A Fondo
Lunes 01 de Junio de 2015

Los talentos siguen siendo de este lado

Sebastián Gálligo / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


El sábado se jugará la Final de la Liga de Campeones. Para el mundo futbolístico es la definición más importante luego de la final del Mundial. Millones y millones correrán por el césped de Berlín y el mundo posará sus ojos en el partido más importante del año. Las grandes estrellas llegan a la definición del Torneo más cotizado de todos a nivel clubes. Otra vez se pondrán en evidencia y entrarán las comparaciones sobre la cultura europea y la sudamericana. Y escucharemos y leeremos cientos de opiniones resaltando el respeto, el orden y un montón de situaciones más en detrimento de los espectáculos en Sudamérica. Y tal vez un poco de razón tengan. Ahora bien, el espectáculo propiamente dicho lo venden los protagonistas y las marquesinas de Berlín muestran a Lionel Messi y Carlos Tevez. Los ídolos de Barcelona y Juventus. Y más atrás bien pueden aparecer Neymar y Luis Suárez. Dos argentinos, un brasileño y un uruguayo.

Entonces. ¿Qué pasaría si los cuatro fantásticos estuvieran jugando en su continente? Cómo se vendería al mundo la final de la Copa Libertadores. Es evidente que el fútbol sudamericano con todas sus falencias y miserias organizativas sigue siendo el más poderoso del mundo. Sus figuras desparramadas por el Viejo Continente seducidas por la diferencia económica nos privan de exhibirlo como lo que verdaderamente es. ¿Quién no pagaría una entrada para ver a estos genios? Y en consecuencia, ¿cómo se verían los estadios de este lado del mundo si Messi, Neymar, Tevez, Suárez, James por citar uno más jugaran en Argentina, Uruguay, Brasil o Colombia? Si bien es cierto que en algún momento lo hicieron, a excepción del rosarino, se fueron muy pronto. Apenas si se los vio. La mayor parte de la carrera la hicieron allá.

Y los registros son solo televisivos. Alguno los habrá visto esporádicamente en una eliminatoria o Copa América. No es lo mismo. El mundo se paralizará el sábado cuando empiece a rodar la pelota. Europa infla el pecho una vez más por su partido de lujo. Y Sudamérica pone el talento, el potrero, la magia y lo más brillante del espectáculo. 
 

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