A Fondo
Miércoles 14 de Enero de 2015

“Ni con un ramo de flores”

Luciana Actis / De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar

 

 

Días atrás, en las redes sociales se viralizó un video muy simpático en el que se ve a un grupo de niños italianos sometidos a un falso experimento social –falso porque carece de rigor científico–, en el que se les presenta a una niña y luego se llega a una conclusión simple, pero no por eso menos interesante.


En el video se pregunta a cinco nenes, de entre 7 y 11 años qué quieren ser de mayor. Después, les presentan a una chica y hablan sobre qué les gusta de ella. También se les pide que le den una caricia, y los niños –no sin vergüenza– proceden a hacerlo. Por último llega el requerimiento que los deja en offside: darle una bofetada. La cámara nos deja expectantes durante milésimas de segundos, pero la conclusión es la mejor: todos se niegan, con argumentos como “no le quiero hacer daño” o “no se pega a las chicas”. Uno de ellos recuerda un dicho: “a las chicas no hay que golpearlas, ni siquiera con una flor. Ni siquiera con un ramo de flores”, frase que dicha por él me resultó de más tierna. Esas fueron algunas de las respuestas de los pequeños tanitos que protagonizan el video Slap Her (Dale una bofetada), un clip contra la violencia hacia las mujeres producida por la web de noticias Fanpage.it.


Colgado en YouTube el 4 de enero, el clip fue visto más de 7,2 millones de veces y otras 300.000 en la web original. En el Facebook de Fanpage.it y YouTube desató una catarata de comentarios emotivos, pero también críticas, especialmente por el hecho de que la niña no dice ni palabra en todo el video y porque no se hizo también la versión contraria (niñas a las que se les solicita que golpeen a un niño) para ver el resultado.


En Fanpage.it escribieron un artículo después de experimentar la viralidad del video en el que explicaban que este tipo de reacciones también forman parte del “experimento” porque evidencia cómo se empantana cualquier debate sobre la violencia contra las mujeres. La web afirma que ninguno de los niños que participan son actores.


Lo cierto es que el video, aunque simpático, es parcial ya que las imágenes están editadas, seguramente hubo una selección previa, en el video solo aparecen niños blancos europeos de clase media, y la presencia de cámaras también condiciona a los participantes del experimento. Sin embargo, no impide a la audiencia llegar a una sana conclusión.


Lo que llamó la atención fueron las diversas reacciones de los adultos que comentaron el video; cientos de ellos, con un “sí, pero…”  intentaron de alguna manera justificar una ridícula premisa que implica que, a veces, las mujeres nos lo merecemos.


Este tipo de justificaciones son las mismas que aplican, a un nivel bastante más extremo, hombres como Cristian Pillotti, funcionario municipal marplatense, que ayer se hizo tristemente célebre por golpear brutalmente a su exnovia, Victoria Montenegro. Pillotti la abofeteó hasta desfigurarla, para luego dejarla abandonada inconsciente en la vereda de la casa de un amigo. “Me sacó de entre la gente ahorcándome, aprovechándose de sus dos metros de altura y de que me triplica en fuerza y tamaño. Me arrastró entre la gente hasta el estacionamiento y me golpeó de una forma desmedida hasta dejarme inconsciente”, escribió la joven maestra jardinera en sus redes sociales


Siguiendo la lógica que justifica la necesidad de golpear a las mujeres, quizás Victoria se arreglaba demasiado para el gusto de Pillotti, tal vez le dedicaba más tiempo al trabajo que a él, quizás había decidido continuar con su vida después de terminar la relación. Motivos que, para él y tantos otros, ameritan más que una bofetada, unos buenos golpes de puño. Si las cachetadas fueran pétalos de rosas, Pillotti le dio varios ramos.  Según su razonamiento, con justa razón.


No sé cómo cerrar estas líneas sin caer en un lugar común. Aunque la no violencia contra las mujeres debería, a esta altura, ser más común que veranear en Carlos Paz. En fin, creo que la lógica de muchos adultos es –paradójica y lamentablemente– carente de sentido. La de los niños –al menos, de los chicos del video– suena sensata. Esperemos que la conserven cuando sean grandes; se necesitan más hombres como ellos.

 

 

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