A Fondo
Lunes 11 de Enero de 2016

Luna de miel

Cuando un gobierno asume suele decirse que vive su luna de miel, mucho más si la nueva administración es de signo contrario a la que estaba antes. Ese tiempo suele caracterizarse por una mirada complaciente de la población, que admite que el que recién llegó tiene que adaptarse, aprender “dónde están los botones” de control, y por eso se toleran las lentitudes o impericias. Una mirada complaciente como, tal vez, tengan dos flamantes cónyuges de su media naranja durante los primeros días de casados.
“Yo voté un cambio, y capaz que dentro de un tiempo los voy a estar puteando, pero por lo menos voy a putear a otros”. Así me lo dijo un amigo y, palabras más palabras menos, lo escuché en varias oportunidades apenas había asumido Macri, cuando las únicas críticas apuntaban a su forma de bailar, y la decisión de hacerlo en el balcón de la Casa de Gobierno.
¿Cuánto dura la luna de miel de un gobierno y cuándo empieza la puteada? No lo sé; supongo, solo supongo, que depende mucho de ese gobierno, de cómo gaste el capital de la expectativa inicial y de cómo comunique o disimule lo que va haciendo.  
A un mes de haberse sentado en la Presidencia, Mauricio Macri llevó adelante algunas medidas que no fueron sorpresivas, pero tampoco populares. La devaluación del peso disminuyó en un 40% los salarios; el anuncio de las medidas económicas primero, y su concreción después, generaron más inflación de la que ya se existía; la designación de jueces de la Corte Suprema por decreto reveló un alarmante desapego a la institucionalidad que en campaña había jurado defender. Algo parecido con la intervención al Afsca, modificando leyes por decreto.
También durante este mes se inició un fuerte proceso de endeudamiento del Estado, se avanzó en la expulsión de empleados públicos bajo la consigna “son todos ñoquis” cuando en realidad no todos los echados lo son; e incluso se vio una actitud poco comprometida con los afectados por las inundaciones todavía vigentes. (De acuerdo a lo publicado, Concordia recibió hasta ahora un aporte de 2 millones de pesos del Estado nacional).
 La reciente represión a los trabajadores estatales platenses agregó otro aspecto indudablemente negativo de estos 30 días.
Hay otras medidas opinables, sobre todo en el plano económico, cuya evaluación depende en general de intereses sectoriales. 
Lo que uno se pregunta es si Macri ya agotó el crédito de su luna de miel. ¿O qué clase de luna de miel fue esta? O, si esta fue la luna de miel, ¿cómo será la convivencia diaria?
Tal vez, solo tal vez, en marzo y con el Congreso nacional funcionando, algunos aspectos del gobierno macrista sean más prolijos. O tal vez el hecho de no tener mayoría en las cámaras lo lleva a revisar algunos de sus proyectos. O tal vez por eso, a lo más duro lo está haciendo de entrada.
De lo contrario -como muchos analistas y dirigentes políticos entienden- se profundizará un proceso de cooptación de legisladores, intendentes y gobernadores de otros partidos para construir la mayoría que las urnas del 25 de octubre no le dieron.  
La experiencia política en la Argentina muestra que esa cooptación requiere, por un lado, de beneficios para los que suman al proyecto; y de indiferencia y castigo para los que no lo hacen. Las caricias o el látigo. Allí, sino antes, habrá terminado la luna de miel.

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