La Provincia
Sábado 30 de Abril de 2016

Los bares registran una caída del 30% en la venta de sus platos

Gastronómicos afirman que la inflación restringe a la recreación. Salir a comer en pareja cuesta 200 pesos en promedio, pero sin vino ni postre.

Sentarse a comer una pizza con dos gaseosas en un bar de Paraná cuesta un promedio de 200 pesos. El año pasado, con esa plata, era posible agregarle vino y postre. Hoy para alcanzar esa posibilidad se necesitan 350 pesos. El sector gastronómico afronta una situación a la que calificaron como difícil y compleja, entre otros sinónimos: en lo que va del año, disminuyó la actividad en un 30%, al menos sostienen que ese es el porcentaje en que bajó la cantidad de platos vendidos en general.
Marcelo Barsuglia es el titular de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica de Paraná y coordinador regional de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (Fehgra). Contó a UNO que la situación complicada no solo la viven los bares de Paraná y de la provincia. También apuntó: “La actividad bajó un 30%  con respecto al año pasado. Es por el contexto inflacionario que arrastramos y padecemos, más el aumento de las tarifas y de los impuestos provinciales y municipales junto a otros”, y aclaró que en este contexto donde se pierde el poder adquisitivo, lo primero que se resiente es la recreación o el simple hecho de salir a comer. 
Aníbal Raúl Warlet lleva 28 años de trabajo en uno de los bares característicos de Paraná de la esquina de 25 de Mayo y Peatonal. Es el encargado y conoce el paño. Contó que hubo varios cambios en los hábitos de los comensales y que un plato de pastas, en estas noches de frío, es lo que más sale. Después, las parejas van a lo seguro y la pizza es lo más solicitado. Con dos gaseosas, no se gasta más de 200 pesos. Pero con vino y postre, el costo asciende a 350 de piso y al parecer –y por decirlo de alguna manera– cada vez se usa menos.  
También contaron que aquellos que antes salían a comer para luego ir al cine –o viceversa– cortaron una de las posibilidades. Por eso, cada vez más, los bares incorporaron algún que otro espectáculo de música que estire un poco la noche durante los fines de semana. Esto es así porque otro de los inconvenientes es la reducción de los horarios. Warlet contó que hasta el año pasado tenían clientes desde temprano cuando abrían, pero que ahora se redujo y la gente se acerca a media mañana y luego recién al mediodía; por la noche, a la 1, a las 2 más tardar, ya no queda casi nadie cuando antes estaban abiertos hasta las 4. 
Lo que más piden quienes van a comer son los platos tradicionales que ganaron terreno frente a otras posibilidades y elaboraciones. Hernán Dreher lleva una década como mozo en otro establecimiento clásico de Paraná, en la esquina de Peatonal y Urquiza. Es joven y conoce del tema. Para clarificar la situación explicó que antes –y antes significa el año pasado– cada fin de mes comenzaba a notarse allá por el 26 o 27, pero que ahora es al 18 o al 20. Contó que desde enero comenzó a percibir esta realidad. 
Dreher también dijo que, por ejemplo, cuando se dan fines de semana largos, el primero o el segundo día es el más concurrido, pero que luego disminuye la salida porque el cliente elige una sola noche para su recreación. Al parecer, una de las claves es que el bar se mueva, que no quede quieto, vacío, que aunque sea de café en café se pueda atravesar el momento actual. 
“Las ventas se resienten”, dijo Barsuglia y contó que han tratado de acercarse a sectores del gobierno y a diputados a fin de buscar alguna alternativa y de hecho, la semana próxima mantendrán instancias en la búsqueda de alguna ayuda para el sector.  
Lo otro que ha perjudicado a los gastronómicos, además del contexto inflacionario, ha sido la inundación. Hubo, con la emergencia, la posibilidad de no pagar algunos impuestos para aquellos establecimientos que están bajo agua o que lo estuvieron, pero aseguran que si bien es un paliativo, no les alcanza. 
“El problema para el sector en la provincia no solo es la contingencia, sino también la publicidad negativa que tenemos por los medios nacionales sobre la situación de las inundaciones en el Litoral”,dijo y aclaró que el que vive en otra provincia no sabe, cuando se habla de Entre Ríos,  que no todas las ciudades están afectadas por la inundación. “Esa publicidad negativa ha influido”, reafirmó Barsuglia y contó que pudo exponer en una comisión de Diputados la situación actual del sector. “Entre la inflación y la inundación es un cóctel; como empresarios  estamos muy preocupados”, sostuvo. 
Barsuglia aclaró, además, que saben que los trabajadores de los establecimientos gastronómicos no pasan un buen momento. “Cuando la situación empeora como ahora uno tiene que tratar de resguardar la mayor cantidad de empleados. A veces se puede y otras no. Es posible disminuir las horas de trabajo, pero los costoso fijos y las cargas sociales se tienen que pagar te vaya bien o mal. Sabemos que el gobernador está muy preocupado y que no solo tiene nuestro reclamo, sino también de otros sectores de la economía que están resentidos. Uno trata de acompañar y que a los gobiernos nacional, provincial y municipal les vaya bien, y bueno, tenemos que salir a defender al sector”, remató Barsuglia. Frente a esta situación, en los bares realizan promociones, espectáculos y menús diarios para atraer a nuevos y viejos clientes. 
El fin de las entradas
Pedir una entrada en un bar, antes del plato principal es un hábito casi en desuso y así lo confirmaron en varios establecimientos gastronómicos de la ciudad. Es más, señalaron que nueve de cada 10 clientes ya no la piden. 
Esto tiene una explicación simple: un plato pequeño de fiambres cuesta lo mismo o muy parecido que un plato tradicional de pastas o minutas.
Con el aumento de los precios, muchos bares hicieron esfuerzos para sostener los costos, pero en algunos casos fue  imposible. 
Una sola milanesa de pollo en un bar de Paraná cuesta 100 pesos. Un plato elaborado de lomo cuesta  180 pesos y de pescado 165. 
Por eso, las pastas y las pizzas, –con 100 pesos por persona alcanza– avanzan en la noche en detrimento de otras elaboraciones que pierden terreno. 
Advierten que el 35% de los empleados del sector tienen sus salarios en negro 
Hugo Permayú es el titular de la Unión de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos (Uthgra) y contó a UNO que ya hubo despidos de trabajadores del sector en la provincia y explicó que si la situación no cambia la problemática se va a profundizar. “Hablamos de lo económico y lo social. Cuando los salarios caen y cuando la situación económica es difícil, lo que hace la gente es dejar de salir”, dijo. 
Sostuvo que en la capital provincial ya hubo al menos unos 20 despidos y que en muchas empresas hay amenazas con la reducción de la jornada y justo esta situación se da en el momento en que se discuten convenios colectivos de trabajo. 
Según explicó Permayú, el 35% de los empleados del sector, realiza su labor de manera informal y en la provincia son uno 12.000 los trabajadores en total. Sostuvo que las autoridades de Turismo están comprometidas en la problemática y agregó: “El problema es la crisis social en la que vivimos”. Dijo por último que hoy un salario promedio está entre los 10.000 y los 11.000 pesos. 
 

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