A Fondo
Miércoles 04 de Mayo de 2016

No es tan difícil

Vanesa Erbes / De la Redacción de UNO
verbes@uno.com.ar


A veces me quejo de lo sobreprotectores que fueron mis padres en muchos sentidos. Una de las cosas que más anhelaba en mi niñez, y que tenía expresamente prohibida, era sacar la cabeza por la ventanilla del auto y que el viento me despeine, como alguna vez vi en alguna película. Tan fuerte quedó anclada la restricción en mi memoria que hoy no logro entender a los padres que conceden ese permiso y me siento molesta y en riesgo cuando veo a algún chico de corta edad asomarse de este modo en un vehículo en movimiento, o sacar un brazo. 

Este fin de semana una joven de 18 años perdió la vida en un hecho como este: sacó la cabeza por la ventanilla del auto en el que iba y fue decapitada por un camión. De qué manera fue posible y cuáles fueron las variables que intervinieron en el hecho, serán cuestiones que deberán dilucidar los peritos. Pero sin dudas que la imprudencia juega un rol fundamental en la mayoría de los accidentes. Y decir imprudencia muchas veces es un acto de generosidad: desidia o negligencia serían tal vez términos más correctos.

Cuando se intentan analizar los motivos por los que los conductores, y en varios casos los acompañantes, no respetan las normas y tampoco su propia vida ni la del prójimo, se habla de falta de educación y de que “somos hijos del rigor”. Dos cosas ciertas. Y es entonces responsabilidad de quien tiene la potestad de controlar, aplicar las sanciones correspondientes a quien no acata las reglas. Como lo están haciendo ahora distintas áreas de la Municipalidad de Paraná, que en conjunto con la Policía de Entre Ríos, emprendieron un nuevo operativo el fin de semana en la zona de boliches y secuestraron 13 vehículos por no cumplir las normativas; ocho de ellos fueron retenidos porque sus conductores manejaban alcoholizados. 

El viejo slogan “si bebe, no conduzca”, tiene un sentido: “El alcohol es un tóxico depresor del sistema nervioso. Un solo vaso de vino, cerveza, whisky, disminuye la capacidad de conducción, ya que embota los sentidos, altera la percepción y disminuye la capacidad de atención y se alargan los tiempos de reacción”, indican desde la Asociación Civil Luchemos por la Vida.

El deseo de muchos ciudadanos es que los controles sean permanentes. A fines de 2014 las autoridades municipales de entonces impusieron con firmeza controles de tránsito que lograron que quienes no estaban en regla tramitaran el carné, el seguro, se pusieran casco, o utilizaran el cinturón de seguridad, según el caso, con resultados alentadores. Guillermo Grieve, uno de los más férreos luchadores por crear conciencia sobre el uso del casco y el respeto por las reglas de tránsito, hace años se toma el trabajo de hacer estadísticas y de difundir cuántos accidentes y muertes por año se registran por no llevar este dispositivo de protección al momento de un choque o una caída. Los hechos le dieron la razón: con mayores controles hubo menos decesos e incluso disminuyeron los incidentes. Lamentablemente, en setiembre del año pasado el médico, a cargo del área de Terapia Intensiva del hospital San Martín, reveló que el uso del casco disminuyó del 90% al 60%. 

Por eso, bienvenidos los operativos que realiza nuevamente el Municipio. Ojalá con ellos se alcance el objetivo de que no haya ningún conductor que maneje en estado de ebriedad y ningún motociclista que transite sin casco, por citar algunos ejemplos. Y sobre todo, que no haya más muertes evitables. Que se cumplan las reglas que se hicieron para mejorar la vida del conjunto de la sociedad no es un imposible: hay ciudades donde se puede observar fehacientemente que es factible, y nadie pierde el tiempo en poner excusas. 

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