A Fondo
Lunes 05 de Enero de 2015

Otro shopping …

Liliana Bonarrigo / De la Redacción de UNO
lbonarrigo@uno.com.ar

 

 

Hace pocos días se dio a conocer el proyecto de un grupo inversor rosarino para instalar un paseo de compras en la exfábrica de fósforos de Paraná,


El predio, circundado por las calles Corrientes, San Lorenzo y San Juan es una media manzana con ubicación privilegiada. Tiene una construcción histórica y un hermoso arbolado, y está en desuso desde mediados de los 80, cuando cerró la Compañía General de Fósforos que le daba trabajo a decenas de paranaenses desde 1905.


Representantes de las firmas Di Santo SA y Fundar, a cargo del proyecto, se apresuraron en aclarar que se preservarán las viejas instalaciones y el arbolado en la construcción de emprendimientos de índole gastronómico, comercial, habitacional y recreativo. Tras la presentación, la intendenta Blanca Osuna consideró que el proyecto de inversión “va a ser beneficioso para todos” y remarcó “la generación de nuevos puestos de trabajo genuinos, el desarrollo comercial y la conformación de espacios recreativos y culturales”.


El decir que este proyecto “beneficiará a todos” es al menos una ingenuidad, ya que no hay nada más excluyente que un shopping.


Respecto a la “generación de puestos genuinos de trabajo”, habría que evaluar el impacto que tendrá el emprendimiento en los comercios de la zona ya que es sabido que los shoppings están ligados a la concentración económica. Los grupos que los manejan se asocian a entidades financieras para generar descuentos conjuntos que, junto a otras estrategias de ventas y marketing, pulverizan a los pequeños negocios locales. En cuanto a los dichos sobre la “conformación de espacios recreativos y culturales” es muy de los 90 asociar la idea de “consumo” con “cultura”. Por lo visto esta cosmovisión persiste en la clase política vernácula y va ganando espacios.


A la hora de defender la instalación de estos paseos de compras, entre los argumentos se destacan los horarios extendidos sin advertir que se está avanzando sobre un derecho laboral adquirido. En Navidad los shoppings porteños trabajaron de madrugada sin consultar qué opinaban sus empleados de la extensión de jornada laboral y si iba a ser debidamente remunerada. En general, cuando tratan de vender un proyecto de shopping, los funcionarios hacen hincapié en la recuperación de un espacio deteriorado o abandonado, nunca dicen que son, en parte, responsables de tal deterioro. Por su parte, los empresarios destacan, como aspectos positivos, sus diseños estéticos, la limpieza y la tranquilidad de un espacio cerrado e hipervigilado. Y esto es real. Para el consumista, el shopping es un espacio lúdico, una Meca limpia y segura que da sentido de pertenencia a una sociedad cada vez más replegada sobre lo privado y excluyente.


En este punto, más de uno opinará que la calle, las plazas y los parques ya no son seguros. Es verdad. Pero la lógica que sostiene la “cultura shopping” es la misma que sostiene políticas económicas que generan más marginados y delincuentes. 


Paraná tiene ejemplos sobrados de zonas con derecho de admisión, a las que solo acceden personas con suficiente poder adquisitivo para consumir o pagar una cuota. Aún así, un porcentaje de la población paranaense aún cree que la instalación de un nuevo shopping significará “progreso” y “trabajo”.


Choca, además, el hecho de que estas reconversiones urbanas hacia el ocio consumista se hagan en sitios que fueron productivos como el Mercado La Paz o la Fábrica de Fósforos, o de acceso público como el Hipódromo. En este caso emblemático, y a cuatro años del desmantelamiento de la pista de carreras, los studs y el Jockey Club, los paranaenses aún no han visto ni un solo ladrillo colocado por la empresa Libertad SA. Los vecinos, en cambio, se fueron apropiando de esas calles ociosas, que hoy son utilizadas para estacionar autos y para actividades aeróbicas, tal es la necesidad de la gente de contar con espacios de esparcimiento de libre circulación.


El desarrollo urbano consensuado con la ciudadanía para orientar las inversiones es algo que nunca se ha aplicado en Paraná. Si, para variar, se escuchara a los vecinos antes de hacer negocios, muchos funcionarios se darían cuenta que los shoppings no están entre las prioridades de los paranaenses.


Se podría justificar un nuevo shopping en una ciudad sin carencias. Donde la mayoría de la población tuviese posibilidades económicas para acceder a estos espacios de ocio y consumo de bienes. Construirlos en una ciudad donde proliferan los asentamientos precarios, la basura y los pozos en las calles es, al menos, incoherente si se predica pertenencia a un Estado que incluye y distribuye las riquezas. 

 

 

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