La Provincia
Domingo 08 de Febrero de 2015

Mitos y verdades del espionaje e inteligencia en Entre Ríos

La Policía de Entre Ríos tiene personal que investiga delitos bajo directivas de la Justicia. A las escuchas telefónicas las hace la SIDE en Santa Fe. La tecnología aporta para el espionaje ilegal

La muerte del fiscal Alberto Nisman, la posterior disolución de la Secretaría de Inteligencia y la aparición en escena del espía Antonio “Jaime” Stiuso, reavivó el tema del espionaje.


La Secretaría de Inteligencia de Estado tiene (o tenía) una delegación en Santa Fe dedicada al espionaje en las provincias del Noreste argentino, entre ellas Entre Ríos. La Policía de esta provincia afirma que no existen agentes secretos dedicados a tal fin, sino que cuenta con una dirección cuyo personal trabaja bajo órdenes de la Justicia, para reunir pruebas para las causas penales: Inteligencia Criminal.

 

Peritan datos de celulares, computadoras y el cruce de llamadas telefónicas. Y también hay otra área que es la Dirección de Inteligencia, cuyo fin es recabar información, tanto en oficinas como en la calle, para colaborar en investigaciones sobre narcotráfico, trata de personas o las bandas delictivas.


Por otro lado, hay espías que trabajan de manera particular con experiencia e instrumentos necesarios para recabar información de personas o empresas para sus clientes. Admiten que hay una importante demanda de espionaje, tanto para cuestiones personales como empresariales, pero el oficio está en caída debido a que disminuyó la capacidad de pago de la gente.


Sin embargo, la sombra de los espías sigue vigente: en el ámbito político y sindical casi todos evitan hablar por teléfono de temas importantes y desactivan los celulares en las reuniones. Paranoia o realidad, muchos consideran que sigue siendo una práctica común y así eligen prevenir. Sucede también que con el avance vertiginoso de la tecnología hay una gran facilidad para acceder a programas que permiten pinchar teléfonos, cuentas de correo electrónico o de redes sociales. Aunque esto es ilegal, es muy difícil que una víctima pueda advertirlo.

 

 

La vigilancia de bandas delictivas

 

El director de Inteligencia Criminal de la Policía, Carlos Catena, explicó que su área se dedica a realizar pericias sobre celulares y computadoras secuestradas, y averiguar todo acerca del entrecruzamiento de llamadas telefónicas: el contacto entre diferentes líneas, los mensajes de texto y la desgrabación de las escuchas. Pero afirmó que la fuerza no cuenta con los aparatos que existen en el mercado para interceder en las líneas, sino que todo se solicita a las empresas prestatarias de los servicios de telefonía, oficio judicial mediante. “Todo lo trabajamos con las prestatarias, la Justicia nos da la información de los teléfonos, los IP (número de identificación de computadoras), los correos electrónicos, y nosotros nos manejamos con los servidores y prestatarios”, dijo Catena.


Es decir que son las empresas las que concentran toda la información acerca de la titularidad de un celular, las comunicaciones entre líneas y la ubicación geográfica de los mismos, las cuales tienen la obligación de suministrarla si un juez la solicita. “Nosotros elaboramos y procesamos la información y se la enviamos a la Justicia”, dijo el comisario y agregó que este tipo de trabajos se realiza principalmente con causas por pedofilia, amenazas, defraudaciones, que requieren pericias informáticas para la obtención de pruebas.
Respecto de las escuchas telefónicas, Catena dijo que “lo hace la SIDE con asiento en Santa Fe, con orden judicial”. En esta ciudad está la delegación que abarca el NEA y en Rosario está la central telefónica para la pinchadura de teléfonos. Las grabaciones son enviadas a Paraná, donde las conversaciones se pasan al registro escrito.


Por último, Catena afirmó: “No trabajamos con agentes encubiertos”. La Policía investiga en la calle, saca fotos y graba videos con autorización judicial, cuyo material es luego analizado y valorado por fiscales y jueces.


El director de Inteligencia de la Policía, Julio Brumatti, dijo que esta dirección “se dedica exclusivamente a recolectar todos los datos necesarios para colaborar con Inteligencia Criminal, con Toxicología y con Investigaciones. Lo que hacemos es reunir datos de narcotráfico, trata de personas, de las bandas delictivas, y se las pasamos a estas tres direcciones que trabajan en forma directa con los fiscales”. Además, informó que cuentan con la tecnología y software necesarios para recolectar información de teléfonos celulares y computadoras.


Lo más parecido a un espía con que cuenta la Policía son aquellas personas que trabajan vigilando movimientos de sospechosos y averiguando datos sobre sus posibles actividades ilegales: “Tenemos gente que trabaja en la calle que va recolectando información de las bandas delictivas”, dijo Brumatti y explicó que el objetivo de esto es “adelantarnos un poco para que no sucedan hechos, o sucedido el hecho tener información para acercar a los investigadores”.


El director policial negó que existan agentes infiltrados en organizaciones delictivas, por un lado porque en Entre Ríos tal nivel de bandas no existe, “sino las banditas formadas por ejemplo de gente de Santa Fe o Córdoba que trabajan con gente de Paraná, que han sido los últimos casos conocidos”. Y por otro porque es una tarea que está en el límite de lo legal.


El control institucional de las tareas de inteligencia por parte de agentes del Estado parece ser una cuestión fundamental. En Entre Ríos las mismas están bajo la órbita judicial. A la disolución de la SIDE y el proyecto de una Agencia Federal de Inteligencia se llegó luego de la muerte del fiscal de la causa AMIA, que hizo pública una situación de internas entre agentes que respondieron a diferentes intereses, pero nunca a los del país.

 

Viejos y nuevos espías


Un investigador privado que ofrece sus servicios en Entre Ríos, trabaja hace más de 40 años en tal profesión, contó que “por los costos no se encargan trabajos como antes”. Si bien los precios varían de acuerdo al trabajo solicitado, es muy relativo lo que a cada cliente pueda parecerle caro o barato. “Hay muchas consultas, pero no encargan trabajo como antes”, explicó el detective, que recibe demandas tanto por problemas familiares y de pareja como de empresas que quieren averiguar la situación de un empleado o por el robo de cereales o combustible.


Además, el hombre dijo que hoy hay mucho acceso a la tecnología y hay gente que se dedica por ejemplo a intervenir teléfonos, que no son investigadores sino especialistas en informática, pero tal proceder es ilegal.


Expertos en informática han demostrado que con elementos que están en el mercado se puede interceptar el tráfico entre teléfonos celulares. Aunque el servicio 3G es más seguro que el 2G y el ya antiguo GSM, hoy con algo de dinero cualquiera puede ser un espía.

 

 

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