La Provincia
Domingo 29 de Mayo de 2016

Marta, la paranaense fanática de Gilda, llegó a la pantalla grande

Tiene tatuada a su ídola y no se arrepiente de este amor.  Fue convocada para participar en la película de la cantante tropical más popular

Vanesa Erbes/De la Redacción de UNO
verbes@uno.com.ar


Marta Lescano no se arrepiente de este amor. Su pasión por la cantante Gilda nació hace casi 20 años, cuando quedó fascinada al verla cantando en vivo en un boliche que se llamaba La Pachanga, en Santa Fe. Antes la escuchaba en la radio y en un viejo cassette que sonaba en su casa a toda hora, pero ese día la emoción de presenciar un show de su ídola fue tan grande que jamás lo olvidará.

“Fue 15 días antes del accidente. Quedé muy conmocionada cuando me enteré de su muerte”, contó a UNO.

La cantante, que en realidad se llamaba Miriam Alejandra Bianchi, perdió la vida trágicamente el 7 de setiembre de 1996 cuando un camión embistió al micro donde viajaba junto a su equipo. Fue en Villa Paranacito. También fallecieron su madre Tita, su hija Mariel, tres de los músicos de la banda y el chofer del colectivo. En tanto Fabrizio, su hijo, y el productor musical y tecladista Juan Carlos Toti Giménez, sobrevivieron.

En el lugar sus fans erigieron un santuario, donde le rinden tributo, sobre todo en cada aniversario de aquel hecho. Marta no faltó nunca. Para ella es una santa y hasta le atribuye milagros. “Hace años estaba en la calle, muy mal económicamente, con mis hijas chiquitas. Le pedí tener un lugar para vivir y pronto tuve mi casa. En agradecimiento me hice el tatuaje”, dijo, en alusión a la imagen enorme con el rostro de Gilda que lleva grabada en su brazo izquierdo, muy cerca de su corazón. También formó el fanclub Las Gilderas, del que es la presidenta, y alzó un altar en el patio. Las paredes de su vivienda están ataviadas con las fotos de su ídola y le trasmitió el mismo cariño por Gilda a sus hijos, que hoy también son sus fans.
Este año, cuando se cumplan dos décadas del accidente, el 7 de setiembre, se estrenará la película sobre la vida de la cantante dirigida por Lorena Muñoz y protagonizada por Natalia Oreiro, y donde Marta participa como una extra privilegiada.

“Me llamó Lorena Muñoz porque quería que en la película estuvieran referentes de los tres fansclub históricos, porque después se formaron varios. Primero dije que sí, después me entraron los nervios y dije que no, pero al final me convenció”, relató.

“La verdad es que fue maravilloso. Fui dos veces a Buenos Aires a grabar; la primera vez era todo nuevo. Había muchos extras y me imaginé que iba a ser una más del montón, pero cuando llegué me dijeron que me iban a poner adelante del escenario y que también iba a tener un pequeña participación en la película. La segunda vez fue todo muy especial. Verla a Natalia (Oreiro) en el escenario, con el último vestido que se la vio a Gilda, y que cante el tema que ella nunca llegó a cantar fue muy emotivo. Tuvimos que filmar varias veces esa escena porque llorábamos todos”, comentó.

Además de lo que significa haber llegado a la pantalla grande y formar parte de un film que da testimonio de una de las personas que más la marcaron en su vida, asegura que cumplió el anhelo de poder compartir vivencias con personas que la conocieron. “Además, pude en parte cumplir un gran sueño que tenía, que es el de conocer a Fabrizio, su hijo, que en el momento del accidente tenía 9 años. Quiero verlo para decirlo cuánto amo a su mamá, pero él no va al set porque es muy fuerte verla a Natalia Oreiro cantando las canciones de Gilda, vestida como ella. Pero sí fue su esposa, Brenda, que un día de grabación se acercó y me preguntó si yo era la chica del tatuaje y me contó quién era. Nos abrazamos y lloramos. Me contó un montón de cosas y fue muy emocionante”, comentó Marta, sin poder evitar que las lágrimas se deslizaran por su rostro al recordar ese momento.

Una pasión que se extiende en todo el país
Cuando Marta cuenta anécdotas de los últimos 20 años en torno a su amor por Gilda, emociona a quien la escucha. Es tanta su pasión por la cantante, que hasta se le parece.
Entre las cosas que atesora con vehemencia guarda una vela azul que llevó al santuario de Gilda, durante el séptimo aniversario de su muerte, hace 13 años. “El siete es un número muy místico. Hacía siete años que había fallecido en un accidente, que fue un día siete, donde en total perdieron la vida siete personas. Puse la vela en una fogata y cuando se apagó se había formado un número siete. Todos me dijeron que con los años se iba a deformar, pero está intacta”, aseguró.
En su casa hay fotos de Gilda por todas partes, e incluso alguna vez hubo un altar tan grande que ocupaba toda una habitación. “Después remodelé la casa y armé uno más chico en el patio. Ese era gigante”, comentó.
Ahora se prepara para ir nuevamente este año al santuario en Villa Paranacito, el 7 de setiembre. En la actualidad el lugar está bajo agua, producto de la creciente que afectó a la región e inundó la zona. Tiene esperanza de poder honrar a quien la emociona con su voz cada mañana, como lo hace siempre en esa fecha y adonde lleva a sus hijos también, incluso al más chico, de 11 años. “Si todavía está bajo agua iré igual y haré mi homenaje, aunque sea en un lugar cerca, pero no puedo faltar”, dijo a UNO, dando cuenta de una pasión que no se extingue y que pudo compartir con miles de fans en la filmación de la película donde participan también los músicos de la banda original que acompañaba a Gilda en sus giras y que sobrevivieron al accidente. “Ellos también lloraron mucho y se emocionaron durante la filmación”, recordó Marta, visiblemente conmovida.

La mujer del tatuaje
Cuando filmaron una de las escenas hacía frío y quienes participaban como extras llegaron vestidos con camperas o al menos con alguna prenda de mangas largas. Alguien sabía que Marta tiene tatuado el rostro de su ídola en su brazo izquierdo y le pidió que use alguna remera sin mangas, para que se vea. “En esa escena nos mojaban y yo estaba congelada. Encima hubo que repetirla varias veces y aunque nos daban mantas y café entre una toma y otro, yo me moría de frío”, contó entre risas, rescatando las anécdotas del rodaje.

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