La Provincia
Domingo 26 de Julio de 2015

Otra vida que se apaga sin razón, pone en alerta a una comunidad

Un joven se quitó la vida. En la escuela Guadalupe abordarán un problema que ya no se puede esconder

Marcelo Comas/De la Redacción de UNO
mcomas@uno.com.ar

J. tenía la costumbre de escribir frases en el Facebook que marcaban su estado de ánimo, pero que también hablaban de sus gustos personales. “Estoy saliendo para la escuela”, había posteado hace poco tiempo, según recuerda una de sus profesoras. Su entorno asegura que para él la Guadalupe, la escuela donde cursaba el 1º año en el turno tarde, significaba su espacio de contención, de socialización, todo un escape. Aunque su vida se apagó a los 14 años, demasiado pronto, tras tomar la decisión de quitarse la vida. No es el primer caso de suicidio adolescente en la zona, ni tampoco será el último, pero marca una realidad cada vez más preocupante que conmueve a docentes, padres y a toda una comunidad. UNO en su edición del 24 de noviembre de 2014 había abordado el tema de jóvenes que habían puesto fin a su vida de la forma más inesperada, pero también la que más duele en el círculo familiar y de amigos, porque por más que se busquen explicaciones razonables no se las encuentra. En ese artículo se contaba sobre varios episodios similares ocurridos en barrio El Sol, San Agustín, Mosconi, Humito o Las Flores. Esta vez la muerte de un alumno golpeó de cerca a la barriada de La Floresta, pero el drama se sintió con más fuerza en la escuela N˚ 28 Nuestra Señora de Guadalupe. Sucedió el miércoles de la primera semana de vacaciones de invierno, justamente cuando J. dejó de compartir horas con sus compañeros de curso y se recluyó en su casa ubicada en inmediaciones del Volcadero y de la parroquia que lleva el mismo nombre de la entidad educativa.
“Comentábamos la vulnerabilidad en la que estaban nuestros chicos, un adolescente ya de por sí es vulnerable, por todo lo que conlleva la adolescencia, del sufrimiento, de alegría, esos cambios de humor. Pero nuestros chicos es como que tienen un plus de vulnerabilidad, dado que viven situaciones cotidianas más difíciles y eso agregado a una cuota de vidas muy duras”, cuenta a modo de radiografía la rectora de la escuela Guadalupe, Claudia Geist.
En medio de todo, la droga
J. vivía con su mamá, aunque también lidiaba con el severo problema de adicción que padecía su hermano mayor. Ambos concurrían a la escuela ubicada en calle República de Siria, pero el mayor interrumpió su formación educativa para afrontar un tratamiento de rehabilitación. “Con él habíamos hecho un recorrido por las materias para que él hiciera, porque era insostenible tenerlo toda una tarde: cuando sufría el síndrome de abstinencia y necesitaba consumir algo se nos volvía muy difícil mantenerlo en el aula”, explica la docente.
Todavía paralizada por la tristeza, la profesora piensa cómo habrá influido en J. el problema con las drogas de su hermano, mientras afuera la escuela está envuelta por el silencio y recién se acaba de retirar el proveedor de garrafas. “Habría que ver qué se le pasó por la cabeza, porque en realidad estaba esperando que su hermano volviera. Fue una sorpresa para sus amigos, para todos, por eso nadie puede explicar qué es lo que llevó a que él se suicidara. Cuando nos avisaron nadie podía creer que fuera ese chico. Nada hacía suponer que fuera a tomar una decisión tan drástica. Tenía 14 años, porque era repitente”, relató aún sin poder elaborar el significado que tiene este hecho.

Aprender entre la violencia
La directiva reveló una serie de manifestaciones de violencia que había expresado el adolescente en el contexto del ámbito escolar. Habló de un notorio cambio de conducta entre el año pasado y el actual, poco habituales en él. “No era un chico que tuviera grandes problemas en la escuela, justo estaba en un grupo que tal vez no ayudó, porque era un grupo que estaba teniendo problemas de bullying. Empezamos con algunos talleres para abordar esta problemática con el equipo conformado por una psicóloga, una psicopedagoga y una asistente social”, reflexionó Geist.
De todos modos evitó vincular este hecho con la escalada de violencia escolar. Si bien existen varias circunstancias que pudieron conducir a este trágico final, para la educadora no se advierte -en este en particular- un motivo que haya sido el disparador. “Nosotros hemos visto cómo ha habido un aumento de la violencia a nivel institucional, pero es algo que está en la sociedad y que se trae para la escuela. Porque los chicos están insertos en la sociedad. Han aumentado los casos de violencia entre los chicos, violencia por nada, violencia porque te miré, porque me chocaste sin querer”, graficó.
Geist subrayó que el dolor tiene que ser el combustible para afianzar redes de trabajo entre la comunidad educativa, sobre todo enfocado en lo que ocurre puertas adentro con los alumnos. “Tenemos que hablar del proyecto de vida, qué cosas ellos tienen presente y pensado para su vida. Hay que encarar todo el tema del contexto en el que viven, qué cosas se pueden cambiar”, describió.

La adolescencia, etapa inestable
Consultado en relación a esta problemática el psicoanalista con experiencia en el trabajo con adolescentes y adultos Mariano Jáuregui, señaló: “Sin conocer el caso, haciendo una apreciación general, podemos encontrar como un factor a la carencia de una estructura personal para sostenerse y de su medio social, ni una red de contención socio familiar”.
Pero Jáuregui no solo se quedó con esa perspectiva, sino que también habló de un conjunto de aspectos sociales: “Son situaciones de desesperación, falta de recursos y de profunda angustia. La psicología tradicional engloba en la adolescencia situaciones de conflicto profundo, por lo hormonal, lo físico y concluyendo en lo social. La adolescencia tiene una característica de inestabilidad, y en el caso de estos jóvenes lo llevan a madurar más rápido y encuentra un factor principal en cómo se vivió esa etapa”.

El recuerdo de sus compañeros
Para los compañeros de J. resultó difícil encontrar las palabras para despedirlo. Como la inesperada partida de su compañero se produjo en el medio del receso, muchos de ellos eligieron darle el último adiós a través de una pantalla: el Facebook.
Bastó que uno se animara para que los demás lo replicaran. Hablando es cuando brotan las emociones, pero seguramente la vuelta a clases será el momento de poder enfrentar el dolor, contando lo que les pasa y les pasó en torno a una muerte que siempre envuelve varios significados.
Respecto del tratamiento que se le dará puertas adentro a esta problemática, Claudia Geist consignó: “En una institución todos somos importantes, cuando falta uno eso se siente. Primero hay que hablarlo con los chicos, para que ellos también puedan expresarse. En parte el suicidio se emparenta con la soledad, que pasa por un momento de la vida, de la existencia, que uno cree que no tiene a nadie y que lo lleva a tomar determinadas decisiones”.

Comentarios