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Miércoles 01 de Junio de 2016

"Los científicos deben ser evaluados por los puestos de trabajo que generan sus investigaciones"

Lino Barañao, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación disertó hoy, en la V Jornada de Investigación y Extensión de la Universidad de Belgrano, sobre el rol de la ciencia para contribuir al desarrollo económico y social en Argentina. 

El ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao, disertó hoy en la V Jornada de Investigación y Extensión de la Universidad de Belgrano (UB) ante un auditorio que reunió a más de 300 personas, sobre como la ciencia es capaz de contribuir al desarrollo económico y social del país.
“Tenemos que pasteurizar la ciencia argentina”, destacó, aludiendo al ejemplo del célebre químico y bacteriólogo francés, quien al mismo tiempo  logró salvar a la industria del vino de su país, con su afamado método de esterilización, sentó las bases de la microbiología moderna. “Debemos hacer ciencia básica, pero inspirada en su uso”, subrayó Barañao.
“Un investigador argentino no puede pensar como un alemán en sólo en hacer ciencia de punta”. También tiene que considerar que “la ciencia debe hacer que los ciudadanos vivan mejor”. Al respecto, añadió que “no parece razonable financiar la producción de trabajos publicados”, sino más bien que “los investigadores sean evaluados por los puestos de trabajo generados” como consecuencia de sus investigaciones.
“Los países desarrollados lograron transformar el conocimiento en riqueza, ya sea generándolo o convirtiéndolo en productos con valor de mercado. Pero esa economía del conocimiento no sólo determina la riqueza de las naciones, sino también la mayor o menor equidad en la distribución de los ingresos. Los productos ‘conocimiento-intensivos’ dependen de recursos humanos a los que las empresas les pagan lo máximo posible para que no se vayan a sus competidoras”, explicó. En ese sentido, repasó que desde su ministerio consolidaron, a partir del 2008, el salario de los investigadores y mejoraron la infraestructura de trabajo con 190.000 metros cuadrados de laboratorio construidos. También enfatizó en la repatriación de más de 1.200 científicos y en que se triplicaron los integrantes del Conicet hasta sumar 23.000 personas.
No obstante, admitió que cumplir con el mandato de contribuir al desarrollo económico y social no resultó tan sencillo. “Las culturas académica y empresarial son diferentes. El empresario busca rentabilidad y el investigador, reconocimiento de sus pares, ya que la productividad de sus papers determina su permanencia en el cargo. No son mejores unos ni otros. Sólo tienen distintos mecanismos de recompensa”, analizó.

  Por eso, señaló que el financiamiento de consorcios "público privados" es el mecanismo que, desde su óptica, mejor está funcionando. Al respecto citó las nuevas variedades vegetales desarrolladas, los novedosos sistemas de diagnóstico médico e incluso ejemplos más humildes como el de una cooperativa de Malargüe, Mendoza, que fruto de su asociación con el INTI logró montar una hilandería de lana de guanaco, un producto de gran valor en el mercado.
Barañao se refirió a un tema que lo obsesiona, según sus palabras: "El futuro del trabajo". Citó al respecto el estudio de la Universidad de Oxford que indicó, tiempo atrás, que el 47% de las tareas actuales van a desaparecer en los próximos 20 años, desplazadas por robots y computadoras. En ese sentido, sostuvo que la asignatura pendiente es del sistema educativo. “No está formando a la gente para que sea creativa, para que se haga preguntas antes que dar respuestas”, completó.

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