A Fondo
Martes 09 de Junio de 2015

Los policías y la desconfianza

Lucila Tosolino / De la Redacción de UNO
ltosolino@uno.com.ar


Se sabe que la Policía es un auxiliar de la Justicia, poder del Estado que tutela y resguarda derechos y garantías de los ciudadanos, y preserva su honra y bienes. 

La Policía es mucho más, entonces, que una institución dedicada a la “represión” de los delitos y a cuidar el orden interno de las sociedades. Es la cara de la ley que conocen las personas antes de que los litigios o los ilícitos lleguen a los despachos de los jueces o al lento tránsito por los tribunales. 

La Policía es la institución más cercana a la gente. La que genera un valor central de toda sociedad civilizada: la confianza.

Me atrevo a decir que en la actualidad, la Policía nos defrauda. Numerosos acontecimientos nos llevan a veces a perder la confianza en
las fuerzas policiales y a pensar que no nos brindan la seguridad que muchas veces deberían darnos.

Tres diferentes hechos pueden servir para ejemplificar esta problemática y, así darnos cuenta de la pérdida de legitimidad de la Policía. 

Primer caso: el 8 y 9 de diciembre de 2013, 18 integrantes de la Policía de Concordia decidieron acuartelarse en reclamo de mejoras salariales, esto desencadenó en numerosos saqueos y robos a cadenas de supermercados, comercios tradicionales y distintos locales del centro de la capital del citrus. Como resultado de los desmanes, una persona falleció y otras 25 resultaron heridas. 

Segundo caso: el martes 12 de mayo, se realizó un procedimiento en la sede de la Dirección de Toxicología de la Policía de Entre Ríos, ubicada en calle Villaguay de Paraná, donde detuvieron a un oficial de la dependencia investigado por presuntos vínculos con el narcotráfico.

Tercer caso: Mariano Maciel, su primo Luis Maciel y la esposa de éste, Sofría Ifrán, reconocieron el miércoles 3 de junio, en rueda de personas, a dos efectivos de la Policía de Entre Ríos como quienes les infringieron apremios y torturas en el momento de su detención, ocurrida el 25 de mayo entre las 19.30 y las 5.30 del 26 de mayo, en la ruta 12 en inmediaciones de Villa Urquiza. El jefe y subjefe de la comisaría de la localidad de Paraná campaña, Mario Bértoli y Darío Miraglio, respectivamente, son los responsables del hecho.

Estos tres acontecimientos, por no enumerar una decena más, como mínimo, representan una realidad argentina que circula a contramano de aquella construcción ideal de sociedad democrática. Una de las fuerzas policiales del país se ve envuelta en escándalos reiterados y delitos diversos. Son más noticia por eso que por el valeroso y honesto desempeño de la mayoría de sus integrantes.

La tarea de la Policía huele a desafío. Acorralar el delito creciente, desterrar el cáncer de la inseguridad y remendar los errores de sus hombres. ¿Por qué no arreglarlos ya mismo? ¿Por qué la institución no puede hacer las cosas bien y dejar de sembrar complicidades, corrupción y escándalos para así restaurar la confianza de los ciudadanos?

 

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