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Martes 10 de Octubre de 2017

Una niña ciega tiene que cabalgar y caminar todos los días para ir a la escuela

La emocionante historia de Lucía, de 12 años. La directora de la institución contó: "Tiene muchísimas ganas de estudiar, jamás falta, viene a caballo y caminando con nieve y frío, o con sol y calor".

Tiene 12 años, es ciega de nacimiento y para ir a clases cada día cabalga una hora y camina otros 30 minutos para unir su hogar con el Ipem 137 de la comuna de La Paz, al sur del bien serrano valle de Traslasierra, en la provincia de Córdoba.



Lucía Montenegro aprendió el sistema Braille para poder leer y se supera cada día en una realidad rodeada de dificultades. Su alegría, su empeño y su voluntad iluminan a quienes la rodean.



A un desconocido le cuesta hablar con Lucía: su infancia aislada y sus condicionamientos ambientales han contribuido a una marcada timidez.



Pero la niña que bien conocen sus familiares y amigos es otra: exhibe un humor y una picardía constantes, y un carácter fuerte y chispeante a la vez.



"Para ser alguien en la vida"


Como un ruego, o una esperanza, ella lleva el nombre de la santa protectora de la vista, que su madre eligió cuando supo que su pequeña viviría su vida sin contar con ese sentido.


Cada mañana, con cualquier temperatura, Lucía "baja" cabalgando siete kilómetros de sierras desde el paraje Altos de Corralito, junto a su hermano Víctor, de 17 años, y su primo Emanuel, de 15. Dejan sus caballos pastando en el paraje Loma Bola y caminan media hora más hasta el colegio. Además de cursar, en la escuela también almuerzan y meriendan. Hacia las 18 emprenden su lento regreso.


En el invierno llegan de noche a su quebrada, en la que viven con su madre, Carmen, de 37 años, y una hermanita de 3 años. Su abuela y su tío habitan una vivienda cercana. Hasta hace pocos años, las casas eran ranchos que fueron sustituidos por viviendas más modernas de un plan oficial. La electricidad no llega aún a ese punto del mapa.


Cocinan con fuego y una vertiente cercana les asegura el agua. "Menos vacas, tenemos todo tipo de animales", explica Víctor, esquivando lo que no tienen.


Juntar leña, levantar los huevos de las aves y cocinar junto a su madre son tareas en las que Lucía contribuye a pesar de su limitación. Los suyos se sorprendieron viendo cómo, desde pequeña, "manejaba" los espacios en un terreno de montaña, tan irregular.


Cuando los caballos hacen falta en la casa, los varones caminan para bajar al pueblo y sólo Lucía lo hace cabalgando.


"Por el tipo de camino y los tiempos, creemos que un cuatriciclo sería un vehículo ideal para que puedan venir a la escuela", señala la directora del Ipem, Leticia Lovey, sugiriendo además que la única forma de conseguir el rodado sería una donación.



Integración y comunidad



"La materia que más me gusta es la hora libre", bromea Lucía ya en confianza y entre risas. Luego, dice que en realidad le gusta Lengua, y que adora las milanesas, las peras y la cumbia, que escucha en su casa y en las pocas emisoras de radio que "llegan" hasta esa altura. "Cuando sea grande" -dice- le gustaría "trabajar en algo".



Estela Sanz es docente especial y maestra integradora de Lucía y otros chicos con diferencias en el Ipem de La Paz, que cuenta con 250 alumnos. Ha trabajado en Buenos Aires y compara: "Aquí los chicos son más solidarios y hay menos discriminación con las diferencias, el ánimo comunitario ayuda". Y cuenta de Lucía: "Es responsable, comprensiva, perceptiva, está atenta a todo y pone mucho empeño; ella reconoce a la gente por sus pasos y sus voces".


Si bien Lucía sabe recorrer sola un establecimiento bastante bien adaptado en su accesibilidad para estar enclavado en las Sierras, siempre las compañeras la acompañan al baño o le ayudan en el comedor.



"Tiene muchísimas ganas de estudiar, jamás falta, viene a caballo y caminando con nieve y frío, o con sol y calor; es alegre, agradable y cuenta con el apoyo de su familia", afirma Leticia, la directora del Ipem de La Paz al diario La Voz de Córdoba.

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