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Domingo 05 de Julio de 2015

Mal provecho

Valeria Girard
De la Redacción de UNO
vgirard@uno.com.ar
Repugnante, repulsivo, traumático, estos y otros términos se vienen a la mente con tan solo imaginarnos la situación de encontrar un dedo en una caja de puré de tomates. Uno puede dejar de ir a un restaurante en el que consideró que había falta de higiene. Puede tener en cuenta no comprar alimentos perecederos en la vía pública cuando se sospecha que no cuentan con los controles bromatológicos reglamentarios. Puede cambiar de verdulería porque considera que la verdura que el comerciante le vendió la última vez estaba a punto de pasarse y no llegó a consumirla o lo hizo a los apurones, condicionando su menú. Pero, qué pasa cuando se encuentra un dedo en un puré de tomate que compró en el supermercado.
Esto pasó en Santa Fe y la noticia tomó fuerte repercusión en las redes sociales. Una vecina de Santa Rosa de Calchines se llevó una desagradable sorpresa el martes pasado cuando se dispuso a cocinar para la familia y descubrió que dentro de la caja de puré de tomates que estaba usando para hacer una salsa había un objeto extraño, que asegura “parecería ser un dedo”. La mujer relató que compró el producto “el viernes pasado por la mañana (26 de junio) en un supermercado de la zona”
En marzo de 2015 un bar de Paraná fue quien estuvo bajo la lupa y la reprobación pública no se hizo esperar cuando una clienta de un bar calle Presidente Perón exhibió por Facebook una curita que había hallado en una empanada. La saga de episodios culinarios no culminó allí ya que a los pocos días empezaron a surgir otras denuncias que involucraban a establecimientos gastronómicos de la capital entrerriana. Un cliente que encontró una etiqueta de precios en una salsa criolla fue otro de los casos resonantes.
Una caja de tomate es un producto envasado que se comercializan en forma masiva. No todo el mundo está en condiciones de decidir no comprar más tomate. Desde hace años se viene promoviendo la vuelta a las huertas familiares, escolares y comunitarias. A raíz del desagradable hallazgo, automáticamente todos contemplamos la posibilidad de tener almácigos en el fondo de las viviendas y cosechar nuestro propio alimento. Aún así y aunque nuestro proyecto se concrete, no tenemos para nada solucionada la cuestión porque hay un sinnúmero de productos comestibles que están en las mismas condiciones que una caja de tomates y de pronto nos podemos encontrar mañana con una mosca en un helado, o algún objeto no deseado en una lata de gaseosa, a pesar de realizar todo tipo de estrategias para no pasar por el mal momento. 
En los días en que salió a la luz el suceso de la curita en la empanada, Pablo Basso, director del Instituto de Control de Alimentación y Bromatología habló sobre los controles, pero sobre todo de la necesidad de capacitar a los operarios que manipulan los alimentos. Destacó también la importancia de denunciar a los locales en donde se han adquirido elementos en mal estado o con algún objeto extraño, para así dar paso a las actuaciones correspondientes. 
Aunque todo el proceso se de en forma correcta y quienes sean que elaboran los productos sean sancionados, (no muchas veces sucede) aún así como consumidores nos sentimos indefensos. Aunque se decida retirar toda la partida de cajas de tomate del mercado, aún así la mujer santafesina no podrá borrarse de la mente el momento en que se sintió completamente asqueada al ver trozos de un dedo en la caja, ni tampoco la situación de tener que darle un tranquilizante a una de sus hijas que sufrió un shock al enterarse la razón de los vómitos. 
Con la salud y seguridad de los consumidores no se juega, en especial si se trata de la seguridad al consumir alimentos.

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