Hoy por Hoy
Sábado 08 de Octubre de 2016

Los que sí luchan y hacen algo contra las drogas

Hay varias hipótesis sobre la muerte del padre Juan Viroche, el sacerdote de 46 años que estaba a cargo de la iglesia Sagrado Corazón, en Ingenio La Florida, provincia de Tucumán, y al que encontraron ahorcado en el predio de su parroquia.
Lo primero que se destacó tras este lamentable hecho fue su compromiso en la lucha contra el avance de las drogas en la zona. Había denunciado esta situación y el accionar de grupos delictivos y sufrió las consecuencias. Lo hostigaron con diversos robos y expuso que fue amenazado en reiteradas ocasiones.
Hace menos de un mes había escrito en su muro de Facebook un mensaje que, entre otras cuestiones, exponía el crecimiento de la inseguridad, al igual que "la venta de droga y las mentiras de quienes pueden sentarse a la mesa y dialogar buscando una solución". En este contexto afirmó: "No se hacen presentes porque el interior muchas veces solo sirve para tiempo de elecciones". También señaló: "Hay millones de pesos destinados a proyectos para vivir mejor, para viviendas y fuentes de trabajo; sin embargo en varias de las escuelas de mi comunidad los niños llevan un atadito de leña para tener con qué cocinar y poder comer, y quizás sea el desayuno y el almuerzo la única comida y sabemos que si el estómago no se llena, la cabeza no responde".
En una nota publicada ayer por diario UNO el padre Mario Taborda reflejó la labor que llevan muchos sacerdotes a nivel local para revertir la triste realidad de quienes son víctimas del flagelo de la droga: además de la contención que pueden brindar a la gente en los barrios de Paraná donde están asentadas sus parroquias, un grupo de religiosos y de laicos creó un hogar para que muchos chicos sin recursos, de zonas postergadas donde la vulnerabilidad social acecha y se roba el porvenir, puedan iniciar un tratamiento gratuito y recuperarse. Desde la asociación Lázaro les proponen un proyecto de vida, que tengan sueños, anhelos, dignidad y esperanzas. Lo hacen con esfuerzo y de manera voluntaria, exclusivamente con el aporte de padrinos solidarios que colaboran y sostienen esta obra. Y es entonces cuando cabe preguntarse en qué invierte el Estado el presupuesto destinado para prevenir y revertir la realidad de las personas que sufren adicciones, cuáles son las políticas concretas de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) en esta materia, entre otras cuestiones. Surgen los interrogantes sobre si los consejos, observatorios y demás instancias de los organismos oficiales, plagados de retórica gastada y discursos estériles, sirven para algo o solo son funcionales a un sistema perverso. ¿O es en realidad el trabajo de quienes están en contacto cara a cara con quienes han caído en la desgracia del consumo de estupefacientes lo que genera resultados?
En medio de estas reflexiones, las palabras de Juan Viroche son contundentes: "Uno puede dar la cara y exponerse, pero lamentablemente quienes pueden hacer algo miran para otro lado", había dicho el cura que entregó su vida para que algo cambie, y ojalá así sea.

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