Hoy por Hoy
Domingo 18 de Septiembre de 2016

No será simple la campaña del año que viene para el peronismo

Desafío. Los gobernadores peronistas son socios en las pérdidas del macrismo y están casi obligados a acompañar medidas poco populares para garantizar sus gestiones. La elección legislativa se aproxima

Esta semana el gobierno nacional reconoció que no va a cumplir una de sus promesas de campaña más efectivas, de esas que se sienten en el bolsillo. "El Estado no tiene que quedarse con el fruto de tu trabajo. En mi gobierno, los trabajadores no van a pagar impuesto a las Ganancias. Ese es mi compromiso", prometía el hoy presidente Mauricio Macri en un spot en el que se lo veía recorriendo una fábrica y charlando con trabajadores sonrientes y esperanzados. Sin embargo, el ministro de Hacienda Alfonso Prat-Gay elaboró un proyecto de presupuesto donde Ganancias sigue igual, y dijo que las futuras acciones para atenuar el tributo serán graduales y pueden demandarle más de dos años a un gobierno al que le quedarán con suerte tres cuando se apruebe una nueva ley.

La explicación no constituye ninguna sorpresa. Prat-Gay señaló que la modificación del Mínimo no Imponible ya aplicada este año le restó al Gobierno y a las provincias recursos por 50.000 millones de pesos. Y que una nueva reducción resulta intolerable para la Nación y especialmente para las arcas provinciales.

El equipo económico del macrismo siempre supo que era imposible eliminar el cobro de este impuesto a los trabajadores de un día para otro. Hay medidas que se anuncian en campaña y después no se cumplen, y de eso hay una larga historia. Hay otras medidas, como el tarifazo energético, que sirven para medir la capacidad de resistencia de la población. Y en general, en las medidas que la Nación toma a favor de algún sector de la población, las provincias son socias en las pérdidas, como ocurrió con la suba del Mínimo no Imponible o con la exención del IVA a algunos productos.

En este contexto, el gobierno nacional enviará al Congreso un proyecto para modificar Ganancias muy lentamente, en dos años al menos. Los legisladores serán entonces corresponsables de la promesa incumplida, pero antes habrá consultas con los gobernadores. No hace falta que la consulta sea un apriete, si la alternativa es la reducción de los fondos que reciben las provincias, es de esperar un apoyo a que la modificación sea muy lenta y gradual. Se sabe que los recursos provinciales son insuficientes y que la "devolución" de coparticipación (en rigor, disminución en tres puntos porcentuales del descuento ilegal del 15% para financiar al Anses) pasó inadvertida por la caída de otros recursos, como los ya mencionados, u otros como los del Fondo Federal Solidario (Fondo de la Soja) por la disminución de las retenciones a la exportación de granos.

¿Qué van a decir entonces los gobernadores? ¿Qué instrucción le darán a sus legisladores nacionales? Seguramente los gobernadores peronistas -que son mayoría en el país- terminarán avalando a Macri en el incumplimiento de su promesa de campaña, hecha en el marco de una disputa electoral en la que el candidato de Cambiemos los derrotó a nivel nacional. Claro está que los gobernadores de Cambiemos también avalarán la medida.

Muchos votantes del justicialismo en octubre de 2015, saldrán ahora a la calle -es de suponerse- convocados por las centrales obreras a reclamar el incumplimiento respecto de Ganancias.

Esta es solo una descripción de la situación y no encierra un juicio de valor. Resulta un elemento útil, en todo caso, para ejemplificar un esquema de relaciones políticas y situaciones de gestión donde a los gobernadores, y especialmente a los peronistas como es el caso del de Entre Ríos, se les pone cada vez más complicada la situación para construir esquemas electorales.

Se requiere de una precisión milimétrica para elaborar un discurso de campaña capaz de cuestionar al macrismo (sino cómo decirle a un entrerriano que apoye a los candidatos a diputados del peronismo, y no a los de Cambiemos) pero a la vez dejar en claro el espíritu de cooperación con el gobierno nacional, y alejar a la vez cualquier vestigio de kirchnerismo (proceso al que Bordet considera una etapa superada, como otros de los miembros de la segunda renovación peronista).

Ayer iba a realizarse en Feliciano un encuentro de concejales peronistas que se presentaba también como el inicio de la estrategia del oficialismo provincial con vistas a las elecciones del año próximo. Finalmente se suspendió por razones de agenda del gobernador. Hubiera sido interesante ver cómo comienza a plantearse ese complicado discurso electoral.

Otro dato que agrega complejidad es que hoy al peronismo enterriano lo conduce Bordet, y nadie, o casi nadie, pone en duda la necesidad del gobernador de priorizar la gestión al armado electoral. No parece haber riesgo de cisma para las legislativas, ni acechanzas a su conducción.

Que ningún dirigente peronista le recuerde a Bordet que hizo campaña con Cristina Fernández y Daniel Scioli, no significa que la gente lo haya olvidado. Por el contrario, parece más probable que lo ciudadanos, al igual que esos dirigentes, entiendan que debe priorizar su gestión.

En este contexto, con el ministro del Interior Rogelio Frigerio como principal referente opositor patrullando la provincia; y a la vez, principal aliado en el gobierno nacional, la campaña se vislumbra complicada.

El perfil de los candidatos peronistas debe ser a la vez de opositores y en sintonía con el gobierno provincial. Nada sencillo, encima habrá ofertas peronistas con quienes están en el massismo (de no mediar una alianza) y también hay peronistas que están en Cambiemos.

Y si bien la alternativa hoy no aprecia en superficie, no hay que descartar una variante reivindicatoria del kirchnerismo.

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