Pais
Domingo 22 de Mayo de 2016

Menos que tocar con Paul


De la redacción de UNO
Por Valeria Girard
vgirard@uno.com.ar

La imagen de Leila, la niña que subió al escenario en el Estadio Único de La Plata y tocó Get Back con Paul McCartney fue, esta semana que pasó, aliento fresco ante tanta noticia negativa que copó los titulares, entre el asesinato de la nogoyaense Diana Rojas, en Puerto Madryn; las medidas de fuerza a nivel nacional por el tarifazo y el juicio a Ignacio Laporta, juzgado por su responsabilidad en el accidente en el que murió Sofía Pacco, de 19 años, y otras cuatro personas resultaron heridas.
El video en que la nena de 10 años tocó el bajo y compartió micrófono con el ex-Beatle se replicó en las redes sociales y la mayoría de los cibernautas reaccionó con comentarios positivos ante el sueño cumplido de la pequeña.
Leila es, en principio, doblemente privilegiada. No solo por compartir escenario con un ídolo indiscutible, sino también por haber podido acceder a la posibilidad de aprender a tocar un instrumento, sea de la mano de quien sea, sus padres, una academia o un club de barrio. Mirando a Leila, es imposible no pensar en los chicos incluidos en Orquestas y Coros para el Bicentenario, un programa lanzado en 2008 por el Ministerio de Educación de la Nación, que significó la creación de 139 orquestas y 149 coros en todo el país. La iniciativa, que reunió cerca de 30.000 niños y jóvenes para quienes la música abrió una nueva dimensión social y pedagógica pareció desvanecerse con la asunción de la nueva gestión nacional y, aunque por estos días, la firma de una resolución del Ministerio de Educación de la Nación, habilita la continuidad del proyecto por seis meses más, hasta diciembre de 2016, alumnos y docentes continúan navegando en un mar de incertidumbre.
Eduardo Retamar es director de la orquesta sinfónica infantil y juvenil Cunumi, con sede en el Complejo Escuela Hogar de Paraná y contó cómo la resolución llegó hace unos días para dar un poco de respiro, pero describió también que el proyecto se sostiene, más que nada, por la buena voluntad de los educadores. “Nunca se cortó la actividad, a pesar de no recibir los pagos. La Provincia ahora se hizo cargo del salario de los docentes por los meses de enero y febrero. La voluntad creo que está, pero en la práctica se hace muy difícil, porque hay demoras en el envío del dinero y es muy difícil mantenerse”, explicó.
Los chicos, en su mayoría provenientes de sectores vulnerables, van por gusto a aprender a tocar un instrumento, a cantar y seguramente muchos de sus padres se sienten maravillados por ese gesto de inclusión social y de promoción del derecho a la formación artística.
En Entre Ríos, este programa se implementó en 2011 y logró abarcar a cientos de pequeños en tres orquestas sinfónicas y cinco coros infantiles. Estos son dos agrupaciones instrumentales en Paraná y una en Concepción del Uruguay. Las manifestaciones a principio de este año y los conciertos para pedir por la continuidad del proyecto no llamaron tanto la atención de la gente y, con bajo perfil, los docentes y los chicos continuaron resistiendo.
Que un niño o una niña pueda llegar a tocar con Paul McCartney no es algo que pueda darse muchas veces pero es necesario que, como sociedad, breguemos para que los niños puedan acercarse a la música, aprender a leer partituras, acceder a conocimientos de práctica coral y a instrumentos que quizá nunca han visto, un sueño mucho menos pretencioso que tocar con Paul, pero vaya que es un lindo sueño.

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