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Martes 04 de Agosto de 2015

Paraná, su azaroso crecimiento y la moderna planificación urbana

Dos arquitectos disertarán mañana sobre edificios emblemáticos y el espacio público  

Continuando con las actividades programadas con motivo del 70 Aniversario de la Asociación Mariano Moreno, mañana, a partir de las 20, en el Aula Magna de la UCA, sita en Buenos Aires 239, los arquitectos Mariana Melhem y Atilio Laurini disertarán sobre Paraná: edificios emblemáticos y espacio público. El acceso es libre y gratuito.
“Va a ser un recorrido por el patrimonio de la ciudad, y para que no haya superposición de la temática, Atilio Laurini se encargará de hacer referencia a los edificios patrimoniales, mientras que yo voy a hablar del espacio público”, señaló Melhem a Escenario.

Específicamente, Laurini abordará los edificios más simbólicos de la ciudad, como la Catedral, la Escuela Normal, entre otros; mientras Melhem se explayará sobre cómo se dio la conformación del espacio público en torno al Monumento al General Urquiza, a fines del siglo XIX.
“El monumento es la excusa para poder hablar del Parque Urquiza, lo que significaba, cómo estaba posicionado, qué es lo que pasa con una ciudad que no tiene fundación pero de golpe aparece esta idea del plan”, precisó.
En este sentido señaló que Paraná, a diferencia de otras ciudades; es hija de la modernidad.“El barón de Haussman organizó el espacio urbano en París en torno a la idea de ciudad moderna, porque esa ciudad tenía el antecedente de la ciudad medieval. No era una ciudad sin plan, sino que había crecido con códigos de una modalidad que, ya al momento en que el Barón asume como Prefecto, no estaba en condiciones de representar a la modernidad que la ciudad pretendía representar. Nuestro entorno también tiene que ver con la idea de modernidad, pero pensemos que nuestras ciudades crecieron a la sombra de la modernidad. Las ciudades entrerrianas se desarrollaron en torno al ferrocarril, si bien tenemos tres ciudades propiamente fundadas en el siglo XVIII y Paraná ya existiendo a inicios de ese mismo siglo, el ferrocarril marcó la línea de crecimiento de casi toda la provincia, y fue el símbolo más grande de toda la modernidad. Entonces, nuestras ciudades en general son hijas de la modernidad”, explicó.
Planificación urbana en Paraná
En lo que a Paraná refiere, la ciudad no tiene una carta de fundación y como signo de antigüedad cuenta con el permiso para fundar su capilla en 1730. Esto influyó, además de las características topográficas, en que el crecimiento urbano se diera en forma aleatoria.
“Una parte creció al lado del río por la proximidad con los embarcaderos que se ubicaban en la desembocadura del arroyo Antoñico, y otra parte en el área de lo que es hoy la plaza 1º de Mayo, donde se ubicaba el fuerte inicial y se asentaron los primeros pobladores. La ciudad fue creciendo como pudo, sin ningún plan, y en la medida que las condiciones naturales se lo permitían”, dijo.
En este sentido, destacó que quienes habitaron la ciudad en sus orígenes, tenían un concepto de ciudad cuadricular, ya que provenían de Santa Fe, donde sí podían aplicarse las Leyes de Indias, que establecían las cuadrículas para la organización urbana. “Ahora, un territorio como el de Paraná, con subidas y bajadas, con cursos de agua que lo atraviesan constantemente hacían casi impracticable esa cuadrícula perfecta que en Santa Fe se había desarrollado tan bien por ser una llanura”, argumentó.
Pero, entonces, cuál fue el hito que marcó el comienzo de la planificación del espacio público en la capital entrerriana. “Hay una operación conjunta que gira en torno a la piedra fundamental de la Iglesia San Miguel, la traza de la plaza Alvear, y la traza y denominación definitiva de la Alameda de la Federación. Ese sería el primer proyecto urbanístico de la ciudad de Paraná. Y después, la otra propuesta se va a dar recién después del período confederal donde se marcaron disposiciones sobre las veredas, los lugares donde se debían faenar animales, y poner en práctica los enterratorios en el cementerio. Pero no será hasta después de 1872, con la Ley de Ejidos, en donde se marca una disposición concreta: se dispuso una superficie urbana con manzanas de determinadas dimensiones; a esa área la seguirá un anillo de quintas con manzanas del doble del tamaño de las urbanas; y un área de chacras con manzanas de 500 por 500. La ley señalaba que cada ciudad debía tener un plano catastral, y ese será el primer plan de la ciudad”

El plano de Vidaechea
“Es muy interesante ver cómo en su plano, Teodoro Vidaechea marca que las calles de la ciudad siguen hasta el borde del río, porque es una mirada que tiene que ver con ordenar, darle rigor moderno a la ciudad. Después de esos planos comenzarán a aparecer las propuestas urbanísticas, siendo la máxima el Monumento a Urquiza y el desarrollo del Parque”, relató la arquitecta
A partir de esos planos, se pudo dar una mirada moderna a los espacios públicos, inspirada en la mirada parisina con sus bulevares y paseos.

Vidaechea fue un agrimensor de el último cuarto del siglo XIX, cuyo aporte fue fundamental para el desarrollo de Paraná. Sin embargo, no hay mucha información sobre él. “Los agrimensores estaban relacionados a la masonería, entonces había una demanda de silencio en torno a ciertas cuestiones. Estuvimos investigando, incluso dimos con algunos descendientes, pero no pudimos obtener información”, destacó Melhem.
Antes de concluir la nota, aportó una interesante observación: “Si uno mira ese plano y lo compara con una foto aérea, no hay diferencias. Y uno se pregunta con qué instrumentos pudo lograr semejante precisión”.




 

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