Femicidio
Martes 08 de Noviembre de 2016

Ola de femicidios en Entre Ríos: hubo ocho víctimas en 27 horas

Seis muertos y dos heridos graves, en tres ataques en Paraná, Concordia y Concepción

Entre las 21.30 del sábado y las 0.30 de ayer, la violencia machista se cobró ocho víctimas (seis muertas y dos heridas) en tres ciudades de Entre Ríos. Por esta ola de femicidios que también sacude al país, hay dos detenidos y un tercer atacante que se suicidó.

El sábado por la noche, costaba caer en lo que había sucedido en el noroeste de Paraná. Con unos 10 minutos de diferencia, Orlando Ojeda, de 46 años, mató a balazos a su exnovia, Romina Ibarra, de 37, en Mosconi, y a su exesposa y madre de sus hijos, Lidia Milessi, de 45, en el barrio Los Gobernadores. Ayer por la mañana, el asesino no declaró y por la tarde lo trasladaron a la Unidad Penal. Una multitud desconsolada despidió a las víctimas en el cementerio municipal. Ojeda dejó, además, a cinco hijos huérfanos.

Nadie salía del escozor cuando, el domingo después del mediodía, en Concordia, Miguel Ángel Rodríguez, alias Tarta, de 48 años, fue a la casa de su expareja, en calle Santiago del Estero casi Formosa, del barrio Benito Legerén. Con un revólver calibre 32 le disparó dos veces a Evangelina Moledo, de 33 años, y al novio de la mujer, Luis Walter Chamorro, adelante de sus hijas de 3 y 13 años. Luego fue a su casa y se suicidó. Moledo sigue peleando por su vida.

Ayer por la mañana los entrerrianos amanecieron, ya incrédulos, con la noticia de otra masacre: pasada la medianoche del domingo, Juan Pablo Ledesma, de 23 años, entró con una cuchilla a la casa de su expareja, en el barrio 134 viviendas de Concepción del Uruguay. Mató a puñaladas a Johana Carranza, de 23 años, a su novio Carlos Peralta, de la misma edad, y degolló a las dos hijas que tenía con la joven, Luciana y Candela, de 5 y 7 años. Cuando llegó la Policía estaba herido, al parecer se quiso suicidar.

La sangre de mujeres, y de sus seres queridos, víctimas de los violentos, parece aún no conmover a nadie que deba tomar decisiones de fondo ante esta escalada homicida.

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Lidia Milessi tenía 45 años
Lidia Milessi tenía 45 años
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Romina Ibarra, 37 años 
Romina Ibarra, 37 años


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Consciente y sin culpa, no declaró


Orlando Ojeda se encuentra tranquilo en su celda. Está plenamente consciente de lo que hizo, cree que era lo que debía hacer: no parece sentir culpa. Ayer al mediodía lo subieron al despacho de los fiscales y le imputaron cuatro delitos: dos homicidios y dos intentos de homicidio. Él se abstuvo de declarar y acordó cumplir prisión preventiva por 90 días. Por la tarde, el suboficial de la Prefectura Naval Argentina fue trasladado a la Unidad Penal 1 y alojado en el pabellón donde cumplen sentencia integrantes de fuerzas de seguridad. A los 46 años, le espera un juicio y una casi segura condena.

Los fiscales Juan Francisco Ramírez Montrull y María Eugenia Smith reconstruyeron los pasos que dio en la masacre que perpetró el sábado a la noche, lo que evidencia que no actuó por impulso sino que cumplió con un plan: a las 21.25 se recibe el llamado telefónico en la comisaría quinta por los disparos que sucedieron en la casa de Romina Ibarra, en la cortada 538. Minutos antes, Ojeda había llegado a la vivienda de su exnovia, golpeó la puerta y abrieron dos niños, de 11 y 13 años. Los chicos, al verlo, quisieron cerrarla de inmediato, pero el asesino irrumpió por la fuerza. En el comedor apareció Romina y Ojeda le disparó en el pecho, a menos de 40 centímetros de distancia. La mujer cayó y se dio vuelta en un intento de huir hacia las habitaciones, pero en el pasillo su expareja la ultimó con un tiro en un costado de la cabeza, cuando estaba en el piso. Un tercer disparo había impactado en una pared.

Ojeda salió de la casa y vio que se le iba encima un vecino, Guillermo Suárez, de 27 años. Antes de que lo interceptara le apuntó y le disparó en el pecho. El joven fue intervenido en el hospital San Martín y sobrevivió. Otras personas que también escucharon las estampidas salieron de sus casas y el asesino efectuó varios disparos más, de manera intimidatoria. Se subió a su moto Honda Tornado y se fue en busca de su segunda víctima.

Unos 10 minutos de viaje habrá tenido hasta llegar a la vivienda de calle Medus y Antelo, donde vivía su exesposa, Lidia Milessi, con quien tenía tres hijos. Hay dos versiones sobre cómo pudo entrar: una es que la mujer le abrió tras sentir que alguien llamaba a la puerta. Otra es que forzó el portón. Una vecina escuchó unos breves gritos, ni siquiera una discusión, que podría ser de la sorpresa y el susto de Lidia al ver a su asesino. Un disparo en la frente terminó con su vida. El hijo mayor, de 19 años, se estaba bañando. Sabía lo que había pasado y no quiso salir a ver la escena. Los otros dos hijos adolescentes justo se habían cruzado al almacén a hacer unas compras. Escucharon los disparos y al regresar vieron a su madre muerta, y a su padre huyendo.


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Asesino. Ojeda quedó preso. 
Asesino. Ojeda quedó preso.


Cuando Ojeda llegaba a su casa de la Cortada M de Bajada Grande, cerca de calle Larramendi, lo estaban esperando los efectivos del 911. Hubo un forcejeo hasta que lo redujeron, aunque algunos dicen que se entregó: Ojeda se jactaba de haberse entregado ya que si quería, con su arma y experiencia mataba a todos los policías.

En el trayecto de una casa a otra, Ojeda supo esquivar las cámaras del sistema de videovigilancia, para no quedar registrado. Como Ibarra era una cabo del 911, tenía el plano con la ubicación de las cámaras, a la que el hombre habría tenido acceso y por lo tanto conocimiento de dónde estaban. Entre lo que el femicida y la cultura machista entiende por motivos, se supo que ayer iba a tener una audiencia de mediación en Tribunales por la cuota alimentaria que debía abonar por los hijos que tenía con Milessi, y que no quería seguir abonando. Sobre Ibarra, se mencionó que hace dos meses había finalizado la relación, y él insistía en regresar.

Sobre la investigación, se informó que los fiscales se entrevistaron con los testigos de ambos hechos; se esperan los resultados de las autopsias, que preliminarmente los médicos forenses indicaron que los disparos se efectuaron a corta distancia; se aguarda por el resultado de la pericia balística, que confirmaría que las vainas secuestradas en ambas escenas del crimen fueron efectuadas por la pistola calibre 9 milímetros que le secuestraron al hombre en la detención, y que es la reglamentaria que le proveyó el Estado. En los próximos días declararán en la Fiscalía los testigos, y en cámara Gesell los menores.

Uno de los asuntos controvertidos es sobre la existencia de denuncias por violencia de género contra Ojeda. Oficialmente se cuenta con una denuncia por violencia por parte de Milessi en 2009, en el Juzgado de Familia. No se sabe si esto fue informado a Prefectura para evaluar la tenencia del arma por parte del asesino ni qué consecuencias tuvo esto en el ámbito administrativo del Ministerio de Seguridad de la Nación. Por otra parte, familiares de Ibarra manifestaron que ella había denunciado a su ex, pero esto no consta en la Fiscalía.


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Evangelina pelea por su vida


El domingo al mediodía, en el barrio Benito Legerén de Concordia, Miguel Ángel Rodríguez, alias Tarta, de 48 años, llegó a la casa de Evangelina Moledo, de 33 años, y le disparó un balazo que impactó en el cuello y le afectó la arteria yugular, por lo que la mujer está entre la vida y la muerte en Terapia Intensiva del hospital Masvernat. También arremetió a tiros contra el actual novio de la mujer, Luis Walter Chamorro, quien está fuera de peligro. Todo sucedió a los ojos de una niña de 3 años, una de los tres hijos de la mujer y el agresor.

La Policía desplegó un amplio operativo policial en la vivienda ubicada en calle Santiago del Estero, llegaron los fiscales y los uniformados de Criminalística, quienes tomaron las huellas, recolectaron testimonios de vecinos y hallaron las vainas en la entrada de la casa.

Rodríguez ya tenía antecedentes de agredir a su expareja, incluso testigos reconocieron recientes hechos en donde la mujer terminó con lesiones graves en sus costillas, y se habían separado hace unos tres meses.

Luego del intento de femicidio, el agresor regresó a su casa de calle Cerrito y se suicidó de un tiro en la cabeza. Los policías llegaron a la vivienda y lo encontraron tirado en el piso del living, boca abajo, junto al revólver cromado con cachas de madera, calibre 32.

Moledo fue sometida ayer a una tomografía que confirmó un parte muy delicado, ya que el proyectil afectó la arteria yugular y provocó una importante pérdida de sangre. Pero también impactó y fracturó la quinta vértebra de la columna, por lo que podría tener graves secuelas motrices. La mujer ingresó el domingo a la Guardia sin signos vitales, y tras la reanimación lograron sacarla del paro, y así la ingresaron al quirófano. Anoche en el último parte médico se indicó que la mujer podría perder la movilidad de su cuerpo.

En tanto, Chamorro presentó heridas de arma de fuego en el hombro izquierdo y otro en el rostro, pero que fue más superficial, por lo que se encuentra fuera de peligro.

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Concepción: mató a la ex, al novio y a sus dos hijas

El domingo a la noche Juan Pablo Ledesma estaba en su casa de Basavilbaso junto a sus padres y sus dos hijas, Luciana, de 5 años, y Candela, de 7. Les dijo a las nenas: "Despídanse de sus abuelos que nos vamos". Y partieron hacia Concepción del Uruguay para dejarlas en la casa de Johana Carranza, la madre de las niñas, en el barrio 134 viviendas. El hombre tenía una orden de restricción de acercamiento a Johana y su vivienda por violencia de género, del mes de agosto. Estaba a pocos días de cumplirse, y luego iba a ser revisada nuevamente.

Después de la medianoche, vecinos de esta casa llamaron a la Policía porque escucharon los gritos de una fuerte discusión. Cuando llegó el móvil de la comisaría, observó que todo estaba en silencio, nadie contestó a la puerta, y se retiraron.

Unas horas después llegaron a esa misma casa los padres de Ledesma, porque había dejado en Basavilbaso las mochilas de las nenas con las cosas de la escuela. Lo estaban llamando por teléfono y no los atendía. Nadie atendió tampoco en la vivienda y alcanzaron a ver por la ventana algo raro, como un cuerpo tirado. Llamaron a la Policía, los uniformados constataron las sospechas y llamaron a la fiscal Melisa Ríos. Decidieron entrar y se encontraron con una escena tan sangrienta como impensada, que nunca borrarán de sus memorias: cinco cuerpos yacían en el comedor y una habitación. El único con signos vitales era el de Ledesma, quien fue trasladado al hospital Urquiza, donde permanece en estado crítico.

En la cocina comedor estaban los cuerpos sin vida de Johana y de su novio, Carlos Vicente Peralta, de 23 años, con múltiples heridas de arma blanca. En las habitaciones, los de Luciana y candela, degolladas.

En el lugar, el personal de Criminalística realizó el relevamiento y la planimetría, se levantaron muestras de sangre, y se secuestró el arma blanca, con una hoja de unos 25 centímetros. Los cadáveres fueron trasladados a la morgue de Oro Verde para realizar las autopsias que develarán datos fundamentales: cantidad de heridas en vida y posmortem, su dirección y profundidad, el tipo de arma blanca que las causó, la cronología de quién murió primero y quién después, entre otros.

Aún no se pudieron analizar las heridas de Ledesma, pero se sabe que son alrededor de 10, todas en la zona del tórax, en la parte superior, y hay una que le afectó un pulmón que es la que comprometió su vida.

La principal hipótesis es que el sujeto mató a las cuatro personas y luego quiso suicidarse. Pero esto se podrá corroborar con los informes médicos, más adelante, ya que no se descarta que algunas heridas sean por el accionar de las víctimas en su defensa.

Otro dato hace pensar que existía un plan: la orden judicial indicaba que eran los abuelos paternos quienes debían buscar y llevar a las niñas, pero esa noche lo hizo el padre, ya que tenía la orden de restricción. Esto, más la despedida que a los abuelos les llamó la atención, hace presumir de que Ledesma tenía todo pensado.

La investigación no tiene testigos presenciales, solo los circunstanciales y el vecino que escuchó los gritos.


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Johana había denunciado a su asesino en agosto. 
Johana había denunciado a su asesino en agosto.
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Juan Pablo Ledesma
Juan Pablo Ledesma

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