Fabián Permallú al comienzo de su relato sobre lo que vivió el sábado a la noche. Hace 25 años que vive en Anacleto Medina y 20 que tiene el almacén, donde se trabaja de lunes a lunes. Lo que sucedió y lo que contó en diálogo con UNO es una radiografía triste de lo que sucede en la zona oeste de Paraná, y más dramático es que ninguna autoridad policial, judicial ni política hace nada al respecto.

“Fue a las 10.15 de la noche, con toda la gente afuera, porque hacía calor, esperaron que se fuera la última clienta, el menor quedó en la puerta y el otro, Marcelo Paniagua, entró”, recordó Fabián. Su esposa que estaba atendiendo, contó: “Me pidió cigarrillos, me preguntó si tenía Philip 10, miró para el costado y le hizo seña al otro que estaba en la puerta. Entonces me dijo ‘no grités y dame la plata’. Se levantó la remera, se le vio el arma y saltó por arriba del mostrador. Yo grité, porque él (Fabián) justo se había ido adentro”.

Fabián la escuchó y regresó: “En ningún momento lo encimé ni le quise sacar la pistola, porque le estaba apuntando a ella, le dije ‘llevá la plata que está en la caja’. Yo no sé si le alcancé a bajar el arma o qué, y disparó. Me pudo haber pegado en el pecho, en la cara, en cualquier lado, me pudo haber matado”, asegura el hombre. Cuando la gente escuchó el disparo se acercó, y el asaltante escapó.

“En el primer momento pienso que no me había pegado, al ratito empecé a perder sangre a dos manos. Me pegó abajo de la rodilla, entró y salió, y no me hizo nada gracias a Dios. Un vecino me llevó al Carrillo y de ahí me llevaron al hospital (San Martín). Otra gente se quedó con ella (su pareja) que estaba con un ataque de nervios. El domingo fui a la comisaría, porque los conozco con nombre y apellido”.

La respuesta que tuvo de parte de la Justicia no fue la esperada: “Al menor lo agarraron como a las 5 de la mañana, lo llamaron al fiscal y les dijo ‘ponele una contravención, que en dos horas salga’. Entonces, así estamos. El oficial me dijo ‘qué querés que haga’. A las dos horas estaba libre. El menor es el hermano del que hace menos de 30 días mataron en el Gaucho Rivero. Al mayor, que es el que me pegó el tiro, le hicieron un allanamiento el domingo y ya no estaba, la madre ya lo había sacado”.

El barrio tiene que cambiar

Fabián sabe que está vivo por casualidad, porque Dios así lo quiso o porque simplemente no le tocaba morir, lo que cada cual prefiera. Pero no mirará hacia adelante como si no hubiera pasado nada, porque no se quiere ir de su barrio, al que quiere y, al igual que muchos vecinos, ve día a día más complicado.

“A lo que pudo ser no fue nada, pero yo no me puedo quedar con eso. ¿Tengo que dar gracias que la bala no me rompió ningún hueso? No, no me voy a quedar dando gracias, te da impotencia. Me siento solo porque esperaba por ejemplo que viniera alguien a decir ‘estamos haciendo esto…’. Nadie”, lamenta Fabián, mientras mastica bronca.

A esta altura, es caer en un lugar común decir que los asaltantes buscaban plata para drogarse. Y decirlo tampoco conmoverá a nadie que pueda tomar decisiones al respecto, porque hasta ahora jamás ha sucedido.

“Acá todos sabemos quién vende droga, qué querés que te diga. No justifico que cualquiera drogado pueda matarte y decir ‘no, estaba drogado’. Los padres saben si el hijo se droga, y qué pueden hacer para ayudarlo. Acá por supuesto que hay quioscos de droga, la Policía sabe, hacen un allanamiento y antes descartan todo”, comenta el hombre, y sigue: “En el barrio este último tiempo hubo muchos asesinatos, jamás pensé que iba a venir un guacho de estos a pegarme un tiro, capaz que si viene a pedir le doy, pero para ellos la vida no vale nada. La verdad no sé qué es lo que piensan”.

Pese a la impotencia de la situación que se vive, Fabián insiste: “No me quiero quedar con los brazos cruzados. Acá laburamos de lunes a lunes. Es como que a nadie le importa nada. No tengo ningún arma de fuego, nada. Me gustaría que algún ente municipal, del gobierno, un jefe policial venga y me diga esto va así… ni bola, ni bola. No quiero ser uno más que pudieron haber matado”.

Y el panorama a futuro, lo ve más complicado: “Acá el tema son los que se están criando, los de 12 o 13 años te miran y si les decís ‘qué mirás’, sacan una pistola. Así estamos acá. Antes había delincuencia pero que se dedicaba a otra cosa, cuidaban el barrio. Pero ahora los grandes han asentado cabeza y los gurises que se están criando están terribles”.

Nuevamente, porque se quedará a pelearla, piensa que “algo hay que hacer, una misa como el otro día en la plaza no sirve, si bajaron el cura y las hermanas y les robaron el celular. El barrio tiene que tener otro sistema de seguridad. Ya basta”. 

“¿Qué hace el Copnaf?”

Cada joven que mató o murió en la zona oeste de Paraná (Anacleto Medina, San Jorge, Gaucho Rivero, entre otros barrios) tuvo una historia y un contexto que lo llevaron al delito, y nadie hizo nada al respecto. El joven al que Fabián identificó como quien lo baleó para robarle el sábado en su negocio, Marcelo Paniagua, y sus hermanos, estuvieron mucho tiempo a cargo del Copnaf (Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia), pero no sirvió de nada. 

“Él ha estado en el Copnaf desde los 5 años. Entonces, a ver el Copnaf ¿qué hace? Los ha tenido a todos los hermanos, al que está preso por una muerte también, yo quiero que ellos me den una respuesta. Están fabricando pichones de delincuentes, a la mayoría de edad los largan y salen a matar, a arruinar una familia. El domingo me pudieron haber estado velando. Me tuve que levantar con la pata colgando y poner a laburar, porque había bajado carne y cosas y el lunes había obligaciones que hacer. ¿Entonces?”, pregunta Fabián sin encontrar ni una sola respuesta, y sigue: “Mi hermana es docente y les ha dado clases a todos. En la escuela estaban luchando para que a los dos más chicos se los saquen, porque van en el mismo camino. El Copnaf lo sabe a todo eso. Entonces tengo mucha bronca, porque son pibes que han venido cuando tenían 7, 8, 9 años”. Su esposa agrega: “Han venido a pedir un pan o la misma madre a pedir puchos”.

Fabián recibió la solidaridad de todo el barrio, y además hubo quienes se ofrecieron para “hacer justicia por mano propia”, por las malas: “¿Sabes cuántos vinieron el domingo para decirme que les metían un tiro, que los mataban? No quiero entrar en eso”, aseguró.

Por último, pidió a las autoridades: “Reconozcan que están haciendo las cosas mal. Te puedo decir de todos los que han estado en hechos delictivos, todos han pasado por el Copnaf, entonces ¿para qué sirve? ¿Dónde está la prevención? ¿Qué les enseñan? A este Marcelo yo lo denuncio ahora, pero ha robado celulares, con pistola o cuchillos en la parada de colectivo, carteras. La gente tiene miedo y nadie le dice nada. No sé qué están esperando”.

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