A Fondo
Jueves 05 de Febrero de 2015

Ojo que se quedan con nuestra plata

Marcelo Medina / De la Redacción de UNO
mmedina@uno.com.ar

 


Hace pocos días, mirando el programa Economía Política, de Roberto Navarro, que se emite por C5N me enteré de la estrategia de una gran compañía alimenticia para apropiarse de una mayor porción de renta destruyendo a su competidor y, obviamente, quedándose con nuestra plata.


La historia, según refirió Navarro, es más o menos así: la Secretaría de Comercio Interior investiga a Molinos Ríos de la Plata por abuso de posición dominante. En 2014 esta empresa aumentó sus productos un 50% y por ser el mayor vendedor de alimentos les habría prohibido a los supermercados vender las marcas de su competidor, Maxiconsumo, que produce Marolio y Molto. 


Para saber a qué empresa pertenece el producto hay que mirar debajo de las marcas. La mayoría de los productos que tenemos en la alacena son Molinos, porque esta compañía ha logrado lentamente quedarse con otras firmas. La estrategia competitiva que desarrolla es comprar a sus rivales en góndola. Esto sucede porque no hay un severo control. Por ejemplo, Molinos vendía Nobleza Gaucha y tras años de competencia compró Cruz de Malta. También la firma ofrecía fideos Matarazzo, pero después se quedó con Lucchetti y lo mismo hizo con Arroz Gallo, que antes competía con Molinos, pero finalmente cedió.


Los problemas no son nuevos y la falta de control de los organismos, tampoco. Nación, provincias y municipios tienen organismos para controlar precios y otros cuestiones ligadas al comercios, pero a mi entender no funcionan bien. La pelea entre estos dos gigantes, que quieren ganar plata –lo que es legal y más en el sistema capitalista– empezó cuando Maxiconsumo se metió en los súper. Sucedía que antes esta empresa sólo era mayorista de almacenes, pero al ver que las ganancias en los alimentos son muy altas, pero muy altas, se largaron a competir con una empresa que hoy los está tratando de liquidar.


Molinos quiere comprar a Maxiconsumo. La Secretaría de Comercio está tratando de evitar que esto suceda porque si sucede sólo quedará una gran compañía alimenticia y todos seríamos rehenes de sus precios. Si bien cada uno compra lo que quiere, es bueno mirar los precios. El aceite Marolio de Maxiconsumo, y Cocinero, de Molinos, son el mismo aceite porque aquel elemento se compra a granel; en realidad Marolio hace el aceite Cocinero. Uno cuesta alrededor de 8,46 pesos y el otro 12,52, lo que significa un 52% más caro. Las mismas diferencias, o similares, las encontramos en otros productos. Pero si usted va al súper, está complicado encontrar productos de Maxiconsumo porque las grandes cadenas no los están comprando para no tener problemas con Molinos. Esta estrategia lo único que hace es afectar al consumidor final, o sea al ciudadano que no encuentra las ofertas que le permitirían estirar los magros sueldos que perciben la mayoría de los trabajadores en Argentina. 


La Secretaría de Comercio de la Nación pretende aplicar una multa de 100.000 millones de pesos. En caso de aplicarla habrá que ver si Molinos la paga, porque no todos cumplen los fallos judiciales. Ya lo dijo José Hernández en el Martín Fierro: “la ley es tela de araña y en mi ignorancia lo explico, no la tema el hombre rico, no la tema el que mande, pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos”. La justicia es ciega, pero con los grupos económicos no se mete.


Hay un caso testigo: la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland y las empresas Juan Minetti, Loma Negra Ciasa, Cementos San Martín SA, Cementos Avellaneda SA y Petroquímica Comodoro Rivadavia fueron acusadas en 2005 de cartelización, que en la práctica significa la acción de un grupo de empresas pertenecientes a un sector determinado que `acuerdan´ los precios que ofrecerán en un mercado que dominan. Esta práctica también se conoce como oligopolio. La denuncia original se presentó cuando Roberto Lavagna estaba al frente del Ministerio de Economía (2005), al mismo tiempo en que José Sbatella ocupaba el cargo de subsecretario de Defensa de la Competencia. Luego de descubrir la maniobra de las seis compañías, el Estado las multó con 310 millones de pesos. Ninguna pagó.

 

El caso está en la Corte. Lo peor de todos que los únicos perjudicados somos nosotros los ciudadanos que mientras tantos compramos la bolsa de Portland al precio que ellos quieren. Creo, penosamente, que José Hernández no ha dejado de tener razón cuando pintó con tanta precisión las injusticias que padecemos quienes sólo vivimos de los salarios que obtenemos con nuestro esfuerzo y sacrificio, mientras otros de hacen el festín saqueando los pobres aumentos que apenas nos ubican por encima de la creciente inflación.

 

 

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