Día del Niño
Domingo 21 de Agosto de 2016

Niños bajo arresto domiciliario

Fueron los juguetes tecnológicos quienes los apresaron. Lejos quedaron los juegos tradicionales, al aire libre, pareciera que son demasiado salvajes para los tiempos asépticos que corren.
Muchos de los niños actuales ya no juegan a la escondida, a la mancha, no se pelan las rodillas aprendiendo a andar en patines o en bicicleta, no trepan árboles, no juegan al gallito ciego, no hacen formas de barro, no juegan a la rayuela, al yo-yo, nunca compitieron en una carrera de embolsados, no saltan a la cuerda, tampoco al elástico ni a las bolitas. No se permiten ni les permiten ensuciarse. Son nativos digitales. Durante sus momentos de ocio sus intereses pasan por permanecer el mayor tiempo posible en el mundo multipantalla. Es admirable la rapidez con la que aprenden a manejar un móvil o una tablet, y la fluidez con la que manejan las bases para atrapar a un Pokémon.
No se puede dejar de reconocer los avances tecnológicos. Aún así, al verlos inmóviles frente a sus pantallas, completamente ajenos al mundo exterior, me preguntó en qué momento se cortó el traspaso de generación en generación de los juegos tradicionales, al aire libre y en grupo.
Juegos en grupo que tiempo atrás surgían en forma espontánea, hoy en muchos de los casos fracasan ya en el primer intento. Coordinar, aceptar reglas, discutir, aceptar que otro ganó y que en su defecto él o ella perdió insume un esfuerzo para nada comparable con sentarse a mirar televisión en un sillón mullido, porque en la pantalla los desafíos, las frustraciones, los momentos de tensión y adrenalina los viven los personajes.
El juego es un aspecto esencial para el desarrollo motor, social y afectivo de niños y niñas, permite el intercambio de experiencias, fomenta la creatividad y las competencias sociales y emocionales.
Los chicos que basan sus juegos en la tecnología no interactúan con la familia, o lo hacen mucho menos, no se conocen con otros niños. No se mueven del asiento y aquí aparece una cuestión muy preocupante porque el sedentarismo es enemigo de la salud, tampoco aprenden sobre el medio a través del contacto directo, a través de experiencias reales.
Las nuevas generaciones de padres aún nos divertimos con juguetes y juegos tradicionales, pero tenemos claro que las nuevas tecnologías llaman más la atención de nuestros hijos. A veces por comodidad o por la tranquilidad de que están en casa, ante el temor de que corran riesgos fuera de ella, nos vencemos ante los dispositivos que los mantienen entretenidos. Cualquier razón es valedera; pero también cierto es que se puede tratar de excusas.
Hoy, en un nuevo Día del Niño podemos darle a los chicos nuevas opciones, que no manipulen drones, sino que remonten barriletes, que jueguen juegos que generen lazos de amistad y, porqué no, que les permitan conectarse de una forma más afectiva y distendida a nivel familiar. Un cambio saludable como para hacer un aporte revolucionario desde otro lugar a los tiempos que corren.

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