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Miércoles 15 de Junio de 2016

“No fue magia”, dijo José López

Dudas. ¿Era posible que la expresidenta no conociera el accionar de funcionarios como López? ¿Hablará  ante el juez? ¿Cuál será el efecto político de situaciones de corrupción en el justicialismo?

Carlos Matteoda / De la Redacción de UNO
cmatteoda@uno.com.ar


La realidad supera a la ficción. López tenía que esconder la plata, mucha plata, tal vez porque le habían avisado de un improbable allanamiento en la causa por enriquecimiento ilícito que lo involucra; o simplemente porque tenía que esconderla. No vaya a ser que se la roben.

Las monjas viejas y sordas, o viejas  y  temerosas, no le abrieron a las 5 de la mañana y decidió tirar los bolsos por arriba del tapial. Tenía en esos bolsos una suma al menos 65 veces superior a su última declaraciones jurada de bienes, por 2 millones de pesos. Tal vez iba a enterrar los millones verdes, o meterlos en un techo en construcción. Alguien lo vio y llamó a la Policía. Justo cayeron dos insobornables y todo terminó como se sabe.

Está claro que no importa si fue exactamente así, o si lo venían siguiendo, o si a Lopecito lo vendieron. La montaña de dólares mal habidos en poder del tipo que manejó la obra pública durante más de una década es una imagen inapelable, que no solo ‘habla por sí sola’, sino que además le transfiere verosimilitud a cualquier otra denuncia que exista o que se vaya a formular referida al manejo de fondos por parte del kirchnerismo.

Sin afán de caer en una repetición de obviedades, hay preguntas que al común de los ciudadanos vuelven a presentársele y la respuesta es cada vez más evidente. ¿Podía la expresidenta Cristina Fernández no conocer la situación?

Si a las licitaciones las ganaban siempre los mismos, si había un mecanismo para que ganaran siempre los que cotizaban más caro. Y si, encima, muchas de las obras ni siquiera se comenzaron, era difícil no darse cuenta.

Hace unos días el empresario entrerriano de la construcción Víctor  Pietroboni contó algunos mecanismos de la obra pública durante el gobierno anterior “...nosotros no teníamos ninguna posibilidad de presentarnos en licitaciones donde él competía porque recibíamos llamados de las primeras autoridades, desde la Secretaría de Obras Pública de la Nación, por indicación de la señora presidenta, de que no podíamos molestar en las obras donde se presentaba Lázaro Báez”, dijo. 

Además señaló a López: “Él era el que estaba con estas obras y con diálogo directo con la Presidencia. Esas obras además tenían un sobreprecio y por encima de eso les certificaban obras no ejecutadas. Hacían 50.000 metros cúbicos de terraplén y les pagaban 200.000”, indicó, entre varias otras frases esclarecedoras.

¿Era posible no darse cuenta si además, casi como un requisito para haber sido funcionario histórico del kirchnerismo, estos personajes debían  comenzar desde muy abajo,  y  terminaban con fortunas incalculables?

La frase “balas que pican cerca” se repitió ayer hasta el cansancio en muchos  análisis  periodísticos, y es cierta, en alusión a la situación de la expresidenta. ¿Qué puede llegar a decir ante el juez una persona que actúa de esta manera? ¿Será capaz de mantener códigos o intentará, de cualquier manera, mejorar su situación judicial? ¿Involucrará a Cristina o mantendrá silencio?

Amargo desencanto para millones de argentinos que entendieron, y entienden, que el modelo político llevado adelante por el kirchnerismo permitió mejorar la vida de muchas personas y garantizar derechos que estaban vulnerados. Para algunos parece que el objetivo era otro, muy distinto, totalmente opuesto. 

La pregunta es hasta cuándo se podrá decir que se trató de casos puntuales y no de un mecanismo diseñado  para robar en nombre de la política.

Las derivaciones de la detención de López  son incalculables y no alcanza con borrar las fotos del Facebook que muchos tenían junto al funcionario caído en desgracia.

Y no alcanza con lamentar que estos hechos resten espacio periodístico y tal vez también consideración política a la inflación y los tarifazos. Las fotos de la montaña de dólares robados es más elocuente.

Ni siquiera parece muy serio preguntarse hoy cómo puede ser que un funcionario robe y esconda tanta guita y lo descubran de casualidad, pese a que lo investigaban de desde 2008. 

O preguntarse si este hecho resume la matriz del comportamiento corrupto de la dirigencia política argentina, producto de una sociedad donde cualquiera puede convertirse en López o en Lázaro Báez.

Ayer se publicó que López compartió con Cristina Fernández un acto por el Día del Camino, y que al cortar la cinta inaugural de una obra se permitió parafrasear a la entonces presidenta señalando: “No fue magia”.

Está claro López, que no fue magia. La duda de siempre, la gran duda, es si algún día conoceremos la verdad completa de lo ocurrido. Por ahora, muchos le prenden velas a San José López para que, si habla, no los salpique.

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