Selección Argentina
Sábado 02 de Julio de 2016

País mesiánico

Opinión.

Desde el pitazo final que consagró a Chile campeón de América y a Argentina subcampeón, el país entró en la clásica caída libre, desesperada, buscando culpables de semejante afrenta.

Desde Messi hasta Higuaín, desde Romero hasta Biglia. Todo jugador que calzara la camiseta celeste y blanca merecía el escarnio. Y llegó la supuesta renuncia del 10 más brillante del siglo XXI a la Sele.

Fue asombrosa, triste, la reacción del periodismo, de los referentes sociales, de todos aquellos cercanos a los medios o en relación con ellos. La gente común, el hincha, fue más respetuoso, más sincero, emotivo y comprensivo.

Todos detrás del pibe que juega bien al fútbol. Todos buscando sacar una tajada sin importar el momento, ni la profesión ni nada. Desde una maestra nuestra que le pide que no abandone por sus gurises hasta conductores que quieren ser presidentes de algo, todos apurados en decirle lo suyo.

Hasta madres grabando a sus hijos llorando para subirlos a la red, en lugar de consolar a sus crías. De no creer. Hasta el Presidente, teóricamente ocupado en cosas más importantes que una copa de fútbol, salió rápido y presto a encabezar la cruzada por el retorno del que nunca se fue.

Todo un despropósito por donde se lo mire, enmarcado en el triunfalismo de siempre, del que servís si ganas, y si no, a otra cosa.

El paso de los días calmó las fieras, aplacó los ánimos inquisidores de aquellos que jamás han sentido la caricia de una pelota en el pie. Messi se fue de vacaciones, el resto de sus compañeros también. Volvemos a la rutina diaria, a sufrir el famoso "segundo semestre" de la abundancia que prometió el actual gobierno.

Ojalá esta calma futbolera permita un replanteo a esa madre que grabó a su nene llorando, incitándolo aún más, sin calmarlo, sin contenerlo; que la maestra entrerriana le ponga de ejemplo a los miles de laburantes diarios de nuestra provincia, que paran la olla de sus casas días y el conductor y nuestro presidente lo llamen para encarar campañas solidarias en pos de los que menos tienen.

El resto, es fútbol. Ganamos o perdemos. Pero es fútbol. Es cierto que nos hace feliz, que es importante para nosotros, pero todo con un límite. Que nuestros chicos lloren sí, pero consolémoslos, que nuestros gurises aprendan sí, pero de sus ejemplos más cercanos, diarios y alcanzables. Y dejemos a Messi que juegue y nada más. Como sabe, quiere y puede.

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