A Fondo
Viernes 28 de Agosto de 2015

Palo y a la bolsa

Pablo Felizia / De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar


Desde los comienzos de la historia te reduje a la simple práctica de bordar banderas y cada vez que pinté a Juana Azurduy la llené de bigotes para que se parezca a un hombre. A lo largo del tiempo te dije de todo: bruja y te mandé a la hoguera; perra, zorra y gato cuando el puta me quedaba chico; la que limpia, estúpida y negra cuando me sobraba sueldo; o gorda cuando no era capaz de aceptarte como sos y te exigía frente a la televisión un cuerpo como el que aparecía en la pantalla. Objeto sexual nunca te dije, porque me cuesta pronunciarlo, pero te aseguro que alguna vez actué en consecuencia. Te he dicho de tantas formas y a veces creo que todos esos artilugios no son más que un reflejo de mi cobardía para llamarte mujer. 

Pienso que te maté de mil formas. Ahora te corté los brazos para que no luchés y la cabeza para que no pensés. Si te enterré fue para que no grités, para que no aparezcás, para que no seás, para que debajo de tus uñas no se note que diste pelea y te resististe, o que trataste de defenderte con todas tus fuerzas. 

Hubo veces que por ser pobre también te maltraté o, lo que es peor, traté de convencerte de que no trabajaras, que con mi plata alcanzaba para que te quedaras en casa; así goberné tu billetera a la espera de que me pidás todos los días para comprar la comida, un par de zapatos, los útiles de los chicos. 

Te condené a la cocina con cadena perpetua, a trabajos forzados con la limpieza del hogar; te grité cuando volví a casa y la cena estaba fría. 

En el trabajo siempre fuiste rapidita, de pocas pulgas, palo y a la bolsa. Te amordacé, no tanto por miedo a que hablés, sino porque esa era una manera de que tus ideas murieran con vos. 

A lo largo de la historia te tejé cautiva, te pasé para el cuarto y hasta muy entrado el siglo pasado no acepté tu voto como válido. “Qué vas a pensar vos”, te aleccioné más de una vez. 

Ahora te vuelvo a matar, una y otra vez; y no me siento culpable, no sé. 

Creo que no todos somos iguales, pero hay algo colectivo que debe ser transformado; hay también responsables que ocupan justo el lugar indicado para que esto se modifique y no ocurre. 

Te he llamado de tantas formas, las puedo volver a enumerar todas las veces que quiera y sin embargo vos, a pesar de todo, nunca abandonaste un puesto para luchar, jamás dejaste de reclamar, de tratar de demostrar que esto que pasa una y otra vez, algún día, de alguna manera, deberá cambiar.
 

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