Espectaculos
Jueves 23 de Julio de 2015

Lucero Villalba, un artista en deconstrucción permanente

El artista radicado en Santa Fe expondrá mañana sus series Sancti Spiritu. Será  en la galería GAP 18

Luciana Actis / De la Redacción de UNO
lactis@uno.com.ar


Lucero Villalba Hagelstange es un artista peculiar, como su nombre. Desde su tierna infancia, su vida transcurrió en lugares dispares, viajando desde Argentina a Alemania y viceversa. A pesar de su sangre teutona, por su vena artística fluyen colores latinoamericanos.

Mañana, a las 20, inaugurará su muestra Sancti Spiritu, una particular mirada de la belleza femenina a través de la deconstrucción de lo figurativo.

La cita será en la galería de arte GAP 18, sita en Alameda de la Federación 355. Cabe destacar que  dicho lugar es la materialización espacial de la asociación civil sin fines de lucro GAP 18, cuyo propósito es traer artistas de otras provincias a la capital entrerriana y, a su vez, llevar arte a espacios no convencionales de la ciudad.  

La muestra de Villalba Hagelstange –radicado en Santa Fe– se enmarca en ese proyecto. Escenario dialogó con el artista.

–¿De qué trata Sancti Spiritu?
–Son mujeres con un contenido sacro, son mujeres santas. La idea era pintar algo del colorido latinoamericano, la belleza de la mujer, y que tuviera ese encanto, que sirviera para algo más místico, más espiritual, no solamente el encanto físico.

–Sos una persona que ha viajado mucho. ¿Cómo influye eso en tu obra?
–Eso siempre te enriquece, el tratar con diferentes universos hace que tengas un rango mayor de aptitud para definir qué sería la idea de belleza, comparando uno puede también relacionar las cosas mejor que quedándote en un solo lugar y viendo solo un aspecto de las cosas. Desde lo cultural, lo religioso, desde la construcción de una idea de belleza artística.

–¿Cómo se compone la muestra?
–Hay más obras que todavía están en montaje. Son dos series, y dos obras individuales que se sumarán a esta muestra: una mirada sobre la Ofelia de Shakespeare, el personaje de la obra Hamlet; y La Mujer de la Perla, que es una recreación de la obra de Fermege, no una copia directa porque está tomada de otra modelo.

–¿Es la primera vez que exponés en Paraná?
–Hace unos años, cuando recién vine a vivir a Santa Fe, hice una muestra en Paraná, en 2007. Estaba vinculada también a lo latinoamericano, más que nada con la gastronomía antigua y los rituales sobre lo que es la antropofagia ritual. Y yo venía un poco inspirado en eso por la zona en la que había estado viviendo, que era el Paraguay. Ahora mi trabajo está enfocado en esta idea de género femenino.

–Siempre hay un proceso de investigación detrás de tu trabajo.
–La investigación es permanente. En este caso, tiene que ver con una conjunción de muchas cosas: si me tengo que referir a la cuestión técnica, pictórica, al enfoque plástico, me remito a los pintores prerrafaelistas, y por darle un contenido latinoamericano, podría decirse que es un prerrafaelismo latinoamericano contemporáneo. Porque la idea de los rostros está más definida, después el resto se va deshaciendo, deconstruyendo, y esa es la idea de mi obra. Que haya cierta abstracción que no haya una primera y única lectura, la abstracción permite que puedas ver una obra y encontrar más cosas que cuando la obra es totalmente figurativa, que queda encriptada y estática. La idea es dinamizarla con ese deshacer la obra.

–¿Cómo es eso?
–La obra nunca se completa, por más figurativa que la hagas; siempre se puede seguir construyéndola, porque uno no está nunca terminado como persona. Quizás la vuelvo a ver dentro de un mes y me pongo a pensar ‘quizás le hubiera hecho tal cosa, o le hubiera puesta tal otra’. La obra no se termina nunca. Cuando la obra es muy figurativa queda rígido, lo que me da la posibilidad de abordarla siempre es esa deconstrucción que yo le hago y le dejo. Cuando está muy construida, la deshago. La raspo, la chorreo, le elimino el realismo que no me termina  de convencer. También siempre está en construcción lo que uno dice sobre su muestra. Porque en cada reportaje uno va sumando cosas nuevas. Y eso está bueno, porque el hablar sobre mi obra me ayuda a repensarla constantemente. Mostrar la obra también es bueno, porque la mirada de la gente te suma cosas. Por eso para un artista es tan especial la instancia de la exposición; es un acto realizado entre todos.

Sobre el artista nómade

Lucero Villalba Hagelstange  nació en Buenos Aires en 1962. Su infancia y adolescencia las transcurrió alternando estadías en Argentina, Alemania y Paraguay junto a su familia. 

También viajó solo a Río de Janeiro para vivir en un estado de pura bohemia. 

Ya de regreso a Buenos Aires trabajó de mozo y tornero, y hasta reparó televisores. 

Promediando su adolescencia se descubrió en el arte pictórico y aprendió técnicas en varios talleres y lugares, como en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.

Su búsqueda lo llevó a vivir a la vecina ciudad de Santa Fe en 2007. 

Su obra retrata, fundamentalmente, a los pueblos latinoamericanos; pero como artista, Hagelstange tiene una particularidad: él convivió en los lugares más inhóspitos de Sudamérica con las culturas originarias que luego retrató en sus cuadros.

Lucero Villalba Hagelstange comenzó desde hace unos años un viaje –y aquí vale como metáfora y también literalmente– expresivo y vivencial hacia lo que él mismo, de manera genérica, denominó como la América secreta. América secreta es la búsqueda de las huellas del derrotero genuinamente americano en el espacio y en el tiempo. 

 

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