A Fondo
Lunes 20 de Abril de 2015

Ministerio: a 50 años del subcampeonato nacional de clubes

El club Ministerio de Obras Públicas de Paraná tuvo una destacada actuación en el Campeonato Argentino de Clubes Campeones, en Buenos Aires, en el año 1965

Carlos Saboldelli / Especial para UNO
csaboldelli@hotmail.com


En el año 1965 los desafíos eran más rigurosos. Identifiquemos aún la inexistencia del túnel subfluvial, y el natural aislamiento al cual la provincia de Entre Ríos y la ciudad de Paraná se exponían en su devenir.

En eso andaban las lides futbolísticas cuando una invitación proveniente del Olimpo de Buenos Aires llamaba a la competencia como si fueran las trompetas de las glorias Olímpicas: un campeonato argentino de clubes campeones.

Por ese entonces, lejos estaba el ya desaparecido Campeonato Nacional de Fútbol donde participaban los equipos del Torneo Metropolitano más los clasificados del interior (campeonato jugado entre 1967 y 1985), y lo cierto es que los grandes nombres, las proezas y las conquistas épicas eran seguidas por los entrerrianos desde muy lejos, apartados por los ríos y a través de las novedades de los diarios y la piedad de las transmisiones por radio.

Pero así las cosas, por aquel año el equipo campeón de la Liga Paranaense era nada menos que el poderoso Club Ministerio de Obras Públicas, el CATMOP, los Albiverdes, portuarios y otros apelativos con los que se lo recuerda y nombra.

Después de una campaña impecable e implacable en el torneo local, se avecinaba un desafío de tono mayúsculo: competir en Buenos Aires ante equipos de todo el país, por una copa que significaba nada menos que la cúspide del fútbol.

El Torneo Confraternidad lo organizaba el Club Boca Juniors, y se disputaría directamente en La Bombonera durante el mes de abril, participando entre otros los equipos de Deportivo Madryn de Chubut, San Martín de Tucumán, Central Córdoba de Santiago del Estero, San Lorenzo de Vargas de La Rioja, Talleres de Jujuy, 1º de Mayo de Formosa, General Paz Juniors de Córdoba, Gimnasia y Esgrima de Mendoza, Unión de Santa Fe y otros equipos que corrieron diferente suerte en el torneo.

Imaginemos (al menos por un momento) aquellos instantes en los cuales estos campeones se disponían a las bregas, a las batallas futbolísticas, al honor de la competencia y al dulce goce de la fraternidad. Un objetivo común, un grupo de hombres determinados a demostrar sus valía en aquellas pacíficas contiendas, a cientos de kilómetros, alejados de sus entornos y afectos, en una sociedad donde los teléfonos parecían ciencia ficción y las comunicaciones más inmediatas eran telegramas postales, en un sinnúmero de desventajas y una pléyade de inconvenientes cuya apariencia era demasiada. Allí, en esa instancia, es donde pienso que afloran los liderazgos, las pasiones, el amor propio, la garra, el deseo irrefrenable, el compromiso, el impulso, la capacidad latente, el poder. Eso, y tan solo eso sin considerar las habilidades es aquello que hace de cualquiera un valeroso corazón insustituible.


La contienda

El día 5 de abril de 1965 daría comienzo aquel certamen. Por ello, la semana anterior aquellos muchachos ajustaban los detalles que podían para una preparación óptima: por cierto la mejor de todas, lo que equivale a decir sin videos, sin repeticiones, sin concentraciones, sin entrenadores de arqueros, sin pícaros alcanzapelotas, botines fabulosos, césped con textura de seda o pelota de circunferencia galáctica. Era (como siempre lo será) sencillamente FÚTBOL.

La delegación estaba compuesta por Ismael Tórtul, Carlos Saboldelli, Vicente Martínez, Armando Roldán, Guarnerger López, José C. Rivas, Felipe Fernández, Juan C. Pereyra, Juan C. Palacios, Oscar Nader, Carlos Pergiovanni, Abel O. Chávez, Miguel Sabena, José Celentano, Carlos Fernández, Armando Tórtul y Alberto Mosqueda. Presidían la delegación Benjamín Guzmán y el técnico Andrés Palacios con el utilero Miguel Chimento.

 
La lluvia. El viento

El campeonato se había jugado con las intermitencia de lluvias intensas y postergaciones frecuentes. Aún así, había avanzado aquella brega entre campeones, instando las confrontaciones de los partidos finales.

El Club Ministerio iba logrando superar diferentes instancias, usando las mismas herramientas con que había logrado que el campeonato local fuese suyo: la seguridad de sus arqueros Tórtul y Saboldelli, el instinto goleador de Celentano, el accionar conjunto y armonioso de esos hombres cuya camiseta los identificaría para siempre.

Lo cierto es que, justo en vísperas de la Semana Santa de 1965 un equipo de Paraná había sorteado todos los obstáculos y partidos impuestos en aquella Copa Argentina de Confraternidad de clubes campeones de Futbol.

Una de tarde abril el CATMOP y el club Gimnasia y Esgrima de Mendoza esperaban el inicio del partido. Como una amenaza persistente, el clima pesado en plena cancha de Boca hacía de preludio al estallido de unas nubes oscuras y pesadas. La contienda había comenzado.

Los que se acostumbran a las finales saben de esto. Aguerrido, cuidadoso, los nervios hacen de vallado a las virtudes durante ese proceso en el cual acariciar el éxito deportivo es una proeza inminente, y los partidos se juegan con la tensión propia del que desea todo. Se juegan estudiados, apretados, al límite de los nervios y las agresiones, peleados.

Así comenzó aquel juego…ambos equipos en estudio y prevención. Pero las lluvias y los climas no son parte de los acuerdos ni los convenios y resulta que a los 20 minutos de ese primer tiempo un temporal increíble se desató en la cancha del Club Boca Juniors. Se formaron lagunas en varios lugares del campo, y el viento de la tormenta levantaba el agua de la cancha casi como un oleaje marino.

Así, en esas condiciones los ánimos se extremaron y las estrategias se desvanecieron. Y así, apenas en el inicio del temporal un gol del club contrario que a los 21 minutos de esa primera parte sellaría el destino para el resto.

Es graciosos ver los jugadores intentar dominar la pelota o divisar a sus compañeros durante la lluvia; pero es conmovedor verlos luchar ante las adversidades naturales, revueltos en el barro y agudizando los ojos buscando un pase preciso, o esforzando el cuerpo al máximo de las posibilidades de un atleta.

El segundo tiempo seguía diluviando y tormentoso; y como siempre para el que gana los minutos se estiran pero para el que pierde es una agonía inconclusa. Tal esa bronca, es impotencia o esa terrible lluvia que no terminaba nunca hizo que el guardavalla Tórtul reaccionaria con una trompada a una agresión indebida. Revuelo, empujones, sangre volcánica. Lo expulsaron y Saboldelli ingresó a cuidar el arco.


Regreso a ti

El partido terminó, tal vez porque la suerte había tomado parte o porque los destinos están siempre escritos.

La delegación del Club Atlético Ministerio de Obras emprendió el regreso ese mismo día. Al siguiente, sobre el mismo Puerto que los había visto partir una multitud increíble los recibía, vitoreándolos, reconociendo el increíble esfuerzo y la poderosa entrega de sus corazones, Dice la noticia que una copa enorme y el premio que le correspondía. Para que lo más bello de todo aquello habrá sido la “extensa y bulliciosa caravana que recorrió las calles de la ciudad dando hurras, mientras recibía los aplausos del público”.

Desde aquel campeonato, 50 años han corrido… Qué cosa con el juego de los tiempos y la belleza incólume de la pasión y amistad: porque los años habrán pasado, pero la gloria todavía sigue.

 

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