La Provincia
Sábado 21 de Noviembre de 2015

Lucha para atenderse en Paraná con los médicos que la salvaron

Patricia Marino padeció un tumor hace cinco años y el Iosper la obliga a hacerse controles en Rosario por falta de un convenio local.

Hace cinco años, Patricia Marino recibió una noticia que le cambió la vida drásticamente: una resonancia magnética reveló que padecía un tumor en el nervio óptico derecho y un quiasma óptico con expansión a la base del cerebro e hipófisis. 
Previamente había ido a una consulta médica con un especialista, derivada por un clínico, porque padecía dolores de cabeza y percibía que paulatinamente iba perdiendo la visión, pero jamás imaginó semejante diagnóstico. Sin dudarlo, decidió someterse a una cirugía de alta complejidad y teniendo posibilidad de hacerlo en otros lugares, incluso en Estados Unidos, optó por quedarse en Paraná y eligió que la operara el neurocirujano Daniel Amato, que fue quien la atendió, junto a su equipo. 
En ese entonces, ante el estupor de saber que tenía que entrar a un quirófano, la lucha paralela para que su obra social le brindara toda la cobertura que necesitaba se convirtió en parte de su cotidianeidad.
Ya desde un principio, según contó Patricia, el Instituto de Obra Social de la Provincia de Entre Ríos (Iosper) comenzó a imponer objeciones para autorizarle la resonancia magnética. “Me decían que no tenía hechos estudios previos y por eso no me la podían autorizar, cuando en realidad me pidieron la resonancia porque es el estudio más preciso para confirmar si tenía un aneurisma o un tumor, que eran las sospechas del médico ya desde la primera consulta”, explicó a UNO, y agregó: “Para mí era imposible pagar por mi cuenta la resonancia magnética, porque cuesta un dineral. La obra social me lo tenía que cubrir, porque estoy pagando Iosper a través del descuento de mi sueldo de docente jubilada”. 
Finalmente logró la firma que le permitía realizarla. “En mi caso por fin conseguí que me la autoricen, pero hay mucha gente que hoy en día pasa por una situación similar, pero no se anima a decirlo”, aseguró.
Tras la operación fue recuperando la salud, luego de un arduo trabajo de los médicos y de su fuerza de voluntad para continuar el tratamiento para reponerse. 
Sin embargo, en la actualidad, su descontento con la prestadora de salud continúa, ya que todos los años tiene que realizarse nuevos estudios para verificar cómo está su salud, y el Iosper le impone que debe atenderse ahora con especialistas de Rosario o Buenos Aires, y no en Paraná, con los doctores en quienes tiene depositada su confianza porque le salvaron la vida. “Hoy en día no tienen convenio con los neurólogos de acá. Y para seguir atendiéndome con ellos, con la persona que me diagnosticó y me operó y que conoce mi caso desde hace cinco años, tengo que pagar una consulta, que debe costar alrededor de 400 pesos. Si no, tengo que ir a Rosario, donde la obra social de la provincia sí me cubre, pero yo quiero seguir atendiéndome en mi ciudad”, afirmó.
La decisión de Patricia tiene sus fundamentos, más allá de su confianza en los profesionales de la salud, y según explicó, el hecho de tener que viajar a hacerse una resonancia a otra ciudad, a otra provincia, implica ciertos riesgos. “Si me da una convulsión no tengo cobertura. Y si me pasa algo no sé si llego hasta Rosario o Buenos Aires”, confió por último.
Enfrentar las adversidades
Patricia Marino pasó por una operación que significaba un gran riesgo y salió adelante. Asegura que no tiene miedo a nada ni a nadie. “La vida me hizo fuerte y con la capacidad de dar la cara cuando se trata de defender la verdad”, aseguró, a la vez que reclamó que el titular del Iosper, Fernando Cañete, nunca la recibió para que pueda explicarle su situación y darle una respuesta. “Solo pude contactarme con sus secretarios”, dijo con decepción.
A la espera de que se renueve un acuerdo
El martes se reunió la nueva comisión directiva de la Asociación Entrerriana de Neurología y Neurocirugía, presidida por José Fernández, con Andrea Gogniat, gerente de Prestaciones Médicas del Iosper.
El encuentro entre la entidad que agrupa a los médicos neurólogos y la referente de la obra social fue para tratar de llegar a un acuerdo que permita restablecer las prestaciones a los afiliados. 
El convenio con estos especialistas está cortado desde hace 16 meses, desde julio de 2014, cuando la Asociación tomó la decisión de cortar el servicio a la obra social. “A lo largo de ese año se realizaron reuniones para tratar de establecer algún tipo de acuerdo y políticas que nos permitan aunar criterios, pero no hubo acuerdo y nos preocupamos y ocupamos en resolver la patología de los afiliados que requerían tratamientos”, había expresado Fernando Cañete, presidente del Directorio de Iosper, en alusión a este tema, explicando que la obra social hizo un “gran esfuerzo” por restablecer los servicios de los profesionales agrupados en esta asociación, tratando de resolver las negociaciones. “Hay un problema arancelario de diferencia de valores que el Iosper no puede asumir”, sostuvo.
Para resolver la situación generada por la falta de prestación de este servicio, fue que se definió derivar a los afiliados a centros de mayor complejidad, en Santa Fe, Buenos Aires o Rosario.
Aunque no se llegó todavía a una propuesta económica, las partes se mostraron dispuestas a resolver la situación.
“En la medida en que haya voluntad de parte de los neurocirujanos el Iosper hará todos los esfuerzos para poder arribar a un acuerdo”, concluyó Cañete.
Síntomas de un tumor cerebral
Si bien se desconocen las causas que originan los tumores cerebrales, existen determinados factores de riesgo que predisponen a sufrir la enfermedad, como la genética, los cromosomas, traumatismos, radiaciones o ciertos virus, entre otros, se explica en el sitio www.dmedicina.com.
Sus manifestaciones suelen aparecer de forma brusca y rápida. Los síntomas varían en función de la zona que afecten. Pueden comenzar con crisis epilépticas o con signos comunes a otras patologías, como lentitud de pensamiento, falta de concentración y cambios del carácter o del comportamiento. Además, hay manifestaciones secundarias que aparecer como consecuencia del aumento de la presión intracraneal, como dolor de cabeza o vómitos.
 

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