La Provincia
Martes 08 de Marzo de 2016

Mujeres que remontan fábricas y se ponen al mando de un sueño

 ‪#‎MujerUNO‬ En el Día Internacional de la Mujer te contamos la historia de una trabajadora de una empresa textil que cerró y gestó otra, en La Paz. 

Valeria Girard / De la Redacción de UNO
vgirard@uno.com.ar 


Al igual que 800 compañeros, Alicia Forastieri perdió su empleo cuando la empresa textil Ángelo Paolo, de La Paz, cerró sus puertas. Una semana más tarde iniciaron una cooperativa y recuperaron la fábrica, su trabajo y su dignidad. Sus tres hijos hoy se embarcaron en el proyecto. En el Día de la Mujer, en su historia, rendimos homenaje a las trabajadoras.

Tras 14 años confeccionando prendas en la fábrica que Ángelo Paolo tenía en La Paz, Alicia Forastieri, al igual que otros 800 obreros, perdió su trabajo. 

La oportunidad golpeó las puertas de su casa a los pocos días, ya que desde el municipio norteño impulsaron la propuesta de aprovechar el conocimiento y la capacitación de los empleados despedidos y formar una cooperativa. “Fue muy difícil pasar de operaria a tratar con los proveedores, buscar clientes, sacar cuentas, comprar máquinas. Los primeros años, económicamente no fueron del todo buenos, pero nuestro norte era nuestro trabajo, y lo sigue siendo, hacer lo que nos gusta y seguir creciendo”, dijo a UNO Alicia, actual presidenta de la cooperativa textil 3 de Febrero y una de las tres socias fundadoras que aún continúan en la fábrica.

En el Día de la Mujer, en Alicia se multiplica el homenaje a esas mujeres valientes que reflotan fábricas, que cambian la historia de un pueblo que pierde 800 puestos de trabajo y su historia misma, resurgiendo desde una fábrica que quedó trunca, para convertirla en su propio proyecto.

En los 80, Ángelo Paolo fue una de las industrias fabriles más importantes del país y estaba posicionada entre las marcas de ropa preferidas por el público de la época, por su calidad y su precio.

Diez años después, durante el furor de “lo importado” durante el menemismo, la empresa fue decayendo. Ángelo Paolo contaba con tres industrias textiles, una de estas radicada en La Paz.

Cuesta arriba

“La fábrica cerró a fines de 1996. Una semana más tarde vino un representante de la Municipalidad de La Paz para proponernos que armemos una cooperativa y a partir de ahí nos reunimos con el intendente de ese momento, José Carlos Aimone. Participó además el padre Luis Guerrico, quien nos cedía el salón parroquial para las reuniones y el, en ese entonces, senador Sergio Castrillón. Finalmente el 5 de julio de 1997 se inauguró la cooperativa textil 3 de Febrero, ubicada en un edificio municipal en la calle homónima al 540, frente al museo”, dijo.

A partir de gestiones lograron una primera venta: 12.000 camisas para la Policía de Entre Ríos. El pago fue por adelantado y con ese dinero pudieron adquirir máquinas y telas para la confección del encargo. “Durante esos seis primeros meses cobrábamos un plan Trabajar y con eso nos manteníamos mientras conseguíamos nuevos clientes. Fue muy difícil esa primera etapa, teníamos experiencia nula en todo lo que implicaba la adquisición de los materiales y también en el hacer contacto con los posibles compradores, de pronto de operaria pasé a hablar con proveedores, a reunirme con clientes, fue un gran desafío y un cambio grande”, recordó Alicia.

La cooperativa arrancó con 110 asociados  y 10 socias fundadoras. De esas primeras 10 socias fundadoras hoy solo quedan tres: Marina Ramírez, Angélica Hermosid y Alicia, que hoy es la presidenta de la cooperativa.

Actualmente trabajan en la 3 de Febrero unas 60 personas. Se dedican a la confección de camisas para hombres y niños. “Nos llega el rollo de tela y acá hacemos todo el proceso, se corta, confecciona, se hace control de calidad, luego se plancha y empaqueta para enviar al cliente listo para comercializar. Proveemos a clientes de Buenos Aires y Córdoba, que a su vez distribuyen a todo el país”, relató la cooperativista. Entre las firmas se encuentra Kevingston, Narrow, Bando y Newman.

A corto plazo tienen un nuevo objetivo, y es confeccionar shorts de baño. “Hay mucho mercado y poca gente que los confeccione, así que en dos meses nos lanzamos con eso”, explicó.

Hijos y colegas  

Alicia Forastieri tiene tres hijos, hoy de 27, 28 y 30 años, pero que al momento del cierre de la fábrica de Ángelo Paolo en La Paz, iban a la escuela Primaria.

“Los tres estudiaron carreras universitarias con lo que le pudimos dar gracias a la cooperativa y a nuestro esfuerzo. Mi hija menor es kinesióloga y en cuanto a los dos mayores, a uno le faltan cinco materias para recibirse de abogado y al otro siete para obtener el título de médico. En 2012, cuando quedé viuda, ellos decidieron dejar todo y ayudarme a continuar la cooperativa, así que hoy el emprendimiento es el sustento de mi casa y la de mis hijos”, expresó orgullosa.

En la cooperativa no solo trabaja gente de La Paz, también por cercanía llegan desde Santa Elena. “Siempre es más difícil estar al frente de un grupo cuando sos mujer, hay aún mucho machismo. Pero una se va abriendo camino, los errores son siempre enseñanzas”, consideró.

No son solo mujeres las que trabajan en la cooperativa. Hay un gran porcentaje de padres de familia que aprendieron el oficio.

Hoy todo es anécdota, en pleno desarrollo y crecimiento del emprendimiento, pero Alicia aún recuerda aquellos años en que el proyecto se ponía en marcha. “Apenas juntábamos un poco de dinero viajaba a Buenos Aires con la plata en un bolso y lo invertíamos en máquinas de coser, de hacer ojales, de pegar botones. Hoy el proceso es mucho más rápido, las máquinas son automáticas, es mucho más fácil”, contó.

Experiencia positiva

Bajo la marca Ángelo Paolo, la industria textil en La Paz, fundada en 1977, fue una de las más importantes del país y se había posicionado entre las primeras marcas con sello argentino y en preferencia de los compradores. Fabricaba ropa al mayoreo para hombres y niños.

Pero en la década menemista, con la apertura indiscriminada de las importaciones, Ángelo Paolo comenzó a perder clientela frente a una competencia que no le permitía disputar en costos, lo que llevó a la caída en la producción. Con un balance negativo en las cuentas, la planta cerró y despidió a su personal. Ante esa situación, los obreros conformaron la cooperativa con la que actualmente confeccionan camisas para reconocidas y costosas marcas, en una de las primeras experiencias de “fábricas recuperadas” en el país.

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