La Provincia
Sábado 03 de Enero de 2015

Los Gobernadores: un barrio con impulso que crece y avanza

La zona se fue transformando por iniciativa de los vecinos que hace décadas residen en el lugar. Lejos de amedrentarse con la crisis de 2001, lograron consolidar una identidad y fortalecerse  

Vanesa Erbes/ De la Redacción de UNO

verbes@uno.com.ar

 

El barrio Los Gobernadores es uno de esos lugares de Paraná donde todavía se respeta la siesta y los gurises juegan en la calle o en la plaza.

La mayoría de los vecinos se afincó en la zona hace décadas; casi todos se conocen y se saludan al pasar. Incluso muchos de ellos crecieron entre las cuadras, que fueron mutando hasta convertirse en un espacio donde el progreso, afortunadamente, llegó para quedarse. Esto fue hace menos de 15 años. Desde entonces se avanzó con distintas obras, con paso firme y decidido.

Ya es un recuerdo la laguna que había en el lugar, que con cada lluvia se desbordaba y anegaba el barrio, pero que servía para que quienes atravesaban su infancia se bañaran y disfrutaran como si el lugar fuese una playa paradisíaca. También las tardes en que había que llenar durante horas los tanques de las casas con una manguera de más de 200 metros, trayendo agua de otras manzanas lejanas, ya que no había agua corriente.

En el lugar ya no hay rastros de las vertientes que emanaban de las calles y embarraban, irremediablemente, los pies de quienes debían transitarlas. El asfalto se inauguró finalmente en 2004. El proyecto había sido impulsado en 2000 y los vecinos debían hacerse cargo de pagar las obras, pero al año siguiente la crisis por la que atravesó la Argentina puso en jaque su ejecución. “Muchos no podíamos pagarlo, así que decidimos hacer un fondo fijo y así se pudo avanzar”, contó a UNO Vicenta Rivero, quien hace 42 años reside en la zona y hoy es una de las integrantes de la comisión vecinal que no descansa para que el barrio siga mejorando. “El asfalto y las cloacas llegaron casi juntos. Solamente faltan hoy cinco cuadras que están sin pavimentar y estamos gestionando para que el municipio atienda este pedido”, señaló por su parte el presidente de la vecinal, Pablo Molina.

Justamente fue en ese contexto de crisis donde nacieron los trueques en Paraná, en la plaza Alemania, ubicada en el corazón del barrio: la plaza Alemania fue el escenario donde unas cuatro personas comenzaron a instalar sus puestos para poder intercambiar algún objeto en desuso por un plato de comida. Según Molina, era una alternativa para conseguir alimentos, ya que mucha gente pasaba hambre en esa época. “Había quienes llegaban a cambiar incluso un electrodoméstico o un mueble por comida porque no tenía opción. Dejaban sus heladeras, sus televisores, y no les importaba porque en esos años llevar algo a su mesa era más importante”, aseguró.

“Nos levantábamos a las 5 de la mañana para armar la estructura y había una señora que venía cerca del mediodía con los baldes de 10 litros cargados de buseca calentita en invierno y se armaban largas colas de personas que hacían canje para poder llevar algo a su estómago. También otros que llegaban con pescado asado”, sostuvo Molina, y recordó: “La cantidad de gente fue creciendo y tuvimos que descentralizar el trueque hacia otros barrios, porque se llegaban a juntar 4.000 personas. Venían de Villaguay, de Hernández, de Hernandarias y otras localidades. De Paraná había un grupo de empleados de Salud que entre todos juntaban para el combustible y arribaban con sus cosas para cambiarlas por algo que les sea más útil en ese contexto”.

Hoy la realidad es distinta y la plaza es el epicentro de encuentros más felices. Todos los años se organiza un festejo el 25 de Mayo, y también se celebra el Día del Niño y el Día de la Madre. Mucha gente colabora para que el barrio sea una fiesta en estos encuentros, en los que los vecinos tienen la oportunidad de compartir y mirarse a los ojos: una costumbre que está cada vez más en desuso, pero que en barrios con identidad se conserva.

 

Primeros pobladores del lugar

Hoy todas las calles llevan nombres de primeros mandatarios entrerrianos, pero antes de que el barrio sea bautizado como Los Gobernadores, hace casi medio siglo, las manzanas correspondían a Gazzano. Cuando se firmó el decreto para definirlo, estaba delimitado por las calles Hernandarias, Gobernador Parera, Prócoro Crespo y Mihura. A las nueve manzanas se agregaron tres más hace unos años, hasta calle Tibiletti, porque se formó otro loteo donde no había ningún tipo de servicios.

Históricamente el loteo pertenecía a las familias Jaquier y Meglio, y por las vertientes y lagunas era poco cotizado. “Nadie quería estos terrenos”, contó Pablo Molina. En ese marco, recordó que sus padres, Pablo Molina y María Antonia Arce, fueron los primeros en radicarse en el lugar, hace 44 años.

“El barrio estaba cercado con un alambre de púas. Se entrada por una tranquera y había una sola parte alta, donde había quintas y se sembraban distintas hortalizas. Calle Hernandarias era un caminito que llevaba a Ángeles Custodios, que en ese entonces era un instituto. Cuando llovía pasaban semanas hasta que podíamos volver a la escuela, porque se inundaba todo”, rememoró.

El asfalto, las cloacas, las luminarias más modernas y otras comodidades, fueron aportándole un valor a la zona y ahora es un barrio residencial que además tiene la virtud de ser muy seguro. “Los vecinos nos cuidamos entre nosotros y cualquier cosa rara llamamos al 911”, contó Vicenta Rivero.

Entre las instituciones con las que cuenta el barrio, está la comisaría tercera, las escuelas Las Heras, Bautista y Santa María del Rosario, el hogar Ángeles Custodios, las parroquias San Francisco de Borja y San José Obrero, el club Instituto, el centro de salud Oñativia (ex-Corrales), la biblioteca popular Caminantes, entre otras. El primer negocio del barrio fue el de Jorge Alberto Graz, que se fundó el 22 de diciembre de 1979 y hoy sigue funcionando. Aunque él se jubiló, ayuda a sus hijas en la carnicería y despensa que ya cumplió 35 años.

Con los años los hijos fueron construyendo sus casas en los mismos terrenos en los que viven sus padres y se quedaron en la zona. “Lo bueno es que esto también ayuda a que compartamos los mismos valores y el barrio tenga una identidad”, dijo Molina, y concluyó: “No puedo dejar de mencionar a las otras familias que están acá desde que un principio y que hicieron crecer el barrio: Duré, Gutiérrez, Cáceres, Barzola, Beltzer, Nieto, Rivero, Bergallo, Palavecino, De Ángelis, Godoy, Puebla, Zandomeni, Costen”.

 

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