Feliz Día del Amig@
Jueves 20 de Julio de 2017

Dos y Uno

En el Día del Amigo, Sebastián Bértoli y el Negro Andrade contaron cómo nació su estrecho vínculo. De una "patada tremenda", al abrazo de ascenso. De querer devolverle la agresión, a padrino de su hijo. De ir a entrenar en moto, a jugadores profesionales. De Corrales y La Floresta, a jugar en la cancha de Boca.

Se conocieron en el club Patronato en 2004. Sebastián Bértoli había llegado un año antes. En agosto de 2003 firmó con el Rojinegro y debutó en setiembre en la Liga local. Walter Andrade lo hizo al otro año. Antes solo se habían enfrentado y el primer recuerdo fue muy hostil según recordó el Negro. "Lo tenía entre ceja y ceja porque en un partido Patronato contra Sportivo me salió a cortar con la rodilla en el pecho, una patada desubicada", contó ayer el defensor, que por aquel entonces ya le gustaba pisar el área contraria. "Estoy a tiempo de devolvérsela", exclamó entre risas.

A partir de allí caminaron juntos durante años y jugaron todas la categorías: del Argentino B a la Primera. Más de 13 años y alrededor de 400 partidos juntos forjaron una amistad real. "Hay amistades y amistades. Algunos amigos son de sentarte a comer y tomar algo y en este caso nos hicimos amigos con un mismo desafío, crecer en nuestra profesión, fortalecer el vínculo y llegar hasta donde llegamos", señaló el arquero capitán.

La diferencia de siete años no fue un obstáculo para compartir las mismas cosas. Seba nació el 16 de octubre de 1977 y Walter el 1º de diciembre de 1984. Su relación fue más allá del fútbol, salen juntos, van a pescar y comparten encuentros familiares.

Según el arquero, el vínculo más estrecho entre ambos nació cuando "lo pasaba a buscar para ir a entrenar". "¿Te acordás cuando nos volvíamos en la moto?", recordó el Negro entre risas con el mate en la mano. "En el Argentino B íbamos en la Kangoo y el Negro iba al lado de la sillita de Luca, mi hijo recién nacido", contó Bértoli. "Y en el Argentino A nos volvíamos en mi moto con los bolsos enormes, ja", agregó el Dos. "Después pasé al Peugeot 504", acotó el Negro.

A excepción de una temporada, durmieron en la misma habitación durante años porque siempre concentraron juntos. "Marcelo (Fuentes) dispuso durante un tiempo que concentráramos arquero con arquero, central con central y ahí fue la única vez que no estuvimos en la misma habitación", recordaron.

Noches de insomnio, ansiedad, presión, angustia y felicidad pasaron separados por una cama. "Recuerdo partidos previos a finales donde teníamos mucha tensión. Recuerdo cuando a Seba le temblaba la mano cuando se estaba afeitando y así un montón de historias", manifestó Andrade.

El Negro fue papá de Agustín que ahora tiene 4 años y tuvo el gesto de elegirlo como padrino, algo que Seba tomó con "mucho orgullo". "Más allá de la amistad, ser padrino de una criatura es un compromiso muy lindo y que un amigo te elija me llenó de emoción y me sorprendió, estoy muy agradecido", remarcó el capitán. El defensor confesó porqué lo eligió: "Porque lo conozco, sé lo que es como persona y por la amistad que tenemos". "Es una persona noble, confiable y tiene un sentimiento con los chicos que me gusta. Entonces todo eso hizo que tomara la decisión", declaró Andrade, que le devolvió la patada de aquella tarde con un gesto de amor, je.

El río es otro punto de encuentro. Allí encuentran la paz y una brisa de aire fresco para cortar con el estrés de la vorágine del fútbol. Si bien dicen ser ganadores como con la redonda, es imposible llevar las estadísticas de lo que han sacado con la caña. Quedará para la imaginación de cada uno. Lo que sí es real es que siendo profesionales casi se quedan varados en el Paraná. "Fuimos a Alvear a pescar de costa y vimos que había un baqueano. Le pedimos que nos llevara hasta la isla y nos dejó. Pero no teníamos señal, así que quedamos en que nos buscara al atardecer. Con el río picado y en una canoa con un motor Villa casi nos quedamos a mitad de camino. Por suerte el hombre la manejó bien", confesaron entre risas. "Si hubiésemos hecho 50 metros más capaz que nos quedábamos", aventuró el Negro.

La pesca ha quedado relegada en los últimos tiempos por las actividades de Bértoli. Al ser concejal, futbolista profesional y padre de familia el tiempo libre es prácticamente inexistente. La decisión de dedicarse a la política también se la comentó a su amigo, quien no dudó en decirle que le "meta para adelante". "Si bien era un desafío nuevo para él, un mundo distinto al del fútbol, lo veía con capacidad intelectual, con muchas ganas y estaba convencido de que no iba a fallar", remarcó.

"MIRÁ HASTA DÓNDE LLEGAMOS". El Uno y el Dos jugaron en todas las canchas. Desde la más humilde e inhóspita hasta las más impactantes. Y en eso de merodear estadios y conservar el diálogo en la previa de un partido sin que el murmullo o el ruido de la tribuna lo impida por su cercanía en la cancha, hubo un momento que les quedó grabado. El 16 de abril Patronato enfrentó a Boca en La Bombonera. "Cuando salimos a la cancha y nos estábamos moviendo unos minutos antes de que entrara Boca, paso por al lado de él y me dice 'Mirá Negro hasta donde llegamos', estábamos embobados mirando la gente y las bandejas. Tenía un algodón en la mano y me empiezo a reír y justo hay una foto que capta ese momento", mencionó Andrade sobre aquel memorable partido que terminó 1 a 1. "La subí al Facebook y la titulé. Le puse: de barrio Corrales y La Floresta, a La Bombonera", contó Seba.

LA CONFIANZA DE JUGAR AL LADO. "Es una tranquilidad saber que Seba está atrás mío en la cancha. Lo conozco, sé los rebote que da, su voz y dónde está parado. Juego tranquilo para atrás porque con los pies juega muy bien y eso te da confianza. Lo que ha construido en el arco es inmenso y desde abajo", manifestó el Negro sobre lo que significa jugar al lado de su amigo. Por su lado, Bértoli fue contundente. "Con el Negro voy a cualquier guerra", disparó. "Todas estas cosas que hemos pasado nos dan la tranquilidad de saber que contamos el uno con el otro. Hay situaciones de juego que decido no salir a buscar la pelota porque sé que él la gana. Entonces no salgo sabiendo el riesgo que implica cortar o chocar, porque tengo confianza en él y sé que de arriba no le ganan", remarcó el arquero de Patrón. "Nos miramos y sabemos si la tenemos que tirar afuera o salir jugando. Fue una construcción de años. Siempre la peleamos, siempre que ascendimos nos pusieron el rol de que si nos daba o no la siguiente categoría y lo tuvimos que demostrar siempre y eso nos fortaleció", reflexionó.



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