Ovacion
Domingo 22 de Mayo de 2016

Niños diamante, la llave a un mundo posible

El sóftbol de Patronato se instaló en una de las zonas más carenciadas de Paraná. Decenas de chicos y chicas en situaciones de vulnerabilidad extrema se acercan a aprender el deporte. Un aporte al ideal de dar brindar oportunidades para construir estructuras sociales más justas y equitativas.

De la redacción de UNO
Por Paula Eder
peder@uno.com.ar

Apenas un año después de ganar las primeras elecciones multirraciales de Sudáfrica, y cinco después de salir de la cárcel luego de tres décadas de encierro, Nelson Mandela, inauguraba Copa del Mundo de Rugby con una de sus frases más elocuentes en favor de la inclusión y la igualdad: “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de unir a la gente como pocas cosas lo tienen. Tiene más capacidad que los gobiernos para derribar barreras sociales.”
Veinte años después, hay quienes siguen creyendo en la vieja fórmula de la mano dura y los paredones. Mientras algunos ven en niños humildes a un enemigo a combatir, están los otros, los que confían en que dar oportunidades puede ser la clave para transformar el mundo en un lugar mejor, donde deporte, familia y comunidad se articulen para mejorar la posición aquellos que parten de una situación de desventaja. 


Se derrama un solazo otoñal en la siesta paranaense. Un imparable de Brandon, lo lleva sin escalas al plato del home, y ahí lo esperan para festejar sus compañeros, desordenados, casi a la mitad de la corredera. Además de perfilarse como un gran bateador, Brandon sueña con abrir los juegos desde el círculo del pitcher, por eso insiste contra el alambrado a molinetazos con una pelotita de tenis que hace lo que quiere -por ahora-.
Atrás de las columnas de humo y el arroyo, entrando por la calle que atraviesa las instalaciones del Complejo Social del Túnel Subfluvial, está el nuevo diamante de softbol de Patronato, donde todos los martes y jueves una veintena chicos de entre 4 y 13 años se reúnen aprender el deporte de los bates. Hubo una época no muy lejana en la que sóftbol del Club Atlético Patronato (CAP) competía en el torneo oficial de la Asociación Paranaense de Sóftbol (APS) con planteles en todas las categorías existentes. Sin embargo, hacia 2013 la planilla de jugadores rojinegros se vio reducida al plantel de primera división. Sobre el resurgir de las categorías inferiores, UNO dialogó con Manuel Godoy, actual manager. “Empezó todo hace tres años, cuando la APS puso como condición para seguir jugando en primera, tener inferiores. Ahí Tucho Motroni me pidió que arrancara yo. Hicimos panfletos, avisamos por todos lados y el primer día -no me olvido más- eran solo dos chicos: mis sobrinos”-


Sin embargo fue la inclusión de los chicos del barrio lo que le dio un giro a la historia. La mitad del equipo proviene de los asentamientos constituidos alrededor del arroyo Las Viejas, en lo que podría considerarse uno de los sectores más marginados y olvidados de la ciudad. “De a poco se empezaron a acercar, este lugar era un poco suyo porque ellos viven en la zona. Al principio se sumaron dos, tres, cuatro, cuando nos dimos cuenta entre los nuestros y entre los chicos del barrio fuimos casi treinta”.



Manuel, como casi toda su familia, juega al sóftbol desde antes que pueda recordarlo. Junto a su compañero de equipo, Simón Righelato, hace casi dos años que llevan adelante un proyecto que se compromete con el futuro de una decena de niños y niñas en situaciones de extrema vulnerabilidad. Lejos del parcializado mundo de los resultados, la iniciativa asume un rol social y una condición solidaria que lo convierte en un integrante de la comunidad donde están insertos. No es poco. Y el potencial, infinito.


El softbol se instaló en el barrio como una alternativa de vida diferente a la que, por el contexto en el que les toca crecer, parecen estar destinados. “Algunos padres están en contacto, otros tienen a los padres presos. Llegan a caballo, lo atan en el árbol y se meten a jugar. Uno de los chicos, los fines de semana a veces se pasa la noche cuidando autos con sus hermanos mayores, pero igual vienen a jugar”, cuenta Righelato. 

Ahora, la necesidad inmediata es diseñar estrategias que promuevan la permanencia en el equipo, y es una tarea a largo plazo. “Nuestra ambición por ahora es retenerlos. Poder generar herramientas para seguir brindándoles este espacio y que no dejen; pero que si lo hacen, cuando crezcan, cuando sean adolescentes y la cosa se ponga más difícil, tengan otras herramientas para enfrentar la realidad y puedan tomar mejores decisiones”, continúa el mánager. El deporte que incluye e iguala oportunidades, contribuye al ideal de construir estructuras sociales más justas y equitativas.
Volver a las bases. El deporte amateur, que no vende minutos de televisión, ni zapatillas, ni yogures con cereales, vive de la voluntad de quienes lo practican, sin embargo muchas veces, la voluntad no alcanza. A pesar de ser uno de los clubes pioneros en la disciplina y contar entre sus filas con algunos de los mejores jugadores del país y el mundo, el sóftbol rojinegro hasta ahora no tenía campo de juego propio. Después de gestionarlo durante años, llegó. Se trata un terreno de dos hectáreas cedido al CAP por el Túnel Subfluvial, lentamente empieza a tomar forma a través del trabajo de los de siempre.
“Los chicos están ansiosos por la cancha, ellos jugaban a la pelota ahí y ahora ven cómo se va transformando en lo que puede llegar a ser un estadio de softbol y están muy ilusionados. Nos satisface es que lo sienten como algo suyo, eso nos genera buenas expectativas con respecto a la continuidad, por eso lo ideal es que Club nos de una mano en este sentido”, explica Godoy.
A través del padre Grella, el CAP nació como un club de barrio cuyo objetivo era contener a los chicos a través del deporte y la catequesis. Pero con el tiempo, la institución fue creciendo alrededor del fútbol, hasta llegar a una asimetría absurda, pero que refleja la decadencia de muchos clubes de barrio: mientras algunos jugadores ganan cientos de miles de pesos por ponerse la camiseta, otros llegan al campo de juego a caballo y con la panza vacía. “Cada vez que llueve y crece el arroyo, pierden todo, así que vienen a jugar descalzos”, relatan algunas madres. 
“Literalmente se desesperan por la camiseta, nos la piden por favor para llevársela y mostrarla, porque no les creen que juegan al sóftbol en Patronato. Ese entusiasmo es nuestro motor”, cuenta el mánager, cuya tarea es absolutamente ad honorem, ya que el arancel que recibe de parte de la subcomisión se destina íntegramente a cubrir necesidades del equipo. Acá el juego no es solo la posibilidad de mejorar una técnica y obtener resultados, sino más bien la posibilidad de forjar una identidad colectiva, un sentimiento de pertenencia y de orgullo.

El jugador número 10
Los padres juegan un rol fundamental: se ocupan de que todos los jugadores lleguen a los partidos, tengan la ropa de juego y que, además, se vuelvan a su casa con la panza llena. “Dentro y fuera de la cancha son todos iguales, no hay diferencias. Por eso esto un aprendizaje mutuo. Vienen de realidades distintas, pero entre ellos se vinculan en un plano de igualdad absoluta”, dice Flavia, una de las madres que acompaña al equipo. 
“Nosotros nos encargamos de buscarlos, de solucionar los almuerzos y las meriendas en los torneos, que a veces son todo el día. Pero la dificultad mayor es el traslado, porque son muchos y muchas veces no entran todos, pero tampoco podemos dejarlos”, explica Antonella.
La inflación y los aumentos complican el panorama. Torneo, fichaje, seguro. Participar de cualquier actividad deportiva oficial implica un gasto económico que cada día se vuelve más difícil enfrentar. Solamente el fichaje en la APS cuesta 400 pesos por jugador, por eso actualmente se encuentra activa una venta de bonos contribución para ayudar a cubrir gastos y tienen previstas actividades durante el año con el mismo sentido. 
La práctica va a terminar con una lluvia de caramelos. “Además del sóftbol, tratamos de enseñarles otras cosas. Trabajamos inculcando el respeto, la comunicación entre ellos, ser compañeros, compartir. Yo les digo que el equipo es una familia, que siempre tienen que cuidarse entre ellos. Tratamos de que todos, se sientan especiales y que sepan que siempre se pueden superar.” 


> Donaciones
Necesitan zapatillas y ropa de invierno. Quienes quieran colaborar pueden contactarse a través de su página de Facebook o acercarse a la cancha los martes y los jueves, de 3 a 5 de la tarde.


 

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