Ciclismo
Viernes 25 de Agosto de 2017

Pedalear contra viento y marea

Agustina es cipoleña y siempre disfrutó de andar en bicicleta. Cuando pensó que no lo podría hacer más descubrió una bici adaptada y ahora pedalea con Ciro. La crianza de su hijo la enfrentó con una realidad: las ciudades no son accesibles para las personas, menos para las que tienen alguna discapacidad.

Agustina González es cipoleña, y desde hace años que se moviliza en bici, no solo por lo económico y saludable, sino también porque lo disfruta. Siempre que el clima lo permitía, pedaleaba para ir a la facultad y al trabajo, y no tenía en mente comprar un auto. Hace 6 años nació su primer hijo, Ciro, y de allí en adelante una parte de su mirada sobre el mundo cambió.

Luego de pasar un tiempo internado en neonatología, a Ciro le diagnosticaron síndrome de West, y la realidad de ella y su pareja pasaron a segundo plano: todo se concentró en procurar un mundo más amable y accesible para su hijo. Sospechaban que no sería fácil.

Andar en bicicleta es, además de una actividad saludable, un acto de rebelión contra la lógica de las ciudades que son y fueron planificadas para los automóviles. Agustina lo vive así.

"Ciro fue creciendo y al año ya casi no se movía. Andar en bicicleta se volvió un tema muy delicado, de hecho no me volví a subir a una por mucho tiempo", reconoció con tristeza. El auto no tardó en llegar, y el abanico de lugares a los que ella y su familia podían asistir empezó a verse severamente limitado: "Si él no puede ir, yo no quiero ir tampoco", resolvió y entendió que de esta forma "empezó a cambiar la perspectiva que tenía sobre la ciudad".

Comenzó a comprender que no solo no están pensadas para las personas sino que además no son accesibles. Menos aún para las personas con discapacidad. Entendió, por ejemplo, que no alcanza con que un comercio tenga un cartel informando que tienen a disposición una rampa. "La rampa tiene que estar. ¿Es necesario tener que pedirla?", se preguntó.


Volver a la bici

Tras varios años de creer que movilizarse por la ciudad en bicicleta sería cosa del pasado, un familiar encontró a través de una publicación compartida en Facebook, una bici adaptada que puso a Agustina en contacto con muchas otras madres de todo el país y en similares circunstancias: todas querían una "Ernibike" para sus hijos e hijas con discapacidad.

Este novedoso invento permitió que Ciro pudiera pedalear, acompañado de alguno de sus padres dirigiéndolo. Se trata de una bicicleta de tres ruedas unificada a una silla postural ergonómica, que se puede desacoplar según la necesidad, y que además ayuda en su desarrollo motriz y respiratorio. También representa un avance en inclusión, permitiendo que Ciro pueda andar en bicicleta, al igual que el resto de los niños. "Nos cambió la perspectiva de que no se puede, a poder", resumió Agustina, que volvió a vivir el ciclismo, pero esta vez para compartirlo con su hijo. Es más, es posible verla a ella pedaleando por las calles de la ciudad en compañía de Ciro. Ahora sólo usa el auto cuando llueve o en circunstancias especiales.

"Cuando hablamos de inclusión pareciera que se piensa: ´le vamos a dar a todos lo mismo´, pero no pasa por ahí, sino en darle a todos lo que cada uno necesita para poder tener las mismas oportunidades", reflexionó Agustina.

Y fue un poco más allá: "No sirve, por ejemplo, que Ciro pueda ir al jardín, sino que además es necesario que el jardín tenga todas las adaptaciones para que él pueda hacer las mismas actividades que sus compañeros", agregó.


La bicicleta adaptada
La Ernibike fue creada por Diego Blas, durante los últimos años de la carrera de Ingeniería Industrial en Tucumán. El nombre hace honor a Ernesto, un vecino con discapacidad cuyos padres pidieron ayuda al joven. Lo novedoso es que las personas con discapacidad pueden pedalear indirectamente, ya que sus pedales se activan cuando el conductor comienza el movimiento. El ritmo es más lento, pero ayuda a la rehabilitación motriz.


Fuente: www.rionegro.com.ar.

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