A Fondo
Martes 29 de Diciembre de 2015

Nos toman de giles, pero todo tiene un límite

Marcelo Medina/ De la Redacción de UNO
mmedina@uno.com.ar

La gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y sus ministros se victimizan cuando hablan de la fuga de los hermanos Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci. Los tres estaban alojados en el penal de General Alvear, condenados a prisión perpetua por los asesinatos de Leopoldo Bina, Damián Ferrón y Sebastián Forza en 2008. Los tres tenían monitoreo permanente, ya que Martín había aparecido en plena campaña electoral denunciando que Aníbal Fernández, exjefe de Gabinete, había dado la orden de ejecutar el crimen. Esa denuncia aparentemente ponía en riesgo sus vidas. O sea, eran tres sicarios con miedo, que de la noche a la mañana cambiaron y se volvieron buenos.
“Más vale que los capturen vivos y vuelvan a la cárcel porque si no los responsables serán Vidal y su ministro de seguridad, (Cristian) Ritondo”, consideró el senador mandato cumplido Fernández en su cuenta de Facebook. A Aníbal le conviene que su denunciante esté vivo, ya que él se declara inocente y cree que fue víctima de una campaña mediática. Por ende se desprende que a los incitadores de la denuncia les conviene que aparezcan muertos o no aparezcan.
El agrado de los condenados o por lo menos de Martín Lanatta con Cambiemos es público. El 31 de octubre de 2015, el periodista Francisco Olivera del diario La Nación, que durante el gobierno kirchnerista no podía ser tildado de oficialista, publicó que “todo el penal de General Alvear había votado en contra de Aníbal Fernández, por lo que, tras hacerse públicos los resultados de las elecciones bonaerenses, hubo euforia entre condenados y guardiacárceles (...) El domingo hubo festejos en la cárcel. Atento al resultado electoral, Martín Lanatta (...) se sobresaltó frente al televisor del penal de General Alvear. Y, allí, mientras la pantalla mostraba a los incrédulos que María Eugenia Vidal le llevaba cinco puntos de ventaja en la provincia de Buenos Aires a Aníbal Fernández, sobrevino lo insólito: un guardiacárcel abrió la celda y se abrazó con el prisionero”. Es todo muy sospechoso. Ayer leí y escuché cientos de opiniones. Están los que solo culpan al Servicio Penitenciario, al kirchnerismo y a Daniel Scioli de la fuga. Y después están los que creen que esto es una devolución de favores y que el futuro de los Lanatta, más que incierto, está bajo tierra. El tiempo dirá quién tiene la razón.  

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