La Provincia
Jueves 24 de Marzo de 2016

Nicolás Passarella, una militancia desde el arte

A mediados de los 70 fue testigo y crítico de los años de horror. La dictadura hacía estragos y el sufrimiento llegaba a las casas de los seres queridos del artista 

De la redacción de UNO
Por Luciana Actis | lactis@uno.com.ar

Históricamente, se ha dado la discusión filosófica del arte por el arte versus el arte comprometido. “Autónomas son la belleza y el arte. Solo autónomamente se debe buscar la belleza y su inspiración, y el no aislamiento de la sociedad o enredarse en pegotes morales”, decía Théophile Gautier, abanderado del esteticismo del siglo XIX. En la vereda contraria, el gran León Tolstoi señalaba: “El arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres. Toda obra de arte pone en relación al hombre a quien se dirige con el que la produjo, y con todos los hombres que simultánea, anterior o posteriormente, reciben la impresión de ella”.
Aunque los almanaques se deshojen y las corrientes artísticas nazcan, florezcan y caduquen, la discusión no ha sido del todo superada aún.
El concordiense Nicolás Passarella, artista plástico con más de cinco décadas de trayectoria, concuerda con el escritor ruso. Ante la pregunta de si el ser artista implica compromiso político y social, responde: “Seguro que sí, pero también depende del temperamento. Tengo amigos en Córdoba que son paisajistas y no se les mueve un pelo. A veces son inconscientes, otras son reaccionarios y a veces solo son pintores cuya opinión va al margen de la pintura. En mi caso, en los últimos años estaba tratando de adecuar mi lenguaje a una forma de crítica positiva, si es que eso es posible, no es nada fácil ese tema. Habría que revisar en el siglo pasado lo que pasó con el futurismo, que fue un movimiento artístico que apoyó fuertemente al fascismo desde el principio, qué pasó con el constructivismo y la Unión Soviética, qué pasó en América con el muralismo. Es decir, hay una crítica pero también hay un apoyo a un sector determinado y ese lenguaje es difícil de instrumentar”.
A sus palabras las avala su vasta obra, gran parte de la cual aborda una temática que 40 años después sigue encontrando detractores y hasta ha sido tildada de “curro”: la Memoria, la Verdad y la Justicia. En 2012 inauguró en el Museo Provincial de Bellas Artes Pedro E. Martínez la muestra Obras sin punto ni final, que retrata la oscura etapa que vivió nuestro país desde 1976 a 1983 con la particular visión del artista concordiense a modo de un emotivo homenaje a las Madres de Plaza de Mayo. Asimismo, en 2014, en la intersección de Salta y Damián P. Garat de Concordia, donde fue secuestrado en 1976 el militante Julio Solaga, Passarella inauguró un mural donde celebra la vida de este joven desaparecido cuyo único delito había sido soñar con un país más igualitario.
“El arte moderno europeo que tanto nos ha influido a todos, más que nada el expresionismo y el surrealismo, que tienen pautas marcadas por la guerra y el psicoanálisis. No hay que olvidar tampoco que el dadá nació con la guerra de 1914, cuando pierde sentido hasta la palabra. La mecánica, el modo de expresión de esos movimientos generalmente es crítico, es peyorativo, y ese mecanismo nos ha influido mucho a nosotros en Latinoamérica. Ahora es difícil pararse desde un lugar a hacer arte y poder decir ‘yo estoy conforme con lo que está pasando’ sin ser un alcahuete vulgar y silvestre. Ese es uno de mis conflictos, es por eso que estaba tratando de establecer ese lenguaje, hice un mural, algunas esculturas. Pero ahora, con este gobierno es difícil, porque estamos en la misma situación de los años 70, en la contradicción, en la violencia desde el poder, en la mentira”, sostiene Passarella, quien no tiene ningún prurito a la hora de referirse a la actual conducción del país.

Tiempos violentos
A mediados de los 70, Passarella fue testigo y crítico de los años de horror. La dictadura cívico - militar hacía estragos a gran escala, pero el sufrimiento y el horror llegaban a la puerta de las casa de los seres queridos del artista plástico, quien fue amigo del detenido y desaparecido concordiense Alberto Noailles.
Sin embargo –sostiene–, no fue víctima directa de la brutal violencia de las botas y los fusiles: “Las restricciones más violentas, tal como pasa ahora mismo, la sufrieron aquellos que tenían una mayor difusión. Al poder lo que le molesta es la difusión de las cosas que pasan, por esos fueron víctimas tantos periodistas y escritores, personas cuya obra se difundía inmediatamente y podía tener influencia sobre el pueblo. En el caso mío, mi ámbito de actuación ha sido bastante restringido dentro de la provincia, especialmente siendo de una ciudad que ni siquiera es capital provincial. Sí, uno se podía crear algunas enemistades cercanas o sufrir alguna persecución, como cuando mandé obras a salones en Buenos Aires y me rechazaron sin explicación, por los temas que yo pintaba. Pero tuve los problemas que tenía la mayoría del pueblo: ser revisado, ser bajado de los colectivos y demorado, tener que presentar constantemente el DNI, ser pasible de sospechas por el hecho de venir del ámbito de la cultura”.
En este sentido, Passarella sostiene que la obra de arte puede ser grande o tratar un tema importante, pero no tiene un efecto inmediato: “Pasaba con la obra de Bacon, o mucho antes con Goya, que eran tipos que trabajaban sobre lo que sucedía en su entorno social, y encontraron un lenguaje para expresar lo que pasaba pero no fueron víctimas de la violencia. Algunas persecuciones o restricciones, Goya fue sospechoso porque formaba parte del grupo de los ilustrados, pero la represión violenta la sufrió la clase trabajadora”.
En aquellos tiempos violentos, Passarella conformó un grupo con artistas de Paraná, Nogoyá y Concordia que estaban comprometidos con lo que sucedía, entre los que figuraban Walter Grand y Amanda Mayor. Sin embargo, y como mencionó en otras entrevistas, no tuvo más militancia que la pintura.
“Mi relación estrecha con las Madres de Plaza de Mayo de Concordia surgió cuando empecé a hacer un retablo para la iglesia Nuestra Señora de Pompeya, allá hacia fines de la dictadura. En esa oportunidad, a través del párroco conocí a una mujer que hace poco falleció, Margarita Papetti, madre de Jorge Papetti, uno de los desaparecidos concordienses. Y después me fui poniendo en contacto con las otras madres y muchas veces trabajé junto a ellas”, concluye Passarella, dejando asentado que la posición de los esteticistas no es determinante ni definitiva. 

Descendientes de “El Eternauta” 
En 2013, Nicolás Passarella entregó un cuadro de Estela Oesterheld –la hija de Héctor Oesterheld– a los nietos del historietista desaparecido.  Fue en una muestra que expuso en la Biblioteca del Congreso Nacional.
Al respecto, relata: “La conocí a Estela muy fugazmente en 1972, cuando ella fue a visitar en Buenos Aires una comunidad donde yo vivía con mi mujer, convivíamos en un grupo comunitario. Alguien le comentó que yo era pintor, y como ella pintaba me llevó un dibujo de regalo, un acrílico acuarelado muy interesante. Cuando volví a Concordia me enteré de su desaparición, la de sus hermanas y también de su padre. Por eso me acordé que tenía ese dibujo y lo guardé celosamente en un caño de plástico. Años después lo desenrollé y lo armé para dárselo a Martín Oesterheld que es el hijo de Estela”.

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