La Provincia
Jueves 16 de Junio de 2016

Luis necesita ayuda para poder seguir trabajando como vendedor

Rovera tiene 64 años y desde los 18 se moviliza en silla de ruedas. En agosto del año pasado lo chocaron y su medio de transporte comenzó a fallar. Tiene miedo de sufrir un nuevo accidente.

Luis Rovera necesita una ayuda de las grandes. Para empezar, está pasando mucho frío esperando por la limosna que le van dejando algunos transeúntes que se sensibilizan al verlo sentando sobre la peatonal San Martín, en la vereda del Banco Nación en el centro de Paraná. La desigualdad se potencia con el aroma de los platos que disfrutan los que ocupan las mesas del bar y de la cadena de comidas rápidas.
Luis está en la antítesis de la comida o el café caliente. Con los ojos cerrados y la cabeza cubierta, con una capucha que cubre una gorra de lana, tiene las manos tapadas con medias porque se les pegaron los dedos por la atrofia muscular. Los pies también están protegidos por capas de medias y lo único que tiene a la intemperie es la cara. Al dormitarse la piel emblanquece y la postal es más dolorosa todavía.

El hombre de 64 años tiene una bolsa de plástico blanca en el regazo con billetes y monedas que le van dejando.

“Escribí que el intendente Sergio Varisco me prometió construirme un kiosquito para poder vender la mercadería. Porque yo soy vendedor”, le explicó a UNO.

Aseguró que antes de que se cumplieran los 10 días, esperó que el intendente llegue al estacionamiento de la Municipalidad para recordarle lo que prometió pero nadie lo atendió.

Rovera sufrió un accidente en agosto del año pasado. Un remís lo chocó cuando estaba parado frente a la iglesia adventista de las Cinco Esquinas. Realizó todos los trámites pero todavía no consiguió que el seguro le pague lo que solicitó.

Aquellas vez, los arreglos de la silla eléctrica demandaban una inversión de 60.000 pesos. Hoy su medio de transporte anda mal y tiene miedo de que le falle, en la calle, camino a su casa de Racedo y Feliciano.

Mientras se las arregla para juntar dinero, pasando frío, espera que alguien se acerque y lo ayude de verdad.

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