A Fondo
Domingo 31 de Enero de 2016

No entender la emergencia

Marcelo Comas / De la Redacción de UNO
mcomas@uno.com.ar


Ya en los primeros días de noviembre el río Paraná comenzó a dar sus primeras señales de cambio, que una creciente extraordinaria estaba por llegar. Bastaba revisar los pronósticos para darse cuenta que el fenómeno climático de El Niño venía para quedarse y con él el consecuente aumento de precipitaciones en la cuenca superior. El gigante marrón irrumpió con toda su fuerza, en especial a partir de la segunda quincena de diciembre y arribó a su marca máxima en vísperas de las Fiestas. Como suele ocurrir, los primeros damnificados fueron los vecinos del borde costero, entre ellos los barrios Los Arenales, Puerto Sánchez y Bajada Grande. Pero en el corredor ribereño también los clubes sufrieron el avance del agua sobre sus instalaciones, con piletas, churrasqueras, cantinas que fueron rápidamente desapareciendo y expuestas ante tamaño fenómeno natural. La entidad más afectada resultó el Club de Pescadores y Náutico Paraná, porque si bien el Estudiantes y el Rowing debieron suspender sus actividades en sus subsedes de la costa, sus socios pueden todavía acceder a sus otras sedes repartidas en otros puntos de la ciudad. El Pescadores quedó tapado por el agua, de punta a punta, en el comienzo de la temporada, una emergencia de magnitud que no es desconocida tanto por dirigentes como por la familia societaria del club de avenida Laurencena. 

No va a ser la primera inundación ni la última que esta comunidad deba afrontar, pero lo cierto es que el agua también trajo una increíble falta de solidaridad de algunos socios, de no entender el momento que se está viviendo. Muchos de ellos pusieron el grito en el cielo porque pagaron su derecho de pileta y no podrán disfrutar de las instalaciones,  generando un clima de tensión innecesario. Es totalmente entendible que ese dinero es fruto del esfuerzo diario y que se invierte en recreación. ¿Pero se toma conciencia de que la retirada del río no será de un día para otro y que los daños materiales que dejará la creciente serán de magnitud? Entiendo que a veces se deben medir las palabras y acompañar con acciones positivas, atento a que después vendrá la etapa de la reconstrucción. Los que a través de las redes sociales hicieron duras críticas, son los mismos que pusieron objeciones por los convenios que hizo la entidad con el Club Echagüe, Pucará y el Náutico para utilizar sus instalaciones. Al parecer tampoco se tiene en cuenta que la dirigencia tiene que seguir pagando al personal los sueldos, aguinaldo, vacaciones, cargas sociales y los gastos fijos corrientes, entre otras obligaciones. Esto quiere decir que como institución sin fines de lucro debe afrontar el drama de una inundación, pero que en definitiva se sostiene por los socios con el pago de su cuota. La mejor forma de ayudar es entender que se asiste a un momento excepcional y de emergencia, y que el club se reconstruye entre todos. 

De lado de los socios se reclama y con razón nuevas obras y mantener lo que ya está hecho, mientras que del sector dirigencial muestran con orgullo el trabajo silencioso que merece ser reconocido. Seguramente que la falta de una mejor comunicación entre la  comisión directiva y los asociados hizo que ciertas cuestiones se prestaran  para la confusión. La naturaleza golpeó donde más duele, pero en este caso se trata solamente de daños materiales y solo con la solidaridad de todos se podrá volver a empezar. La rica historia deportiva del  Club de Pescadores así lo merece.


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