Hoy por Hoy
Lunes 29 de Agosto de 2016

Para que nuestra compañera pase este trago amargo

Los trabajadores del diario UNO hemos quedado consternados por la acusación gratuita que sufrió nuestra compañera y colega Lucila Tosolino, y que corrió por las redes.
Lucila viajó al hospital Fidanza de Colonia Ensayo, realizó entrevistas a médicos, enfermeros, pacientes, personal administrativo, e incluso al director de la institución, y recibió también algún texto aportado por las autoridades de la institución.
Además tomó fotografías. Todo muy bien documentado y nos consta.
Esos ingredientes, propios de cualquier trabajo periodístico serio, confluyeron en un interesante reportaje publicado en la edición de UNO de este domingo.
Su aporte en la redacción y las fotos fue acompañado, además, por una infografía elaborada por nuestra compañera Ayelén Morales, que se desempeña precisamente en esos gráficos.
El caso es que dos estudiantes de la facultad de Ciencias de la Educación acusaron a Lucila de "plagio" y lo hicieron sin fundamentos y sin razón.
Ellas habían elaborado un trabajo sobre el Fidanza. Frente a esta imputación, y no sin sorpresa, leímos ambos textos y constatamos que no tienen ninguna relación, que no sea el tema: el hospital Fidanza.
No coinciden los testimonios, los nombres ni los datos sobre cantidad de empleados y pacientes porque están realizados en distintas fechas. Tampoco la extensión del predio del hospital, ni coinciden las descripciones del paisaje o del comportamiento de los entrevistados, ni el estilo de la redacción. Nada de nada.
La acusación ha sido gratuita, y es muy lamentable además porque ambos aportes se complementan. Está bueno también el trabajo de las estudiantes. No había por qué generar esta confrontación cuando todas estas jóvenes muestran un particular sensibilidad por la salud y la atención de las personas.
Como Lucila es nuestra colega y conocemos sus inquietudes y esfuerzos en el oficio, no encontramos explicación para el traspié de estas estudiantes, un error que ha llenado de pesadumbre hasta las lágrimas a nuestra joven compañera, por la impotencia ante una ofensa sin ton ni son.
Como trabajadores nos queda rogarles que se rectifiquen y pidan disculpas. Eso nomás. Si son personas de bien, y confiamos en ello, no dudarán en reparar el daño.
Todos podemos cometer un error, y lo hemos cometido sin dudas más de una vez en nuestro oficio. Lo que nos dignifica es saber reconocer y remediar.
Los trabajadores del diario UNO hemos conversado el tema y no salimos del asombro.
Pensamos que quizá las estudiantes no hayan advertido que los periodistas tenemos un capital único en el oficio: la credibilidad. Por eso la cuidamos y por eso comprendemos que nuestra compañera esté tan afligida.
Si perdemos la credibilidad ¿qué nos queda? No la podemos rifar así como así.
Es fácil revertir esta sensación: basta con rectificar y limpiar esa mancha que es inaceptable por donde se la mire. Seguro llegarán las disculpas, para cerrar como trabajadores este episodio que preferimos olvidar.
Estamos con nuestra compañera. Si ella hubiese cometido un desliz sería la primera en admitirlo y disculparse. Pero no es así. Por eso pedimos sinceramente a las estudiantes que no vean en esto, por favor, una respuesta corporativa. Nosotros somos críticos, no creemos que el periodismo deba quedar al margen del examen criterioso, al contrario.
Pero comprendan que nos sentimos indignados. Y lamentamos también que este macanazo haya sido replicado en las redes con irresponsabilidad.
Fue una macana que, con buena fe, sabremos olvidar.

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